La incertidumbre se ha convertido en la nueva rutina de más de 200 familias desalojadas de los edificios de Colinas de Mara, en el municipio Juan José Mora de Carabobo, tras los terremotos del pasado 24 de junio. Mientras esperan los resultados de las inspecciones estructurales, muchos aseguran que el único refugio habilitado no ofrece condiciones adecuadas para permanecer allí junto a niños, adultos mayores y personas con problemas de salud.
Algunos vecinos han optado por dormir en casas de familiares o amigos. Otros continúan pernoctando en las inmediaciones de los edificios para resguardar las pocas pertenencias que lograron sacar de sus apartamentos.
Ángela Roa, habitante del cuarto piso de uno de los bloques afectados, recordó el momento en que ocurrieron los movimientos telúricos.
“Fue horrible. Estábamos en un rezo de un vecino fallecido y gracias a Dios estamos vivos porque logramos salir. Estos apartamentos se movieron muchísimo. Quedamos sin vivienda. Este era nuestro refugio y ahora no tenemos para dónde ir”, relató.
La mujer aseguró que, aunque han recibido apoyo de voluntarios provenientes de distintos estados del país, las autoridades aún no les han informado cuál será el destino de las familias afectadas.
“Dicen que hay una escuela como refugio, pero ¿dónde están las condiciones? Nosotros somos humanos. Necesitamos que alguien nos diga qué va a pasar con nosotros”, expresó.
Refugio improvisado y sin respuestas sobre reubicación
Luis González, otro de los vecinos desalojados, recordó que se encontraba bañándose cuando ocurrió el terremoto.
“Todavía seguimos en shock. Tengo 63 años y nunca había vivido algo así. Fue horrible para nosotros los morenses”, afirmó.
Aunque reconoce que algunas autoridades municipales han visitado la zona, asegura que hasta ahora no existe información concreta sobre una posible reubicación.
“El refugio está en el colegio Jesús Manuel Subero. Algunas personas se están quedando allí, otros estamos en casas de familiares. Pero no hay una respuesta sobre si nos van a reubicar en viviendas o cuál será la solución definitiva”, señaló.
González indicó que solamente en el bloque donde reside hay unas 40 familias afectadas, mientras que en todo el complejo habitacional la cifra supera las 200 familias y más de 600 habitantes.
Además, explicó que las autoridades están a la espera de nuevos estudios técnicos que determinen si las edificaciones pueden ser habitadas nuevamente o si deberán ser desocupadas de forma permanente.
“Nos han dicho Protección Civil y los Bomberos que por ahora no podemos estar allí. Estamos esperando la evaluación definitiva de los ingenieros”, agregó.
Habitantes temen regresar a edificios con daños estructurales
Ender Roa, residente del bloque tres, aseguró que logró evacuar junto a sus hijos y nietos antes de que ocurriera una tragedia mayor.
“Gracias a Dios no pasó una tragedia. Las columnas están agrietadas y abombadas. Estos edificios tienen 52 años y se sienten muy deteriorados”, explicó.
El vecino relató que pasó unas horas en el refugio habilitado por las autoridades, pero decidió abandonarlo debido a las condiciones encontradas.
“No voy a hablar mal de nadie, porque sé que quieren ayudar, pero faltan muchas cosas. Esa primera noche me fui al refugio y a las dos de la mañana regresé a buscar un colchón. A las cuatro de la mañana ya estaba otra vez aquí”, comentó.
Según Roa, la principal preocupación de los habitantes es que especialistas ya han advertido sobre la fragilidad de las estructuras.
“Un perito en edificaciones dijo que esto está muy comprometido. No sabemos si se va a caer hoy o mañana, pero sí sabemos que es peligroso permanecer aquí”, sostuvo.
Mientras esperan una respuesta oficial, los vecinos continúan retirando algunas pertenencias bajo su propia responsabilidad y organizándose entre familiares y amigos para conseguir alojamiento temporal.
“Lo material se puede recuperar. Dios nos dio una segunda oportunidad de vida. Lo que necesitamos ahora es orientación y una solución para todas estas familias que se quedaron sin hogar”.









