Las élites de Carabobo en el nivel superior de la toma de decisiones tienen historia. En el siglo XVIII unas 12 familias de terratenientes están presentes en toda la estructura de decisiones del Cabildo de Valencia, la titularidad de cuyos cargos podían ser comprados. Una misma élite controlaba la vida económica y política.

Este monopolio varió durante el siglo XIX cuando la élite regional se integra según la voluntad del estrato militar. La élite política y cultural se someten a la posesión de las armas por caudillos que se reparten o pelean el poder. Entre el primer Gobernador de ese siglo, Fernando Peñalver y el único General y doctor, Gerónimo Maldonado, que asume esa función para abrir el siglo XX, unas 100 personas ocupan ese cargo.

Durante su dictadura centralizadora, Gómez designó a 21 Gobernadores de Carabobo, 14 Generales y 7 doctores. Este predominio de militares se modifica durante la dictadura de Pérez Jiménez quien, entre 1951 y 1958, designó dos gobernadores civiles y uno militar.

1958 es un parte aguas. En Carabobo la reconquista de la democracia se inicia con cuatro nombramientos de Gobernadores. Desfilan como mandatarios fugaces figuras respetables como Julio Maldonado Peña, Francisco Ignacio Rimero y Salvador Feo La Cruz. Finalmente Maldonado Peña es nuevamente nombrado para cerrar desacuerdos. Esta inestabilidad también se manifestó en 1899 cuando Carabobo tuvo seis gobernadores.

El nombramiento a dedo del gobernador por el presidente de la República y de los Alcaldes por el gobernador es un déficit democrático. Entre 1959 y 1989 hubo 21 gobernadores de Carabobo, todas civiles. Las figuras principales en estas tres décadas son Lisandro Estopiñán (1971/74) y Oscar Celli (1985/-1988) quienes ejercieron la conducción del gobierno y de sus partidos, Copei y AD respectivamente.

El 3 de diciembre de 1990 los ciudadanos adquieren el derecho al voto y eligen a Henrique Salas Romer, artífice de una coalición de élites descentralizadoras y modernizadoras. Esta élite sustituta rebaja el peso de los partidos en la élite política y se abre hacia vecinos, pequeños y medianos empresarios, personalidades prestigiosas en determinados ámbitos y formadores de opinión.

Las élites de Carabobo pueden incluir a unas 5000 personas, un 70% de las cuales residen en Valencia. Junto a ellas hay que registrar focos informales de influencia en la pirámide del poder regional, una de cuyas figuras más visibles fue Miguel Bello a medio camino entre la política y su actividad económica. En la base de esa pirámide habría que ubicar actores de espacios más definidos por valores cívicos o satisfacción de intereses populares como los estudiantes, miembros de la sociedad civil, dirigentes de partidos minoritarios y algunos independientes influyentes. .

Esta red de relaciones conforma un sistema de conciliación entre élites que comenzó a declinar en la cercanía del siglo XXI. Pierdenconexión con la población y capacidad de resolver problemas. Dejan de ser élite en tanto carecen de una visión estratégica sobre el desarrollo económico, social y democrático del Estado Carabobo.

Las élites regionales, aún dependientes de las nacionales, enfrentan el desafío de aumentar su aporte al renacimiento de Carabobo. El marcador de este objetivo es la mejora de la situación de los sectores del sur de Valencia, lo que proporciona marcadores de legitimidad y verificación de viabilidad para superar las desigualdades regionales. .

La principal misión de las élites culturales, académicas y profesionales es formular esta esperanza como una sólida narrativa emergente y contribuir a construir ciudadanía tangible y relaciones democráticas concretas en todos los ámbitos donde la presencia del autoritarismo es débil o puede debilitarse. Es un modo específico de abrir impostergables cambios políticos con solidaridad y voluntad para generar bienes comunes.

¿Podrán encarnar esa opción las nuevas minorías que están arriba y debajo de la refutada pirámide de poder?




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