Miércoles, 24 de julio de 2024

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Un poco de paciencia con nosotros mismos

A veces los padres nos sentimos abrumados por las diferentes situaciones que se nos presentan en el camino y nos parece que nos faltan las fuerzas para seguir adelante. Por momentos tenemos vivencias y situaciones de conflicto con nuestros hijos que nos producen un gran desasosiego, bien sea porque creemos que ellos ha

A veces los padres nos sentimos abrumados por las diferentes situaciones que se nos presentan en el  camino y nos parece que nos faltan las fuerzas para seguir adelante.

Por momentos tenemos vivencias y situaciones de conflicto con nuestros hijos que nos producen un gran desasosiego, bien sea porque creemos que ellos han tomado una decisión, han adoptado algún comportamiento, o han cometido un error que compromete la integridad, bienestar y armonía de nuestra familia.
En algunas oportunidades esa sensación de angustia nos invade porque sentimos que hemos cometido errores o hemos sido injustos con nuestros hijos.

Ambas situaciones, a veces nos llevan a la deriva y comenzamos a navegar en un océano infinito, sin tener la certeza de cómo debemos afrontar estos momentos, llenándonos aun más de contradicciones e inseguridad que nos hace dudar de nosotros mismos.

Nos sentimos ante una encrucijada y nos duele tanto el alma que nos cuesta hasta respirar, se nos hace difícil encontrar el camino y pensamos que a lo mejor no hemos hecho bien nuestro trabajo como padres.

Es en esos momentos que debemos hacer un alto, regalarnos un poco de paciencia (que a veces tanto pedimos) y amor propio y replantearnos, reinventarnos y de esta manera encontrarnos con nuestras ideas.

Ser padres es una asignatura que no se aprueba ni se reprueba, porque no se deja de cursar nunca.

Así pues que debemos saber que en algunos de los exámenes de este interminable recorrido, a veces podemos reprobar; pero les aseguro que en la mayoría de las veces vamos a obtener un sobresaliente.

Somos padres y madres que solo queremos lo mejor para nuestros hijos. Deseamos verlos crecer sanos y fuertes. Con una vida fundamentada en valores, obteniendo éxitos uno tras otros y estar orgullosos de ellos por siempre.

Esperamos  que tomen decisiones acertadas, según nuestros códigos y convicciones, sin entender que son ellos los que deben labrar su camino.

Debemos confiar en nosotros, y estar dispuestos a escucharlos y a cambiar el rumbo si es necesario, pero manteniendo siempre nuestros valores, nuestra verdadera esencia como padres y como seres humanos, entendiendo que mientras más seguros estemos que tenemos la razón, debemos ser mucho más benévolos y comprensivos con los hijos.

Busquemos en nuestro interior y allí en la consecución de la integridad necesaria para no desandar ese camino que hasta ahora hemos labrado, encontrar la claridad necesaria para tomar decisiones acertadas.

Retomemos la certeza y en ella, la firme convicción de que somos buenos ciudadanos y sobre todo buenos padres.

Mostrémosle una vez más que nuestra mayor virtud al ser padre es que tenemos un amor incondicional hacia nuestros hijos.

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