La tradición de la visita a los siete templos llenó las calles de la Gran Valencia este Viernes Santo. Desde tempranas horas, familias enteras salieron a cumplir con este recorrido de fe que, más allá de la costumbre, se ha convertido en un acto de encuentro espiritual en medio de la cotidianidad.
En la ruta de los siete templos, el movimiento era constante: algunos caminaban bajo el sol con paso firme, otros optaban por bicicletas, mientras que no faltaban quienes trotaran o recorrieran la ciudad en carro para completar el circuito. La mayoría lo hacía en familia, entre padres, hijos y abuelos, en una especie de peregrinación urbana que unía generaciones.

Vestidos con atuendos morados, con rosarios entre las manos, los fieles avanzaban de iglesia en iglesia. En cada parada de los siete templos, se repetía la escena: velas encendidas, cantos suaves frente al Santísimo y minutos de oración cargados de peticiones y agradecimientos.
Siete templos: una tradición que une fe, familia y esperanza
Dentro de cada templo, el ambiente era solemne. Las filas para entrar se extendían hasta las afueras, evidencia de la gran cantidad de personas que acudieron a cumplir con la visita a los siete templos. A pesar del bullicio exterior, el silencio predominaba en el interior, donde cada quien encontraba su momento de conexión espiritual.
Isabela Fernández, una de las jóvenes presentes, describió la experiencia con emoción: “Las iglesias están llenas porque hay muchas cosas que pedir y también muchas cosas que agradecer. Al ser un país que ha sufrido tanto, siento que al tener tantas bendiciones este año es normal que haya tanta gente”.

Para ella, la visita a los siete templos representa “paz y un acompañamiento de Dios increíble”, además de ser una oportunidad para valorar las amistades y las experiencias vividas. En medio de su oración, pidió especialmente por quienes permanecen detenidos injustamente, con la esperanza de que esa realidad cambie.
Entre plegarias, juventud y anhelos compartidos
Andrea Bienes también formó parte del recorrido de los siete templos y resaltó el valor de la fe como elemento de unión. “Hay mucha gente para darle gracias a Dios porque él ha sido el encargado de reunirnos como familia, como hermanos. Ver los templos llenos de personas clamando fe, alegría y esperanza nos llena el corazón como jóvenes”, expresó.
Para ella, esta tradición de los siete templos también es una guía de vida: un camino que fortalece vínculos y mantiene a Dios como centro. Entre sus peticiones destacó el anhelo de libertad y los reencuentros familiares que muchos venezolanos esperan con ilusión.

Desde el Santuario San Francisco de Asís José Gregorio Hernández, el padre Miguel Romero explicó el significado profundo de esta práctica. Recordó que el Viernes Santo conmemora la muerte de Jesús, pero no como un día de tristeza, sino como una victoria de salvación.
“El recorrido de los siete templos es una hermosa tradición para venerar y adorar a nuestro Señor en la Eucaristía. Es un momento para encontrar paz, ánimo y fortalecer la fe”, afirmó.










