(Cortesía)

Las acciones violentas de civiles armados contra la población son muy peligrosas, según el cardenal Baltazar Porras. El llamado que hace Nicolás Maduro a los colectivos para que defiendan la revolución es un llamado a la guerra, a la muerte, sentenció el alto prelado de la Iglesia Católica en declaraciones al portal Crónica.Uno

Monseñor Porras hizo un amplio análisis de la situación venezolana. Desde las personas mayores que entran en depresión cuando se quedan solas en el país, hasta la crisis de los servicios públicos, en especial agua y electricidad, que azota a todos los venezolanos, por la ineficiencia en su manejo.

A continuación parte de la entrevistas de Monseñor Baltazar Porras: Monseñor Baltazar Porras, cardenal de la Iglesia Católica venezolana desde 2016, arzobispo metropolitano de Mérida desde 1991 y administrador apostólico de la Arquidiócesis de Caracas desde julio de 2018, es un convencido de que la apuesta de la sociedad venezolana en este momento tiene que ser a favor de una convivencia pacífica

El cardenal rechaza las acciones violentas de civiles armados en contra de la población y sostiene que este llamado que se está haciendo a los colectivos para que defiendan la Revolución es un llamado a la guerra, es un llamado a la muerte, y aquí tenemos que trabajar es por la vida.

Monseñor, Venezuela vive una situación inédita, una profunda crisis. ¿Cómo se prepara la Iglesia para vivir esta Semana Santa 2019 en ese contexto?

—En la Iglesia, durante toda esta Cuaresma, hemos reflexionado sobre qué hacer y qué ofrecer. En primer lugar está la campaña compartir, a través de la cual llevamos adelante un seguimiento y acompañamiento en todo el país, sobre todo a las personas mayores que se han quedado solas por la migración, lo que lleva a una falta de afecto por la lejanía de los seres queridos. Esto ha provocado en muchos situaciones de depresión y, en algunos casos, conatos de suicidio.

En segundo lugar, a pesar de toda la crisis, de todas las dificultades que hay por agua, transporte, electricidad, hemos asumido no suspender ningún tipo de actividad o programa que se tiene, no solo de tipo religioso (viacrucis, procesiones) sino también de tipo social (ollas comunitarias). Aquí nos hemos encontrado con el escollo de autoridades que a veces lo han impedido. Es novedoso y curioso que en algunas zonas populares se ha amenazado a la gente que ayuda en la parroquia para la olla solidaria, por ejemplo. Hacer eso es visto como si fuese una acción en contra del Gobierno.

En tercer lugar, hemos impulsado durante esta Cuaresma una iniciativa que arrancamos en Adviento, el Centro Pastoral Monseñor Arias Blanco, para la formación en ciudadanía y en vocación cristiana.

Es decir, estamos viviendo una situación en parte inédita, pero que está marcada sobre todo por el incremento del miedo y la represión, lo que genera un sentimiento de que aquí no se puede hacer nada, de cerrase y de abandonar todo tipo de esperanza, y por eso este Centro, con el que estamos formando para tener conciencia de que las dificultades —que son reales y cuesta arriba— requieren poner muy en alto los valores de la solidaridad y de la fraternidad. Estas acciones tienen un componente de ayuda humanitaria pero también de crecimiento y de fortaleza espiritual de quienes participan y de quienes lo llevan adelante.

Usted habla de algunos episodios en los que se han impedido actividades sociales de la Iglesia en diferentes comunidades…

—Sí. Ha pasado con el tema de las ollas solidarias, con el tema de la medicina, el tema del agua… En algunos sitios no nos han dejado, siquiera, que una cisterna llegue a los depósitos de agua de una parroquia, con la cual se pueda trabajar en la elaboración de la misma comida que se hacer llegar a las personas más necesitadas de la comunidad.

Producto de toda esta crisis, ¿hay un retiro de la gente, de los creyentes, de las iglesias?

—Todo lo contrario. Toda esta situación lo que ha generado es una necesidad mayor de valores espirituales. Y esto es importante, porque ciertamente nos falta lo material, el agua, la electricidad, la comida, la medicina. Pero esto se puede sobrellevar y superar si existen unos valores: el respeto a la vida, la ayuda mutua, ocuparnos de los más vulnerables.

Se genera en las comunidades una cultura de la solidaridad, eso hay que reconocerlo. En una reunión que tuvimos los obispos el 2 de abril decíamos que en medio de la escasez, la solidaridad es uno de los gestos que aparece de un modo muy significativo. Nunca falta quien lleve una papita, unos granos, un poco de carne. Con todo esto metido en una misma olla se le puede dar de comer a mucha gente.

En este contexto de emergencia humanitaria, ¿usted puede explicarnos cuál va a ser el papel de la Iglesia Católica en el ingreso de la ayuda humanitaria anunciado por la Cruz Roja Internacional en días recientes?

—Hay varias cosas que decir sobre este punto. El hecho de que la Cruz Roja, un poco tardíamente, haya llegado con los protocolos internacionales en esta materia, y que haya logrado hablar con las distintas partes, es el reconocimiento de algo que se estaba negando de forma sistemática.

Habría que decir que hoy la ayuda humanitaria en Venezuela no es solo para los más vulnerables, sino prácticamente para toda la población, ya que la carencia de insumos para la vida diaria afecta no solo a los más débiles sino a todos los venezolanos.

El acompañamiento nuestro está en el sentido de garantizar que todo aquello que se haga, se haga con la participación exclusiva de la sociedad civil. Esto no puede ser una bandera para algún ente oficial o político. La Cruz Roja espera que se garantice la entrada de todo lo que venga, y en el proceso de distribución y de control social es donde, no solamente Caritas, sino las otras ONG, podremos actuar.

Todavía no está claro, no está definido, qué es lo que va a llegar y cuándo va a llegar. Una vez que esté, lo que hemos dicho es que si se hace de forma transparente, primero con el liderazgo de la Cruz Roja, pero después con la participación de diferentes actores sin interferencia oficial, pues podrán contar con nosotros. Si no, habrá que denunciarlo. En algunas declaraciones oficiales han querido manejarlo como un éxito del Gobierno y eso no tiene ningún sentido. Las necesidades de la gente, que van más allá de los intereses partidistas de cualquier lado, no se deben desvirtuar.

Lee la entrevista completa en: cronica.uno



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