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A riesgo de parecer reiterativo insisto en que a este gobierno se la ha debido llamar, sin eufemismo alguno y desde el mismo comienzo en 99, régimen castro comunista. Sus actuaciones y ejecutorias desde el mismo comienzo iban en esa dirección.

Los documentos incautados por los organismos de inteligencia del Estado a los militares golpistas después del fracasado golpe del 4F del 92 reflejaban con claridad hacia donde conducirían el país de llegar al poder. La visita de Chávez a la Habana y su discurso en la Universidad no dejaban dudas al respecto.

Fidel Castro en entrevista con la periodista Vanessa Davis ante la pregunta de qué era para él el socialismo del siglo 21 respondía que eso era comunismo. A confesión de parte relevo de pruebas. Pero la dirigencia nacional y la mayoría de los analistas políticos se resistían a aceptar esa realidad.

Quizás el temor a ser tildados de derecha o de macartistas, influía en esa actitud. Recuerdo que en la campaña presidencial del 2006 le preguntaba a uno de esos expertos analistas políticos de que por qué no se acusaba a Chávez de comunistas y se le desenmascaraba y la respuestas todavía estoy tratando de entenderla. A más de 17 años de llegada de la revolución al poder y con todo lo que hemos vivido y sufrido todavía oímos a dirigentes políticos de oposición y analistas políticos llamar de todo a este gobierno menos de comunista. Son muy pocas y contadas excepciones que han dejado a un lado eufemismos y los han llamado por lo que son.

Y no es que esto sea una simple cuestión de semántica, es que si uno no define bien el problema que está tratando de resolver jamás lo podrá resolver. Si desde un comienzo se hubiese definido a Chávez y su proyecto como lo que es: un régimen Castro Comunista, otra hubiesen sido las estrategias para combatirlo. Con los comunistas, y más con estos entrenados y con la experiencia de los Castros y la revolución cubana, no se pueden usar solamente las reglas que nos enseña la democracia.

Ellos usan las elecciones siempre y cuando las ganen. Usan las instituciones de la democracia para su usufructo y provecho. La Constitución sirve y se respeta en tanto y cuanto les dé beneficio y le sirva para sus propósitos. Y sus propósitos son el poder por el poder mismo. Su meta es la sumisión de todos, el Estado omnipotente, el partido único, todos los poderes concentrados en uno solo. Una fuerza armada como brazo político del partido. El pueblo con hambre para doblegarlo. Dádivas para subyugarlo. Dialogo para ganar tiempo. Besar un cristo para engañar. Un paso atrás para tres hacia adelante. Destruir todo. Endilgar al otro, lo que ellos hacen. Y propaganda, mucha propaganda, todo el tiempo. Mentiras y más mentiras. Un lavado de cerebro permanente.

La educación, la salud, la cultura, la producción, la distribución, los sindicatos y gremios, las universidades, la juventud, todo bajo la tutela del Estado comunista. Si estás con el proceso comes, vives, respiras. Muestras no solo un botón, un rosal.

Y no es eso lo que estamos viendo? Muchos creen que ya es demasiado tarde para parar esto. Que esto llegó para quedarse. Me resisto a ello. Espero que en algún momento la dirigencia de oposición, la sociedad civil, el país todo, internalice esto y actúe, reaccione, en consecuencia. Esa es la única vía de salida.




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