Una vez más veo con gran preocupación que un personaje “público” se burla y hace comentarios despectivos sobre personas con capacidades distintas. Esta vez les tocó a los que tienen algún trastorno dentro del espectro autista. Del guasón envuelto en la lastimosa situación, Ernesto Paraqueima, no me sorprende nada. Ha hecho lo posible y lo imposible para llamar la atención, y lo ha logrado. Pero nunca por una obra que beneficie a la comunidad de El Tigre, ciudad de la que es alcalde, sino por situaciones burlonas y hasta degradantes de la condición humana.

Ciertamente, no puedo decir que me sorprendió. De personas como él puedo esperar cualquier cosa. Pero eso no me impide levantar mi voz de protesta y unirla a las cientos de miles que han criticado sus comentarios despectivos sobre la obra donde trabajaron personas autistas de esa ciudad, encabezada por la creadora del llamado “mural inclusivo”, Patricia Posani, en una hermosa alianza denominada #PorUnMundoMásAmable, que contó con el apoyo decidido del Rotary Guanipa y la iglesia de Nuestra Señora de Coromoto.

Es duro darse cuenta de que un líder elegido por la gente pueda ser tan insensible y faltoso en su comportamiento, sobre todo hacia una comunidad tan vulnerable, que trabajó arduamente para crear un hermoso mural que representa su creatividad y su amor por el arte. En lugar de apreciar su esfuerzo y su dedicación, Paraqueima se burló de ellos y menospreció su trabajo. Lo peor es que ni siquiera intentó justificar, explicar, mucho menos retractarse de su comportamiento o de sus comentarios hirientes.

Es inútil decirle que las personas autistas merecen el mismo respeto y consideración que cualquier otro ciudadano, porque el tipo no parece saber qué significa esa palabra. Pero el que no aprende por las buenas, la vida termina enseñándole por las malas la mayoría de las veces, como decía mi abuela. Ahora está preso, no sé hasta cuándo, pero hago votos porque pase una temporada larguita en la cárcel, eso sí, sin privilegios.

Sus palabras desconsideradas, groseras y vejatorias fueron también dolorosas para los padres, hermanos y otros familiares de los burlados. Como madre de una joven con condición diferente doy fe de cuán destrozado se puede sentir uno al escuchar ese tipo de comentarios hirientes. Es encontrarse de frente con la crueldad del mundo y sentirse lleno de impotencia, furia, dolor, angustia… Es enfrentarse por enésima vez a la ignorancia y la falta de compasión de esas personas que causan grandes dolores. Les aseguro que son experiencias desoladoras y difíciles -por no decir imposibles- de olvidar.

Como seres humanos, todos deseamos ser amados y aceptados por los demás. Con más razón quienes tienen que lidiar día a día con situaciones complicadas. Ellos son parte integral de nuestra comunidad y merecen ser valorados y apoyados en su camino hacia la inclusión y la igualdad. Todos tenemos a alguien con necesidades especiales cerca. Tal vez no una hija, como es mi caso, pero sí un primo, el hijo de unos amigos, una vecina… Y no resulta difícil ser empáticos con ellos. ¿Cómo no sentirse vejados por quien se supone es el líder de su ciudad, el que debería dar el ejemplo? ¿Acaso no es su deber abogar por los derechos de todos los ciudadanos, sobre todo los de aquellos que tienen necesidades especiales?

Sin embargo, no espero que Paraqueima reflexione sobre su comportamiento y se disculpe públicamente con las personas autistas y sus familias. Sería una sorpresa si lo hace y de ser así, siempre me quedará la sospecha de que lo hizo para recuperar su posición política. Lo que sí aplaudo es su destitución y encarcelamiento y sobre todo, la ola de ira que desataron sus palabras, porque eso demostró que seguimos siendo un pueblo empático. No necesitamos en puestos públicos personas de bajos sentimientos. Ni Paraqueima ni otros… De esos ¿para qué más?…

@cjaimesb




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