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Dayrí Blanco / @DayriBlanco07

La lista de adversidades es larga. No es un resultado fortuito que 80% de la capacidad de las industrias carabobeñas estén estériles. Un modelo confiscatorio de divisas, con controles de precios, satanización de la libre iniciativa, estrangulación de la producción, desempleo, inflación, pérdida del poder adquisitivo, corrupción, escasez y pobreza ha sido la conjunción perfecta para que el sector manufacturero en la región no cuente con elementos que permitan rescatarlo de la crisis.

Las cifras de Fedecámaras registradas al cierre del primer trimestre de 2016 dan cuenta de una caída de 10,5% de la actividad industrial. El sector más afectado fue el de la construcción con una caída de 20%, seguido de la actividad financiera con -14%, el comercio y los servicios con -12%, la manufactura con -11%, transporte con -10%, la minería con -6,6%, y los servicios de electricidad y agua con -3,7%.

Y el panorama seguirá signado por la crisis de mantenerse las políticas adoptadas ideológicamente, según aseguró el presidente de Fedecámaras en la región, Damiano Del Vescovo, quien presentó junto a su directorio una propuesta a Carabobo inclinada hacia el estímulo a la inversión nacional y extranjera, el establecimiento de equilibrios macroeconómicos, estabilidad monetaria, la supresión del sistema actual de control de divisas, la derogación de la Ley de Precios Justos y la instauración de una economía de mercados.

Sin cochinito para romper

Los empresarios serios y honestos, que son la mayoría, no cuentan con un cochinito lleno de dólares para romper, como pidió el vicepresidente para el Área Económica, Miguel Pérez Abad. “No sé a cuales empresarios se refería él, pero los de este lado no somos”.

El sector privado acumula una deuda con los proveedores internacionales de 14 mil millones de dólares por falta de liquidación, de parte del Gobierno, de las divisas que ya les fueron canceladas en bolívares.

Pérdidas por cortes eléctricos 

Son apagones. No se trata de racionamiento eléctrico. No hay cronogramas establecidos como sucedió en 2009 que permitían una planificación de la producción. Las pérdidas han sido cuantiosas, imposibles de totalizar, pero que representan una merma importante en el aporte de Carabobo al Producto Interno Bruto (PIB), y que solo durante los días no laborables de Semana Santa se calculó en cuatro millones de dólares.

Hay máquinas que solo pueden ser reactivadas entre dos y cuatro horas después del corte del servicio y que en ocasiones se une con la próxima interrupción. Otras líneas se pueden arrancar al día siguiente de la falla y al final nunca terminan de ponerse en funcionamiento porque los apagones son a diario. A esto obedece que pequeñas y medianas empresas que han estado paralizadas por meses por falta de materia prima no hayan podido reiniciar operaciones con el suministro de algunos insumos.

A esto se le suma que el proceso de arranque de las máquinas implica un pico de consumo mayor que el que se registra al mantener el servicio activo de forma continua.

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