El papa León XIV lanzó este domingo un encendido llamamiento a la paz durante la misa del Domingo de Ramos. Ante decenas de miles de fieles en la Plaza de San Pedro, exhortó a las naciones a deponer las armas de inmediato.
El pontífice estadounidense fue categórico al rechazar que Dios pueda ser invocado para justificar cualquier guerra. “Dios rechaza la guerra, y a Él nadie puede utilizarlo para justificar el enfrentamiento”, proclamó con firmeza, reportó Infobae.
Durante su homilía, León XIV recordó que Jesús entró en Jerusalén como un rey de paz, sin armas ni defensa. Subrayó que en el grito de Cristo en la cruz se escucha hoy el gemido de todas las víctimas de la violencia actual.
Aunque no mencionó países específicos, sus palabras resonaron en el contexto del conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán. También hizo alusión a la prolongada invasión rusa en territorio ucraniano que persiste este 2026.
Al finalizar la misa, el papa volcó su atención hacia los cristianos de Oriente Medio. Expresó su dolor por aquellos que, debido al conflicto atroz, no pueden vivir plenamente en paz los ritos de estos días santos en sus comunidades.
La preocupación del Vaticano aumentó tras una denuncia del Patriarcado Latino de Jerusalén. Según la institución, la policía israelí impidió a los máximos responsables de la Iglesia Católica ingresar al Santo Sepulcro.
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El Patriarcado calificó el hecho como un "grave precedente" que ignora la sensibilidad de miles de millones de fieles que claman por paz. Sería la primera vez en siglos que se impide a los líderes celebrar el Domingo de Ramos en dicho lugar sagrado.
León XIV también elevó oraciones por los migrantes fallecidos en el mar y los marineros víctimas de la guerra. Recordó especialmente a quienes perdieron la vida recientemente frente a las costas de la isla de Creta.
Con esta celebración arranca la primera Semana Santa de León XIV tras su elección en mayo de 2025. El papa presidirá el tradicional viacrucis en el Coliseo romano el próximo Viernes Santo.
Como novedad en su gestión, el pontífice devolverá la misa del Jueves Santo a la basílica de San Juan de Letrán. Con esto, marca una diferencia respecto a la costumbre de su predecesor de realizarla en prisiones o centros de acogida.
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