Los carabobeños ya no solo se enfrentan en la región a apagones prolongados, fluctuaciones de voltaje y sobrecargas eléctricas. Ahora también se enfrentan a un número creciente de incendios domésticos. En menos de una semana, dos viviendas en Valencia quedaron devastadas tras registrarse fallas eléctricas asociadas al restablecimiento del servicio.
El miedo ahora no es solo sufrir un apagón, sino sobrevivir a la inestabilidad de carga que sobreviene luego del restablecimiento.
Polonia Laguna Ortiz todavía no logra contener las lágrimas cuando recuerda lo ocurrido. Esta enfermera perdió prácticamente todo lo que tenía dentro de su vivienda ubicada en el sector José Gregorio Hernández de Los Caobos, al sur de Valencia.
Según relata, el día del incendio se había registrado una interrupción del servicio eléctrico. Horas después, cuando la energía regresó, ocurrió lo inesperado. "El voltaje llegó muy alto. Los cables comenzaron a recalentarse y un bombillo explotó en el lavandero. Ahí empezó todo", cuenta.
Las llamas avanzaron rápidamente por la estructura. Cuando los bomberos lograron controlar el incendio, la vivienda ya había quedado devastada. Ahora, Polonia Laguna se encuentra con su realidad: Ropa, electrodomésticos, muebles, documentos y pertenencias personales quedaron reducidos a cenizas.
En un contexto como el de Venezuela quedar sin nada es más grave de lo que ya puede ser. Pero ella tenía un doble riesgo que va más allá de lo material. Laguna también cuida a una persona mayor que dependía de muchos de esos enseres para su día a día. Por eso lo repite sin parar. "Quedamos sin nada".
Laguna reporta que cuando el bombillo explotó las chispas cayeron sobre unos objetos en el lavandero y ahí inició todo.
Esta mujer como muchas enfermeras en este país acuden a otros oficios para subsistir. En su caso era la costura, pero el fuego también acabo con eso. "La sala de costura fue lo siguiente que agarró candela, luego se quemó el baño". En el suelo están sus dos máquinas industriales, una de punto recto y otra overlock. Las dos están quemadas.
Cuando Laguna se dio cuenta de la gravedad del asunto no hubo tiempo para rescatar nada. Su preocupación era una familiar de 18 años con condición especial que estaba en su cuarto. Ella simplemente la tomó como pudo y la arrastró hasta lograr salir.
Para cuando los bomberos llegaron ya el fuego estaba bastante avanzado y era poco lo que se podía hacer. Lo había perdido todo.
Sobrecarga
Winston Borges es electricista y ve con preocupación que muchas viviendas que visita para realizar labores tienen problemas con el voltaje. Explica que detrás de ese instante ocurren fenómenos técnicos capaces de comprometer desde un electrodoméstico hasta toda una vivienda.
Por eso es enfático al decir que cuando un sector permanece varias horas sin energía, cientos o miles de equipos quedan desconectados de forma abrupta. Al regresar el servicio, neveras, aires acondicionados, bombas de agua, congeladores, cargadores y otros aparatos intentan reanudar su funcionamiento de manera simultánea.
Esa demanda instantánea genera un incremento brusco de carga sobre la red eléctrica y sobre las instalaciones internas de las viviendas. Por eso reporta que en condiciones normales, un sistema bien mantenido puede absorber estas variaciones. El problema surge cuando existen cableados envejecidos, conexiones improvisadas o dispositivos de protección inexistentes o dañados.

"Muchas viviendas fueron construidas para una realidad eléctrica distinta. Hoy una casa tiene varios aires acondicionados, televisores inteligentes, computadoras y equipos que consumen mucha más energía que hace veinte años".
Este tipo de incendios ocurren por tres vías principales. El primero es el recalentamiento de conductores. Cuando un cable transporta más corriente de la que puede soportar, su temperatura aumenta progresivamente hasta deteriorar el aislamiento que lo recubre. Esto es lo que presuntamente habría ocurrido en el caso de Polonia Laguna.
El segundo es el cortocircuito, que ocurre cuando dos conductores eléctricos entran en contacto de forma accidental, generando una descarga instantánea capaz de producir temperaturas extremadamente elevadas.
El tercero son los llamados arcos eléctricos, pequeñas explosiones de energía que pueden producir chispas suficientes para encender materiales inflamables cercanos.
Los primeros cinco minutos son decisivos
Para los cuerpos de emergencia, el tiempo es un factor determinante. Un incendio eléctrico pequeño puede mantenerse oculto durante varios minutos antes de hacerse visible. Cuando finalmente aparece humo o llamas, el fuego ya suele haberse extendido a otras áreas de la estructura.
Los bomberos recomiendan prestar atención a señales de advertencia como olor a plástico quemado, enchufes calientes, bombillos que explotan, chispazos o ruidos inusuales en las instalaciones eléctricas. Ante cualquiera de estas situaciones, la primera medida debe ser desconectar la energía desde el interruptor principal.

El Carabobeño habló con trabajadores de los Bomberos de Los Guayos que prefirieron mantenerse en anonimato y explicaron que las condiciones que atraviesa este cuerpo son difíciles. Trabajan con las uñas y hablan de hasta un 90% de desabastecimiento. Con escasez de unidades e incluso de estaciones de bomberos, las emergencias se hacen más complejas de atender en cuanto a los tiempos. Esto por las distancias entre las sedes y los incendios.
Ellos son enfáticos al decir que en más de 20 años el Estado les ha dado, cuando mucho, el 5% del dinero que se les debía aportar para su funcionamiento.
Los bomberos acuden a su deber con equipos viejos o defectuosos y uniformes que ya deberían ser cambiados por unos más modernos, los cuales cumplan las normativas internacionales.

La seguridad
Para Teodoro Rodríguez, experto en seguridad contra incendios, el problema no solo se queda en el desabastecimiento de los bomberos, sino también en la falta de protección o de actualización de sistemas contra incendios en edificios, casas, comercios e industrias.
Él es consciente de que desde 2025 los eventos ignífugos han aumentado. Aunque las fallas eléctricas se perfilan como las principales causantes, él habla de otro problema silencioso, como las baterias de litio. En su explicación detalla que el problema con este material es que Venezuela no cuenta con materiales especializados para combatirlo.
Rodríguez recalcó que no todos los incendios se apagan con agua, más aún si estos provienen de zonas industriales, una característica de Carabobo.
Recuerda el incendio de una empresa de pinturas en Los Guayos, que inició por un cortocircuito que empeoró por la presencia de químicos en el galpón. Esto dejó en evidencia la dificultad de los bomberos de la región para hacer frente a estas situaciones.
Teodoro Rodríguez reconoce, no obstante, un repunte desde 2025 en las solicitudes de empresas para mejorar y actualizar sus sistemas contra incendios.
El aire acondicionado que se convirtió en una antorcha
Mientras tanto, la semana pasada hubo otro incendio que preocupó a la ciudad. Esta vez en la urbanización Trigal Norte. Según los reportes preliminares, el siniestro se produjo, de igual modo, cuando fue restablecido el servicio eléctrico en la zona.
En este caso no fue un bombillo el problema, sino un equipo de aire acondicionado que entró en cortocircuito y comenzó a incendiarse.
Para cuando el propietario de la vivienda, Wolfgan Colmenares, se dio cuenta, ya era muy tarde. Como resultado, no solo perdió su vivienda. También sufrió afectaciones por la inhalación de humo.
Aunque en esta ocasión la actuación de los bomberos evitó consecuencias mayores, el caso volvió a exponer un patrón que empieza a repetirse con demasiada frecuencia.
Si bien en el caso de Wolfgang es un ejemplo más, hay otros que no llegan a incendio pero preocupan, porque ante cada apagón siempre hay un electrodoméstico dañado. Un día es el protector, otros la televisión, después una nevera.
La reposición de estos equipos representa un gasto difícil de asumir para buena parte de las familias venezolanas. Un aire acondicionado puede superar fácilmente los 400 dólares. Una nevera nueva puede costar más de 700. A esto se suman reparaciones eléctricas, sustitución de cableado y la instalación de sistemas de protección.
Para quienes ya enfrentan dificultades económicas, una fluctuación eléctrica puede significar la pérdida de años de esfuerzo.









