Esta semana iba a hablar de la Misa Criolla del compositor argentino, pero mi alma musical se puso triste, el día nublado y mi entorno silencioso como un salón después del último aplauso, por la noticia del triste fallecimiento de Willie Colón, este 21 de febrero. La música, que tantas veces nos levanta el ánimo, hoy se detuvo un instante para despedir a uno de sus gigantes; y así, lo que iba a ser una reflexión sobre liturgia y folklore terminó convirtiéndose en un homenaje necesario a ese trombón que durante décadas le dio voz al barrio, al inmigrante y a la memoria latinoamericana.
Con su partida se cerró un capítulo fundamental de la historia de la salsa, pero su música quedó suspendida en el aire como esas notas de trombón que parecían abrirle paso a la calle, al barrio, a la memoria colectiva. No fue solamente un músico exitoso; fue un narrador urbano, un productor visionario y una conciencia crítica que acompañó a varias generaciones de latinoamericanos dentro y fuera de sus tierras.
Nacido el 28 de abril de 1950 en el Bronx neoyorquino, hijo de puertorriqueños, Colón creció en un entorno donde la identidad latina se defendía a golpe de cultura. Desde niño sintió la atracción por los instrumentos de viento: comenzó con el clarinete, probó la trompeta y finalmente encontró en el trombón su verdadera voz. Ese sonido grave, poderoso y desafiante se convirtió en una firma personal que marcó el rumbo de la salsa dura de los años setenta.
Willie Colón traspasó fronteras
Si algo caracterizó sus inicios fue la audacia. A los quince años firmó con Fania Records, el sello que consolidaría la salsa como fenómeno mundial. Apenas un adolescente, se rodeó de músicos mayores y se lanzó a producir un sonido crudo, urbano, distinto al de las orquestas tradicionales. Había en su propuesta una mezcla de rebeldía juvenil y disciplina férrea que lo llevó a convertirse rápidamente en referencia.
Su alianza con Héctor Lavoe fue una de las sociedades más fecundas de la música latina. Juntos grabaron discos que hoy son piezas esenciales del repertorio salsero. Aquellas producciones no solo hicieron bailar al continente; también retrataron la vida del inmigrante, la nostalgia por la isla y la dureza de la ciudad. En cada grabación se sentía la química entre el trombón incisivo de Colón y la voz inconfundible de Lavoe.
El muchacho malo del Bronx
Con el paso de los años, Colón dejó de ser únicamente el “muchacho malo” del Bronx para convertirse en arquitecto musical. Experimentó con arreglos más complejos, incorporó narrativas sociales y expandió los límites del género. En 1978 produjo junto a Rubén Blades el histórico álbum Siembra, una obra que elevó la salsa a un plano literario y político. Canciones como “Pedro Navaja” demostraron que la salsa podía narrar historias complejas, casi cinematográficas, sin renunciar a su pulso bailable ni a su fuerza popular. No fue su compositor -la obra pertenece a Rubén Blades, su compañero musical durante años-, pero sí fue su productor y responsable del concepto sonoro. Desde ese rol decisivo terminó de moldear la idea, estructuró la arquitectura del arreglo y aportó la tensión dramática que convirtió la canción en una pieza monumental dentro del repertorio latinoamericano.
No se puede entender la salsa moderna sin su trabajo como productor. Colón fue responsable de impulsar carreras, moldear sonidos y arriesgarse en estudios de grabación. Su criterio para los arreglos y su intuición para combinar sonidos lo transformaron en una figura clave detrás del escenario y sobre él. Muchos artistas encontraron en Colón no solo un artista y un director musical, sino un guía creativo exigente y comprometido.
Su preocupación por Venezuela y los DDHH
Pero su vida no estuvo confinada a los estudios ni a los escenarios. Willie Colón también fue un ciudadano activo, un artista que opinaba y se involucraba. En distintas ocasiones se pronunció sobre situaciones políticas en América Latina, incluyendo la crisis venezolana, expresando preocupación por los derechos humanos y la deriva autoritaria que afectaba a millones de personas. Sus contundentes declaraciones mostraban a un músico consciente del peso de su voz pública.
Su postura ante situaciones irregulares en el mundo no siempre fue cómoda ni neutral. Defendió la democracia, cuestionó abusos de poder y respaldó causas sociales desde su plataforma artística. Algunos lo aplaudieron; otros lo criticaron. Pero Colón nunca pareció temerle al debate. Entendía que el artista latino no vive aislado de la realidad política que golpea a su gente.
A lo largo de más de cinco décadas de carrera recibió múltiples reconocimientos: Grammy, Grammy Latino, Billboard Latin Music Awards, Reconocimiento de la ciudad de Nueva York, además de muchos discos de oro y platino. Sin embargo, su mayor galardón fue el cariño del público. En cada concierto se percibía una conexión especial con quienes crecieron escuchando su música en casa, en fiestas familiares o en las calles de cualquier ciudad latinoamericana.
Sus letras, un reflejo de la vida
El legado de Willie Colón no se mide únicamente en cifras de ventas o premios obtenidos. Se mide en generaciones de músicos que aprendieron de su audacia, en arreglistas que estudiaron sus armonías y en oyentes que encontraron en sus letras un espejo de su propia vida. La salsa que hoy suena en el mundo lleva inevitablemente algo de su impronta.
La única “salsa” que interpretó el Grupo de Música Popular Latinoamericana de la Universidad de Carabobo fue “La Murga de Panamá”, que en su versión original comenzaba irrumpiendo el trombón de Willie Colón, ya que fue su productor musical. Nuestro arreglo lo grabamos en el volumen III y luego quedó inmortalizada en el concierto con la Orquesta Sinfónica de Carabobo, con arreglos del maestro Ángel Balán. Por eso, Willie Colón representa para nosotros, como agrupación, un hito importantísimo.
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Con su fallecimiento, se fue un pionero, pero quedó una obra inmensa que seguirá latiendo. Cada vez que un trombón abra paso en una orquesta salsera, cada vez que “Pedro Navaja”, “Gitana” u “Oh Qué será?” (sic) vuelvan a escucharse, allí estará su espíritu creativo. Willie Colón no fue solo un músico latino nacido en el Bronx; fue un cronista sonoro de la experiencia latina, y su eco seguirá acompañando a quienes bailan, recuerdan y luchan al ritmo de su música.
Los invito a escuchar nuestra interpretación en vivo junto al Grupo de Música Popular Latinoamericana de la Universidad de Carabobo y la Orquesta Sinfónica de Carabobo, en el majestuoso Teatro Alfredo Celis Pérez, en una versión que celebra la fuerza y la riqueza de su música.




