Las Josefinas

Los habitantes del sector Las Josefinas, San Diego, recorren largas distancias para tomar el transporte público que desde hace cuatro años no pasa por la comunidad. Las paradas se encuentran en completo abandono y aunque en reiteradas ocasiones los vecinos han solicitado ayuda de las autoridades, todavía no obtienen respuestas favorables.

Jesús Ramírez camina durante 45 minutos por calles inseguras para llegar al terminal de autobuses del Pueblo de San Diego, donde funciona la única asociación de transportistas del municipio. Sólo desde allí puede tomar una camioneta que lo lleve a la avenida principal Don Julio Centeno o hasta el Centro de Valencia.

Luiseg Bordones se ahorra la mitad del tiempo que le lleva a Ramírez tomar el autobús. En menos de 20 minutos llega al puente La Cumaca, donde puede subir a una ruta pirata hasta El Remanso para alcanzar otra unidad de transporte.

A Bordones el riesgo de la caminata le pone los nervios de punta. Tiene que mantener los sentidos bien alertas para enfrentar los posibles peligros escondidos en la maleza. “Estamos expuestos a robos y al ataque de culebras porque hay demasiado monte en los alrededores”.

“Nos tienen engañados”

Jackeline Piñero está cansada de pedir apoyo a la Alcaldía de San Diego y la Gobernación de Carabobo para reactivar las rutas de autobuses.  Como representante de la mesa transporte ante el consejo comunal de Las Josefinas, Piñero ha elaborado diversas solicitudes, pero ninguna ha sido atendida. “Nos tienen engañados. Hacemos las cartas y todas las diligencias pero pasa el tiempo y no nos soluciona nada”.

Los habitantes del sector podían trasladarse en carritos por puestos antes que se agudizara la crisis de gasolina en Carabobo. Desde entonces, los vecinos han intentado solventar la situación directamente con los transportistas que utilizan gasoil, pero ninguna unidad parece estar disponible. “Todas las camionetas que se habían comprometido con la comunidad decidieron no prestar el servicio”, comentó Bordones.

Cinco meses sin gas

La deficiencia de otros servicios públicos acrecienta el estrés en Las Josefinas, siendo el gas doméstico uno de los más requeridos. El último pedido se habría efectuado en mayo, cuando empezaba la cuarentena, pero hasta la fecha los encargados del despacho de bombonas no han explicado las razones del retraso.

José Mora improvisó en el patio de su casa un fogón a leña con una cocina vieja, instalándole un respiradero en la parte trasera. En el horno introduce la madera y así logra protegerla de la lluvia.

Las hornillas eléctricas son otra alternativa, aunque con los contantes racionamientos de luz los vecinos se arriesgan a dejar sus alimentos a medio cocer. Si los cortes son prolongados, muchas familias pasan el día entero sin comer. “Ayer llovió todo el día y no hubo luz. Tengo dos nietos pequeños y no se les pudo cocinar”, dijo Piñero con un nudo en la garganta.

“Esto ya no se aguanta”


El inconstante suministro de agua también ha sido un dolor de cabeza para los residentes, especialmente en tiempos de pandemia cuando las medidas sanitarias son tan necesarias.

Las tuberías que alimentan el sector provienen del río La Cumaca. En temporada de lluvia la presión es fuerte y el líquido vital les llega tres veces por semana, pero en sequía algunos vecinos deben pagar cisternas. “Se supone que tenemos un pozo para la época  de sequía pero la bomba se dañó. La alcaldía se la llevó para repararla pero todavía no la ha traído”.

Años atrás, cuando el suministro de agua empezó a fallar,  la compra de tanques se convirtió en la inversión más inteligente de la zona. Mauricio Pinto compró un par hace 12 años cuando su poder adquisitivo  se lo permitía. “Los compré porque la única forma de tener agua todos los días era con los tanques”.

Para Alicia Guevara vivir con tantas precariedades es insoportable. “Es el gas, el agua, la luz. Ya la comunidad no aguanta. Es demasiado agotamiento para el cuerpo”.

 




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