(Foto cortesía)

Aunque le es difícil conciliar el sueño en una celda permanentemente vigilada y con amenaza de agresiones, Lorent Saleh apuesta por superar su agotamiento, porque la lucha en Venezuela, un país que se va quedando sin su capital, apenas comienza.

En una carta enviada a la redacción por su madre, Yamileth Saleh, confieza que aún agotado peleara, porque esto está comenzando. “Venezuela será un país decente y nosotros una sociedad próspera, consciente de su destino y su rumbo”.

A continuación el documento escrito por el preso político:

Esa noche era inevitable escapar de la angustia y, sobre todo, de la desesperanza. Esa noche tomé dos pastillas para dormir. Con suerte me quedaría dormido por un buen rato. Deseaba en mi corazón no despertar pronto, quedarme en un sueño distinto a la realidad.
Difícil es cerrar los ojos y descansar en una jaula vigilada por ellos. Mi yo interno atenta contra el descanso, conspira contra la tranquilidad, tiene miedo y no lo puede controlar. Está presente, latente y permanente la amenaza de que entren a la celda, nuevamente, vengan por mí, me cubran los ojos y me lleven sin saber a dónde. Entonces, las noches sólo son intervalos bruscos que se repiten una docena de veces. En la cárcel, en esta y en cualquiera del país, no se puede dormir en paz, jamás, nunca.
No tengo ventana, pero la imagino. En ella veo una Venezuela que se va quedando sin su capital, sin su gente. Ya, hace rato, que Venezuela dejó de de ser país para convertirse en algo que aún no tiene forma, ni rumbo, ni destino cierto.
No puedo esconderme de la realidad, la que me rodea, ella me hostiga, me encierra y me arroja con furia a la depresión. No puedo engañarme, no existe “un día a la vez”, todo es parte de un todo superior y continuo: la cronología de la autodestrucción de una sociedad. Somos el mañana de un país con un ayer irresponsable. Somos quienes pagamos las deudas ajenas de quienes no quisieron pensar en el futuro.
Voy, cansado, rumbo al 4to diciembre en una caja de concreto y de metal, sin libertad, sin poder ver el cielo, lejos de mi familia. En un ambiente cargado de más de 300 desgracias individuales, que hacen un colectivo sentimiento de tristeza y dolor. Preso, uno se va haciendo cada vez más parte de este lugar, de esta estructura, de esta dinámica, de este espacio. Todo lo voy viendo cada vez más lejos de mí: mis amigos, mi familia, mi libertad, mi futuro, mi país.Leo y releo al maestro Uslar Pietri y confirmo: esto no es nuevo, es la continuación evolucionada de nuestro desdén y egoísmo ciudadano. No les voy a pedir que se queden o se vayan, o que luchen si ya están cansados. Lo que sí les diré, es que aunque estoy cansado no me bajaré de este ring, no. Aunque estoy agotado pelearé, porque esto apenas comienza. Venezuela será un país decente y nosotros una sociedad próspera, consciente de su destino y su rumbo.




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