Políticos, gobiernos corruptos ha habido toda la vida. Mas, lo ocurrido a comienzos de siglo ha significado una ruptura esencial, un cambio paradigmático, en la relación entre poder y delito.
Una nueva concepción del poder, una dimensión renovada del delito, no el habitual político corrupto, el contrato de unas alcantarillas para quien financió la campaña.
Son dirigentes, grupos políticos, empoderados dentro del Estado, activistas “ideológicos”, imprimiendo un viraje al poder, más allá de los vicios convencionales, operando con todos sus recursos, fundirlo con sus expresos intereses delictuales.
El Socialismo del Siglo XXI, alias el Destructivismo del Siglo XXI, vino con un paquete de innovación del poder, del crimen, a escala global, geopolítica, variedad inéditas. Cuando hablamos de crímenes, aludimos no solo a los desprendidos de la violación legal, sino también al uso del poder del Estado para el ejercicio absolutamente delictivo, como estructura y cultura. Tráfico de recursos energéticos, mineros, las acusaciones hablan de sustancias dañinas con propósito político también, creando constelaciones geopolíticas de poder ilimitado, disolvente, permisivo, casi invencibles.
La industrialización del delito a nivel global con el amparo y facilitamiento del poder del Estado, del poder político involucrando otros gobiernos, otros Estados.
Creemos que se creó una corriente genética, original, una estructura, especial, singular, del mal que artículo, colonizó otros estados en una constelación de alcance geopolítico para el enseñoreamiento orgánico del delito de manera irrefrenable, lubricada, e ilimitada.
Descubrir que el Tren de Aragua cumplió un papel para impactar, ejecutar una acción política de envergadura, deja a sus precursores mafiosos como personajes de películas viejas de Hollywood.
No estamos frente al film de Los Intocables, lista de jueces o policías de por medio, vendiendo whiskey en los bares de Chicago. Es una nueva dinámica del poder, se sostiene, se ejerce con lobbies, máquinas electrónicas electorales, clientelismo y tráfico de gobiernos, festín de las riquezas de las naciones.
Las derivaciones negativas surgidas en el seno de las democracias no tienen por qué generar más autoritarismo, más violaciones de las garantías constitucionales ni violaciones de los DDHH. Lo que plantea es la educación de sus ciudadanos para preservarlos de estas tentaciones delictivas, arbitrarias desde el Estado, y obliga a un empoderamiento e invención de mecanismos poderosos , democratizadores, de control y supervisión jurídicos, legales, nacionales e internacionales, firmemente sancionatorios también. También, que preserve a la humanidad de Zapateros, Guerreros, Monederos, Correas, Kichtneres, Evos, Maduros y Flores de esa especie también.




