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Es sabido que los tiempos cambian, por lo tanto, es una simpleza por lo fútil recordarla con porfiada repetición. ¿Por qué, entonces, tanta machaca en esta insignificancia? Porque es la mejor manera de comprender a través de pequeños detalles el caos que vive nuestra nación. Asimismo, ¿cuál será el final del régimen  transmutado en una cruel dictadura de la peor ralea? Las tesis políticas de tiempos idos solo son útiles como referencias, pero jamás una copia al carbón de lo que vaya a ocurrir en nuestra geografía. Las posibilidades de que Maduro abandone el cargo deben estar apuntadas en pocas libretas de analistas políticos, ojo.

Por eso, es un error hacer parangones, por ejemplo, con los gobiernos de los Castro en Cuba o de Juan Domingo Perón en Argentina, para nombrar solo estos dos iconos de nuestro hemisferio; gobiernos que se han perpetuado en el poder algunas veces por sucesión. Eso no ocurrirá en un pueblo como el nuestro, que ha demostrado hasta la saciedad que quiere acabar con el dictador, “prole” incluida, para siempre. Del mismo modo con el sistema socialista infecto que por más de tres lustros se sembró entre nosotros.

Cabe hacerse las siguientes preguntas, ¿sobre cuáles bases se sostiene hoy el actual régimen? Sencillo, por el respaldo que hasta ahora le ha brindado la Fuerza Armada Bolivariana.  ¿A qué se debe ese respaldo a un gobierno repudiado por 90% de los venezolanos? Pues, al hecho de que tanto la dirigencia política democrática, como nuestros compatriotas no apoyan ninguna acción militar que vaya más allá de conminar al gobierno a que se ajuste a la Constitución, y llame de inmediato a elecciones. Bueno, también algunos asuntos de tipo crematístico pesan lo suyo.

Maduro y sus hordas están desvestidos y en plan de suplicar simpatías dentro y fuera de nuestros límites. Llama la atención cómo se esfuman las lealtades de países como Ecuador y Bolivia, que solamente se abstuvieron y no se opusieron a la reunión de cancilleres que convocará la OEA con la finalidad de tratar el tema venezolano.

La actitud de la Conferencia Episcopal Venezolana ante la invitación del gobierno para conversar sobre la constituyente comunal es una muestra de la condición enclenque de este. La CEV de una vez le recordó que ellos no están de acuerdo con tal cosa, si tenían interés de conversar los esperaban, y antes le fijaron: lugar, día y hora, que Jaua y el resto aceptaron sin chistar.

La negativa de la Fiscal General de la República, otro asunto, de ir a Miraflores para tratar sobre el mismo tema de la constituyente es una demostración de divorcio sin probabilidades de reconciliación. En su carta de rechazo ni siquiera menciona el nombre de Nicolás Maduro, el verdadero anfitrión. En otras palabras, fue fría y distante.

Las palabras “generosas” del segundo comandante de la Guardia Nacional, Giuseppe Casciopo, en reunión con un grupo de periodistas que acudió a exigir respeto a sus labores informativas, no la dejen fuera del análisis de los pequeños detalles.

Cuando un régimen no guarda ni siquiera las formas para que existan unas relaciones interpersonales positivas y beneficiosas para todos los implicados, es porque ya se encuentra en las postrimerías, preparando el equipaje para su último viaje.

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