Libros de segunda mano son la opción rentable en una Venezuela con crisis editorial

Fotografía: Armando Díaz

Luis Veronika Sánchez no es una lectora asidua, pero encontró en las ventas de libros de segunda mano y los cambalaches una alternativa rentable para nutrir su biblioteca y la de su abuela.

Las redes sociales se convirtieron en el espacio ideal para ubicar estas ofertas. Sin embargo, en Valencia escasean las opciones para este tipo de mercado.

Sánchez suele visitar las ventas de libros usados de la Fundación Reusamás. “He comprado libros por 10 dólares o incluso por 5”, cuenta.

En varias ocasiones la acompaña un amigo que asume el rol de mentor en sus lecturas. “Él me ha guiado hacia distintos temas y suele invitarme a estos eventos”.

La Fundación Reusamás organiza un evento mensual en el que vende todos sus libros a un dólar, lo que facilita la circulación de títulos. “Una vez gasté 10 dólares y me llevé 10 libros”, recuerda.

Cambalache

En abril, mes en el que se celebra el Día del Libro, el Circuito Éxitos retomó su tradicional cambalache. Sánchez asistió y logró intercambiar ocho títulos.

En ese mismo espacio también participó Bernardo Santos, un joven lector que ha construido una amplia colección, aunque reconoce ser exigente. “Estos eventos son magníficos porque permiten acceder a títulos que ya no se consiguen en librerías, pero muchos libros están amarillentos, manchados o tienen un olor a guardado que me desagrada”.

Fotografía: Armando Díaz

Sánchez comparte esa percepción, pero no le da importancia al aspecto estético. Santos, en cambio, interpreta esas mesas como un reflejo del rezago de las bibliotecas venezolanas, tanto en librerías como en hogares.

La crisis editorial venezolana comenzó alrededor de 2014. Santos recuerda que, ante el alza de precios, inició una compra desesperada de libros, lo que le permitió reunir una colección de más de 200 ejemplares.

Sin embargo, también lanza una crítica directa: “Leer nunca ha sido una prioridad. Importar libros se volvió costoso, pero producirlos es aún más difícil”.

Estancados

La paralización del sector editorial se evidencia en los propios cambalaches. Títulos como Crepúsculo, Narnia y Harry Potter dominan estas mesas. Para Santos, la ausencia de novedades de la última década resulta reveladora. “La gente no accede a libros nuevos. Si no los compra, tampoco puede intercambiarlos”.

La misma dinámica se repite con autores venezolanos. Obras de Shirley Varnagy, Leonardo Padrón e Ibéyise Pacheco aparecen con frecuencia. “Tengo El grito ignorado. Si lo entrego hoy y la próxima semana hay otro cambalache, seguro vuelve a aparecer. Es un reciclaje constante de títulos. Llega a ser aburrido y evidencia la pobreza editorial”, afirma.

Jenny Yu se ha consolidado como una de las libreras más importantes de Carabobo, en un contexto donde muchas librerías tradicionales cerraron tras la crisis económica de 2017. Con Books Flea, una librería-café, logró transformar la relación de los valencianos con la lectura.

Fotografía: Armando Díaz

Yu también organizó su propio cambalache, una semana antes que el Circuito Éxitos, con el mismo objetivo: incentivar la lectura frente a la pérdida de poder adquisitivo. “Mucha gente no puede comprar libros nuevos, pero aquí encuentra ediciones que ya no se reimprimen”, explica.

La librera celebra la respuesta del público. Ya suma cuatro ediciones de este evento. “Fomentamos la lectura y, al mismo tiempo, permitimos que las personas renueven sus libros”, señala.

Yu conoce bien el contexto. Sabe que no todos pueden pagar 20 dólares o más por un libro; algunas ediciones superan los 40. Aun así, logró diferenciar su negocio. No se limita a vender libros: construye una experiencia y una comunidad alrededor de ellos.

El equipo de El Carabobeño ha visitado la librería en tres ocasiones y siempre ha encontrado público, en contraste con otros establecimientos de la ciudad, donde predomina el vacío.

Esa diferencia responde a una estrategia clara: ofrecer más que libros. Yu diseñó un espacio que combina lectura, encuentro y comunidad.

En un país donde muchas librerías desaparecieron, su negocio creció con fuerza. Su inventario supera los 30.000 títulos, de los cuales la mitad corresponde a clásicos: filosofía, autoayuda y literatura universal que considera esenciales. La otra mitad incluye libros del momento. “Son textos que tienen auge por un tiempo y luego pierden interés”, explica.

Fotografía: Armando Díaz

Las series y adaptaciones cinematográficas influyen directamente en la demanda. Yu menciona el caso de Heartstopper: “Ya no la piden tanto”. También cita Cumbres Borrascosas, cuya nueva adaptación, protagonizada por Jacob Elordi y Margot Robbie, impulsó nuevamente sus ventas.

El respaldo de un público mayoritariamente joven sostiene un flujo constante de ventas. Yu distribuye libros no solo en Carabobo, sino en todo el país. Mientras ella ofrece ediciones originales y novedades como Frankenstein, Amanecer en la cosecha o Nacidos de la bruma, otras librerías recurren a copias no autorizadas, un tema que aborda en conversatorios y clubes de lectura.

El poder de la comunidad

La comunidad que ha construido trasciende el espacio físico. Su canal de WhatsApp reúne a más de 1.000 lectores que solicitan títulos y proponen lecturas para debatir. Esto evidencia que el interés por la lectura persiste, pese a la escasez de libros y los altos precios.

La presidenta de la Cámara Venezolana del Libro, Adriana Olivares, interpreta estos esfuerzos como actos de resistencia. Señala que el reto ya no consiste solo en imprimir libros, sino en reconstruir un ecosistema editorial fragmentado. Más que existir, el desafío radica en sostenerse en el tiempo.

El gremio estima que en Venezuela operan alrededor de 100 librerías, una cifra baja frente a países como Argentina, que cuenta con unas 1.600. Solo en Buenos Aires existen aproximadamente 25 librerías por cada 100.000 habitantes.

En los cambalaches, Yu asegura que aún aparecen joyas: primeras ediciones de autores latinoamericanos. Su experiencia como coleccionista le permite identificarlas con facilidad. Sin embargo, lamenta la falta de nuevas ediciones de obras como Ifigenia, Casas Muertas o Doña Bárbara.

“Tenemos una edición de tapa dura de Casas Muertas y Oficina Número Uno, de Miguel Otero Silva, pero es de una editorial española. Resulta irónico tener que importar literatura venezolana”, comenta. También señala la dificultad de acceder a estos libros en el país: “Contamos con ediciones de colección que alcanzan los 60 dólares, pero acceder a nuestra propia cultura escrita sigue siendo complicado. Eso debe cambiar”.

Fotografía: Armando Díaz

Mientras Yu conversa, afuera de la librería se forman filas de lectores que buscan novedades. Entre ellos está Ángel Torres, quien hace tiempo dejó de comprar libros nuevos.

Torres considera que los cambalaches reducen una brecha cultural marcada por los altos precios y la escasez de títulos. “Los libros se convirtieron en un lujo, sobre todo para los sectores más vulnerables”, afirma.

Más allá del estado físico de muchos ejemplares, estos espacios funcionan como un puente entre la lectura y quienes no pueden acceder a ella.

Ante las dificultades para comprar libros nuevos, Torres opta por adquirir ejemplares usados en un puesto de la avenida Bolívar. Para él, no hay muchas alternativas: es eso o no leer.

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Libros de segunda mano son la opción rentable en una Venezuela con crisis editorial

Fotografía: Armando Díaz
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