Entre el bullicio diario del comercio y las tranquilas noches, entre el silencio de las calles y el ruido de los carros, la historia de Valencia está siempre ahí, latiendo. Lo hace en sus plazas, casas y calles. Infraestructuras que cuentan quiénes somos, testigos de batallas, congresos y vidas que moldearon la ciudad. Este 25 de marzo, mientras la ciudad celebra su 471 aniversario, esos vestigios históricos recuerdan su grandeza… y su abandono.
Valencia fue fundada el 25 de marzo de 1555 por el capitán español Alonso Díaz Moreno, bajo el nombre de Nuestra Señora de la Anunciación de Nueva Valencia del Rey.
La elección del sitio no fue casual: su clima, sus tierras fértiles y la cercanía de ríos y montañas aseguraban la supervivencia y prosperidad de la incipiente villa.
Desde sus primeros días, Valencia se convirtió en un punto estratégico de la colonia, con plazas, iglesias y casas que marcarían la pauta de la vida social y política por siglos. Esta fundación, celebrada hoy, es la semilla de la ciudad que aún respira entre el bullicio y el descuido.
Plaza Bolívar de Valencia: un corazón con cicatrices
En el centro de la ciudad, la Plaza Bolívar, epicentro de la vida urbana desde tiempos coloniales, fue restaurada hace menos de tres años. La inversión y la participación de escultores carabobeños le devolvieron un brillo temporal.

Hoy, sin embargo, los alto relieves están vandalizados y el granito rojo muestra manchas y desgaste. La plaza sigue siendo el corazón de Valencia, pero un corazón que necesita cuidados para seguir latiendo con dignidad.
Para el historiador Luis Heraclio Medina, esta situación refleja un problema más profundo porque se trata la enorme riqueza patrimonial de Valencia la que está en juego.

Casa de la Estrella: infraestructura en descuido
A unos pasos, la Casa de la Estrella, sede del primer hospital de Valencia y escenario de congresos de 1812, 1830 y 1858, enfrenta un destino incierto.
Medina alertó que en el lugar los techos de madera están amenazados por el comején, murales que languidecen, baños inservibles y jardines descuidados son testigos del abandono.

Esta joya histórica, que también albergó los primeros institutos educativos de Carabobo, necesita manos que la preserven para que las generaciones futuras conozcan y sientan su historia.
Casa Páez: murales que claman atención
Un poco más allá, la Casa Páez, hogar del general José Antonio Páez y primera residencia presidencial de Venezuela, guarda los murales de Pedro Castillo, una obra histórica única en el país.

La restauración prometida hace años nunca llegó, los murales se deterioran y la bomba de agua sigue sin funcionar. Cada trazo de color es un relato de la independencia que amenaza con perder voz si no se actúa.
“Es uno de los espacios más importantes de la memoria republicana. Dejar perder esos murales sería un golpe irreparable para la historia nacional”, advirtió Medina.
Palacio de los Iturriza: ruina que habla de gloria
El Palacio de los Iturriza, joya arquitectónica del siglo XIX, parece un gigante dormido que se deja devorar por el tiempo.

Cielos rasos caídos, filtraciones que avanzan sin control y demoliciones incompletas lo han convertido en ruina silenciosa. Cerrado al público, el palacio recuerda que la belleza sin cuidado es solo un susurro de lo que alguna vez fue.
Casas Hernández Monagas y Celis: ecos de un pasado

Frente a la Plaza Sucre, la Casa Hernández Monagas, sede de la Escuela de Teatro, muestra techos colapsados y paredes derrumbadas; cerrada, sus aulas vacías parecen esperar espectadores que no llegarán si no se restaura su estructura.

La Casa Celis, donde se velaron los restos de los próceres tras la batalla de Carabobo, sobrevive como monumento histórico, aunque sin apoyo gubernamental desde hace años. Requiere pintura, impermeabilización y mantenimiento general; sin ello, la memoria que alberga podría desvanecerse con el tiempo.

Valencia: memoria que respira entre sombras
Valencia cumple 471 años recordando su pasado heroico y su fundación colonial, que dio origen a una ciudad estratégica y próspera.
Sus calles, plazas y casas hablan de batallas, congresos y familias que marcaron el rumbo del país. Pero también muestran que la memoria necesita cuidado, inversión y compromiso. Este aniversario recuerda que conservar la ciudad no es solo admirar su historia: es preservarla para quienes vendrán.









