Los trabajos inconclusos dejaron al 13 de septiembre como una montaña de barro y escombros.

María Gómez tiene la nostalgia a flor de piel y el sentimiento desbordado. Recuerda con claridad como a lo largo de sus 50 años de permanencia en el barrio 13 de Septiembre, en la parroquia Santa Rosa de Valencia, se ha venido deteriorando la comunidad que le abrió las puertas a su familia hace ya varias décadas, cuando aún esa localidad era de las mejor cuidadas del municipio.

Hoy, el 13 de septiembre es un caserío atravesado por calles descubiertas a la mitad; producto de trabajos de aguas servidas inconclusos y lodo mohoso acumulado por el arrastre de desperdicios de las aguas negras. Las vías agrietadas hacen del tránsito una verdadera travesía para los conductores, que deben optar entre hacer frente a montañas de barro de cañería o caer en huecos que a más de uno han dejado con daños en el tren delantero.

“Aquí hay muchos problemas. Pero el más importante de todos es el de las cloacas, que pasaron más de 15 años sin que le hicieran un arreglo. El año pasado vinieron de la Alcaldía a hacer una reparación, pero no lo concluyeron”, expresó María Gómez.

vecinos caminan entre estanques de agua sucia y barro.

De hecho, Gómez explicó que los trabajadores del ayuntamiento abrieron las calles para reparar las tuberías de aguas servidas, pero al culminar la labor dejaron las vías abiertas, por lo que ahora el 13 de Septiembre es una comunidad de vías escabrosas, ampliamente conocida por talleres mecánicos; caucheros y evadidas por taxistas y particulares.

La época dorada del 13 de Septiembre no es tan lejana. Los vecinos aún recuerdan cuando hace 23 años escucharon las arias magníficas de Luciano Pavarotti, que llegaban desde la Plaza de Toros de Valencia, cuando el fallecido alcalde Francisco “Paco” Cabrera trajo al tenor italiano al sur de la ciudad. Los habitantes de ese humilde sector habrían de recordar la bonanza de las Ferias de Valencia y aquella promesa de progreso que siempre le vendieron los políticos por ser el barrio consentido de Santa Rosa.

80$ para reparar postes de luz

De aquellas luces de la Valencia de antaño solo quedan faros averiados y una maraña de cables, de donde se conectan las casas para gozar del servicio eléctrico. De  hecho, María Gómez denunció que cuando abordó a un vehículo oficial de la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) para pedir le resolvieran el problema del alumbrado de su calle, estos le habrían pedido 80$ para poder hacer su trabajo.

“Frente a mi casa hay un poste de luz. Eso se quemó y no hay manera de que me ayuden. Hablé con un señor de Corpoelec y me quería quitar 80$ para arreglarlo. A mí no me parece justo, porque no tengo ese dinero”.

13 de septiembre es famosa por sus calles atravesadas por escombros y montañas de asfalto

La nostalgia por un barrio que ha ido desmejorando con los años no es exclusividad de María Gomez. Eriberto Polanco rememoró cuando decidió mudarse al 13 de Septiembre hace más de 40 años, por los rumores de bonanza y buena calidad de vida de aquellos días, pero que ahora buscan sobrevivir entre un pantanal de aguas negras y calles desbordadas. “Me da mucha tristeza ver cómo hemos cambiado y nos hemos deteriorado. Hoy es el peor barrio de Valencia. Aquí no se ha asfaltado y las calles están en muy malas condiciones. Lo que pasa en 13 de septiembre es muy lamentable”.

Aguas servidas generan infección en niños

Jenny Aular alertó que la acumulación de aguas negras es un foco de infección no solamente para los niños y las personas de la tercera edad, sino para los pacientes de la COVID 19, que aunado a la neumonía propia de la enfermedad, presenta complicaciones por la contaminación del sector. “Hacemos un llamado a las autoridades para que vengan a asistir a nuestra comunidad. Tenemos muchos niños y personas de la tercera edad enfermos por las cloacas; además en la comunidad se están presentando casos de dengue”.

El nombre del barrio se colocó en honor a la fundación del partido Acción Democrática (AD), pero el 13 de Septiembre no tiene en sus calles ni un pedacito de aquellos días de gloria, en los que las comunidades tenían al menos el derecho a un tránsito tranquilo y a beber agua potable.




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