Casas inhabitables y camas hundiéndose en el lodo: El crudo relato de los damnificados de Morón

Gracias a la solidaridad de los vecinos los desplazados cuentan con una reserva de alimentos, pero aún requieren vitaminas y medicamentos esenciales
Casas inhabitables y camas hundiéndose en el lodo El crudo relato de los damnificados de Morón tras terremoto
Foto: Francis Tineo

El 24 de junio, a las 6:00 p.m., Yackeline Vargas había salido del baño en su habitación, cuando escuchó un fuerte sonido. “Al principio no me di cuenta. Escuché ruidos en la casa y pensé que era el bochinche de los niños jugando”.

Segundos después, sintió la sacudida, se puso un paño y salió como pudo hacia la calle. Su segundo hijo, de 17 años, corrió a cargar a su hermana de 6 años y se encontraron todos afuera. El mayor, de 19 años, estaba en una cancha cercana de la comunidad San Diego de Morón, en Juan José Mora.

Cuando Vargas pensó que el peligro había pasado e intentó entrar de nuevo a la vivienda para vestirse, el segundo sismo de magnitud 7,5 la sorprendió. “Llegué apenas al porche, comenzó a temblar horrible y me tuve que agarrar con fuerza de la reja. Todo se movía de adelante hacia atrás y de atrás hacia adelante”.

Una vez que el suelo se aquietó, logró caminar con las piernas temblorosas hacia su cuarto para vestirse, salir de nuevo a la acera y abrazar a sus hijos. “Es una experiencia que no quiero volver a vivir. Se cayó la pared de atrás de la casa, las columnas quedaron hechas pura arenilla con las cabillas totalmente expuestas, y las placas del techo agrietadas y deterioradas”.

Casas inhabitables y camas hundiéndose en el lodo El crudo relato de los damnificados de Morón tras terremoto
Foto: Francis Tineo

Ahora, Vargas y sus tres hijos viven temporalmente en casa de su prima, María Buye, en la Vivienda Rural de Bárbula del municipio Naguanagua. Buye recibió a 17 de los desplazados, mientras que el resto se encuentra en residencias vecinas, también de familiares. Explicó que entre el grupo hay una mujer embarazada; cinco niños, de 2 a 10 años de edad; cinco adolescentes de 15 a 17 años y 10 adultos mayores de 60 a 96 años. 

Sin posibilidades de volver

Las viviendas del Jabillo I de Morón también están a punto del derrumbe. “Las casas están agrietadas, completamente inhabitables, con placas que en cualquier momento se pueden venir abajo”, indicó Buye.

Relató que, de alguna manera, durante el terremoto el agua de mar se filtró con violencia por debajo del suelo, de donde empezó a salir un lodo arenoso. “Mis primos pequeños me contaron que las camas se iban hundiendo. Ellos estaban encima, pero como pudieron salieron”.

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María Buye, dueña de la casa de Naguanagua donde recibió a familiares damnificados de Morón. Foto: Francis Tineo

Aunque María Buye tiene a sus familiares en resguardo, teme por los vecinos de las zonas afectadas que no han podido mudarse. “Las autoridades han inspeccionado e inhabilitado varias viviendas, pero hay personas allá que todavía no se salen porque no tienen a donde irse”. 

Salvados por la solidaridad

En la residencia de acogida de la Vivienda Rural de Bárbula hay cinco cuartos llenos de colchonetas donadas: dos en la planta de abajo y tres en la de arriba.

Nadie sabe hasta cuándo permanecerán en esas condiciones. Sin embargo, se mantienen agradecidos por la solidaridad de los habitantes de la zona, los grupos religiosos, las organizaciones sociales y sin fines de lucro. También por voluntarios particulares que han aportado un grano de arena.

Algunos se ofrecen a cubrir el desayuno y el almuerzo de un día. Otros envían alimentos no perecederos y productos de higiene. “Ha venido mucha gente de Guacara, Maracay y Puerto Cabello, gente que ni siquiera conocemos”.

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Deylimar Prado Gallardo, enfermera voluntaria. Foto: Francis Tineo

Aunque las autoridades locales acudieron al lugar a censar a los damnificados y gestionaron consultas médicas y psicológicas, es Deylimar Prado Gallardo, enfermera vecina, quien ha permanecido desde el primer día en casa de los Buye para asistirlos. “He decidido dar mi apoyo desde hacer comida hasta bañar a los abuelitos. Buscamos brindarles una mejor calidad de vida y apaciguar este mal momento que vivieron”.

Requieren vitaminas y medicinas 

Prado Gallardo advirtió que, si bien hasta el momento están abastecidos, no se cierran a los donativos porque saben que se trata de una situación de largo plazo. “Todos sabemos que los donativos van bajando cada día pero ellos van a seguir necesitando ayuda”.

Buye señaló que las necesidades siempre van a cambiando. Esta semana, los principales requerimientos son vitaminas para niños y adultos, además de medicamentos esenciales como analgésicos, antibióticos y antiinflamatorios. Las personas que se encuentren en disposición de ayudar, pueden comunicarse al: 0412-7314449.

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Foto: Francis Tineo

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