El 21 de marzo, la presidenta encargada Delcy Rodríguez anunció un Plan Especial de Ahorro Energético de mes y medio, justificado por el "pasaje perpendicular de los rayos solares" que generaba un ciclo de calor extremo en el país. La promesa implícita era que, pasado ese período, la situación mejoraría. El 5 de mayo venció ese plazo. Pero los apagones no solo no desaparecieron: se multiplicaron.
Los bloques de racionamiento que comenzaron en dos o tres horas pasaron de cinco a ocho horas consecutivas sin electricidad al día, y millones de venezolanos siguen quedándose sin servicio sin explicación oficial alguna.
En Carabobo, la realidad que viven los habitantes desmiente cualquier narrativa de recuperación. Los apagones se han vuelto tan predecibles como el amanecer, pero tan impredecibles en su duración y momento del corte que ninguna familia puede planificar su día con certeza.
Carmen Valera, ama de casa del municipio San Diego, no tiene gas desde hace dos meses y aprendió a cocinar antes de las seis de la mañana. "Si no lo hago temprano, no sé si voy a tener luz para preparar el almuerzo", explicó mientras llenaba termos y envases con agua antes de que arranque el corte del día, porque sin electricidad, tampoco hay agua.
Lleva semanas con ese ritual. Sus hijos hacen tareas con calor esperando que esté lista antes de que caiga la noche y con ella, la oscuridad.
En Naguanagua, Miguel Ángel Suárez cierra su pequeño taller de reparación de electrodomésticos cada vez que llega el apagón. "Pierdo entre tres y cuatro horas de trabajo al día. A veces más. Los clientes se desesperan, yo me desespero y al final todos perdemos", contó. Calculó que en lo que va de año ha dejado de producir el equivalente a casi dos semanas completas de trabajo por culpa de los cortes. No tiene planta. No puede pagarla.
Sur de Valencia en protesta por apagones
La noche del martes 5 de mayo, justo el día en que vencían los 45 días del plan de ahorro energético, la indignación acumulada por los apagones desbordó en el sur de Valencia. Decenas de habitantes se concentraron en las inmediaciones de la planta eléctrica ubicada al final de la avenida Ricardo Urriera para exigir el restablecimiento del servicio, que para ese momento llevaba más de 12 horas continuas sin funcionar, muy por encima de los ya inaceptables cinco o seis horas de corte diario que padece la zona habitualmente.
"No tenemos seguridad de cuándo restablecerán el servicio. Hay adultos mayores, niños y personas enfermas sufriendo el calor y la falta de equipos médicos. Además, la comida se nos está pudriendo en los refrigeradores", denunció Lourdes Díaz, habitante del sector Bicentenario. Sus palabras resumen lo que los apagones significan en términos humanos para miles de familias: no es solo oscuridad, es comida perdida, medicamentos arruinados, enfermos sin ventilación y niños que no pueden dormir.
Propuesta para el gobierno
Mientras los apagones se extienden y las protestas se multiplican, el ingeniero Nizar Richani planteó una alternativa técnica con antecedentes comprobados en el propio país: el arrendamiento de barcazas generadoras eléctricas, conocidas como powerships, que funcionan con gasoil o gas y pueden conectarse a la red existente en tiempo récord.
La propuesta técnica es precisa: inyectar entre 600 y 1.200 megavatios al sistema eléctrico nacional mediante unidades flotantes generadoras, suficientes para estabilizar el servicio y eliminar los apagones que hoy paralizan a la provincia.
La infraestructura necesaria ya existe: instalaciones como Planta Centro, Tacoa y Termo Zulia cuentan con muelles y sistemas de suministro de combustible que permitirían la conexión sin construir desde cero. "Venezuela ya ha operado con éxito este modelo en el pasado. No estamos improvisando; estamos rescatando una solución técnica para un país en crisis", señaló el ingeniero.
Lo que falta, advirtió Richani, no es ingeniería sino voluntad política: gestionar la liberación de licencias ante la OFAC, conseguir los recursos para el arrendamiento y tomar la decisión de actuar. "Nuestros hospitales, colegios, comercios y familias no aguantan más excusas", fue su mensaje directo a las autoridades. "Es momento de una justicia territorial eléctrica. Que la energía fluya donde se produce la riqueza del país."
"En la provincia estamos sufriendo tremendamente este racionamiento eléctrico. Ya nos dimos cuenta de que existen ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda a nivel nacional", afirmó Richani, quien ve en la diferencia de trato entre Caracas y el resto del país una fractura estructural que la crisis de apagones ha hecho imposible de ignorar.
"No podemos seguir aceptando que mientras la capital vive en una burbuja, la provincia venezolana sea castigada con racionamientos que asfixian nuestra economía y destruyen nuestra calidad de vida."
Los 45 días del plan de ahorro energético pasaron. Los apagones siguen. Y el país espera una respuesta que, hasta ahora, no llega.









