El reinicio de las actividades escolares en Carabobo, luego de los terremotos registrados el pasado 24 de junio, se ha desarrollado con una asistencia mínima. Esto al menos en los municipios donde las autoridades permitieron retomar las clases. El miedo de padres, representantes y estudiantes está detrás de esto. Además se suman las dudas sobre las condiciones de las infraestructuras educativa que ha marcado el cierre de un año escolar.
De los 14 municipios de Carabobo, cuatro se mantienen sin actividad escolar debido a las afectaciones generadas por los movimientos telúricos. En los otros 10 municipios habilitados, el retorno ha sido paulatino y con una presencia reducida de alumnos en las aulas.
Juan Tortolero, secretario general de Sintraenseñanza Carabobo, estimó que la asistencia estudiantil no supera el 15 %, mientras que la presencia de personal docente, administrativo y obrero ronda el 50 %. Para el dirigente sindical, esta respuesta refleja una preocupación legítima de las familias que aún no tienen certeza sobre el estado de las escuelas. “Muchos representantes no enviaron a sus hijos a clases por el temor que todavía persiste, y eso es normal. Hay que crear las condiciones de confianza necesarias para que los padres sientan que sus hijos no van a vivir una situación similar”.
Tortolero insistió en que la recuperación de la confianza no dependerá únicamente de una orden de retorno a las aulas. Considera indispensable que se active un plan de inspección general de los planteles, con participación de organismos públicos, colegios de ingenieros, arquitectos y universidades.
En Carabobo existen alrededor de 3.000 planteles entre escuelas públicas, privadas, municipales, estadales, nacionales y otras modalidades educativas dice Tortolero. Sin embargo, hasta ahora no existe una cifra consolidada sobre cuántas instituciones resultaron afectadas por los terremotos.
El dirigente gremial explicó que se conocen daños en centros educativos de municipios como Puerto Cabello y Juan José Mora, especialmente en Morón, pero todavía no se ha determinado la magnitud de las afectaciones ni cuántas escuelas requerirán reparaciones antes del inicio del próximo período académico.
“Autoridades han hablado de una afectación cercana al 30 %, pero creemos que esos cálculos podrían estar relacionados con los municipios que permanecen en emergencia. Lo que hace falta es una evaluación técnica seria, transparente y completa. La gente está pidiendo seguridad, porque la gente no cree simplemente en un anuncio oficial”.
El temor
El impacto del terremoto no se limita a las paredes agrietadas, los frisos desprendidos o las fallas estructurales que puedan encontrarse en algunos planteles. El miedo también se trasladó a los hogares y a las aulas.
Tortolero pidió a las autoridades incorporar a psicólogos y especialistas en acompañamiento emocional para atender tanto a estudiantes como a representantes y trabajadores de la educación. A su juicio, el regreso a clases no puede entenderse únicamente como una medida administrativa, sino como un proceso que debe considerar las secuelas que dejó la emergencia. “El temor es real. Hay niños que no quieren volver a los salones y representantes que prefieren esperar hasta el próximo año escolar. Es necesario que se hagan tratamientos y jornadas de atención psicológica”.
La cercanía del cierre del año escolar también influye en la decisión de muchas familias. Con pocos días de actividades académicas por delante, algunos representantes consideran que no vale la pena exponer a sus hijos a un retorno que todavía genera dudas.
El calendario oficial establece que el tercer momento pedagógico culminará el 17 de julio. Entre el 20 y el 26 de julio se realizarán actividades de revisión, recuperación académica y evaluación de expedientes para los estudiantes próximos a graduarse.
Posteriormente, los días 27 y 28 de julio estarán destinados a los consejos docentes y al proceso de inscripción para el período escolar 2026-2027. Los actos de promoción se realizarán entre el 29 y el 31 de julio, bajo un formato protocolar y discreto debido a la situación que atraviesa el país. El año escolar culminará formalmente el 31 de julio.
Evaluaciones a distancia y retorno paulatino
Angélica Flores, secretaria del Sindicato Unitario del Magisterio en Carabobo, explicó que incluso en municipios donde se anunció la reactivación de actividades, como San Diego, Miranda, Montalbán y Carlos Arvelo, el retorno no ha sido pleno.
Según indicó, muchos docentes han optado por mantener evaluaciones y actividades a distancia, mientras representantes deciden no enviar a sus hijos a las escuelas por temor a nuevas réplicas o por la falta de información sobre las condiciones de las instalaciones.
Flores confirmó que en los municipios más afectados, especialmente Juan José Mora y Puerto Cabello, las clases continúan suspendidas. Durante una visita a Morón, aseguró haber constatado daños importantes en al menos tres instituciones educativas: dos escuelas municipales y una nacional.
La dirigente sindical considera que las autoridades deben priorizar la revisión técnica de cada plantel antes de plantear una normalización total de las actividades. Para los gremios, el regreso seguro dependerá de que los informes de ingeniería sean claros y de que se comuniquen de manera oportuna a las comunidades educativas.
En San Diego ya habían culminado las clases
En el municipio San Diego, la situación tiene una particularidad. El alcalde León Jurado explicó que, en las escuelas municipales, las actividades académicas ya habían culminado antes del terremoto y la última semana estaba destinada principalmente a ensayos para los actos de fin de curso.
Sin embargo, esos ensayos fueron suspendidos como medida preventiva. Solo los estudiantes de tercer nivel y sexto grado tenían previsto asistir para preparar los actos protocolares de promoción.
La reanudación de las clases en el estado ocurre así en medio de una tensión entre la necesidad de cerrar formalmente el calendario escolar y la obligación de garantizar que estudiantes, docentes y trabajadores regresen a espacios seguros.
Para los gremios, la normalidad no llegará únicamente cuando vuelvan a sonar los timbres de entrada. Será necesario reparar los daños, evaluar las estructuras, atender el impacto emocional de la comunidad educativa y recuperar la confianza de familias que, después del terremoto, siguen preguntándose si las escuelas están preparadas para recibir nuevamente a sus hijos.









