El fin de semana pasado asistí a un evento en Margarita, auspiciado por las cuatro Cámaras Municipales democráticas de la isla: Mariño, Arismendi, Maneiro y Marcano, en homenaje al 110 aniversario del natalicio de Rómulo Betancourt. Ese acto solemne, donde tuve el privilegio de ser el orador de orden, fue presidido por el Gobernador del Estado Nueva Esparta Alfredo Díaz y los Presidentes de las cuatro Corporaciones citadas, quienes estuvieron acompañados por el Diputado a la Asamblea Nacional y Secretario General de AD, en esa entidad, Tobías Bolívar. También estuvieron, en el Presidium del acto, el Alcalde del Municipio Maneiro, Morel David Rodríguez Salcedo y ese luchador incansable que es el legislador regional Francisco Narváez. Allí fui presentado por el Dr. César Malavé Carvajal, con quien quedaré eternamente agradecido por sus palabras elogiosas para con el homenajeado, que bien las merece, pero también para el orador, con quien exageró en generosidad. Esta fue la parte alegre de la visita.

La parte dolorosa la experimenté al recorrer la isla con el gobernador Alfredo Díaz, porque él no quiso hacer turismo, sino llevarme a observar el cúmulo de calamidades que se ha encontrado para ejercer su cargo. Quedé impresionado con el recorrido por las principales avenidas de Porlamar, donde hasta hace poco tiempo casi no se podía caminar por el gentío, integrado por turistas nacionales y extranjeros, que se disputaban los artículos que allí se vendían y hacían prosperar la isla. Hoy día, las avenidas Santiago Mariño y 4 de Mayo, parecen las calles de un pueblo abandonado del viejo oeste americano. Casi todas las tiendas de marcas famosas han cerrado sus puertas y las pocas que abren lo hacen hasta las 3 de la tarde, por el terror-pánico que les produce la delincuencia desatada en la zona. Mientras que la policía la tiene intervenida el poder central y los pocos agentes policiales que quedan siguen ganando sueldos miserables.

Después fui con Alfredito, como lo llaman todos sus paisanos, a visitar el Mercado de Pescadores de Porlamar, situado a la orilla del mar. Allí presencié un espectáculo dantesco: a la llegada de los pescadores, de su faena del día, pude ver la presencia masiva de gente del pueblo mendigando sardinas, arrimándose con timidez a las lanchas con sus pequeños tobos, para obtener el único alimento que consiguen para ellos y sus familias. La solidaridad de los pescadores donando parte de su trabajo, la del Gobernador quien, cuando puede, compra pescado para ayudar a su gente y, en contrapartida, el agradecimiento emocionado del pueblo, al recibir la ayuda de sobrevivencia, me conmovió hasta las lágrimas.

Es que a la crisis que sufrimos todos los venezolanos se unen, en Margarita, los problemas derivados de la insularidad. Margarita tiene una precaria comunicación con tierra firme, mientras lo poco que se produce no alcanza para mantener a toda la población. Y éste gobierno, que es una especie de Rey Midas al revés, acabó con la empresa Conferri al confiscarla y, de ocho ferrys, que hacían el trayecto a tierra firme, hoy quedan solo dos operativos y a cada momento se paran, por falta de aceite o repuestos. Compraron y vendieron ferrys con corrupción descarada y este es el triste resultado. Por su parte, las líneas aéreas han reducido los vuelos, significativamente, colaborando al aislamiento de los margariteños. Toda esa tragedia colosal, la pude constatar cuando la gente del pueblo, indignada, lanzaba al aire sus “carnets de la patria” y otros nos los entregaban, porque al chantaje populista no quieren añadirle la humillación de su dolor.

Sin embargo, en medio de aquella tragedia, todavía podíamos reír con la picardía de los margariteños y sus expresiones, al devolver los fulanos carnets, con sus recomendaciones de qué hacer con los mismos. Es que todo ese dolor se sobrelleva, con la alegría innata de un pueblo que se resiste a morir, el mismo que jura seguir luchando para salir de esta pesadilla.

Ese espíritu me lo corroboró un venezolano de excepción, cuando lo visitamos en su casa-prisión, Braulio Jatar Alonso, nacido en Chile cuando su padre Braulio Jatar Dotti fundador de AD, estaba exiliado durante la dictadura de Pérez Jiménez. Braulio adoptó a Margarita como su hogar hace años y es el único preso político de la isla, cuyo juicio es el más famoso del país por su absurda injusticia, pues pasó ocho meses en una cárcel y lleva nueve meses sin poder salir de su casa por una medida sustitutiva, tan absurda como todo el calvario de su prisión. Acusado falsamente por la Fiscal Ortega, con un testigo inexistente y otro indigente, que no conoce la isla. Preso, por el único delito de ser cuñado de Ricardo Haussman. Decía que Braulio me corroboró el espíritu de lucha y resistencia de los margariteños, porque no se doblega, pues con el coraje heredado de su padre decidió no seguir asistiendo a unas audiencias judiciales infames, que pretenden continuar un proceso irreal, inventado por una Fiscal que ya no está, por la gracia de Dios.

Hay dolor en Margarita, pero como diría otro margariteño talentoso y valiente, Luis Beltrán Prieto Figueroa: hay “un mandato ineludible” en el espíritu alegre y luchador de los margariteños y ese mandato está intacto, alrededor de ese muchacho del pueblo que sufre y lucha al lado de su pueblo, como lo es Alfredito Díaz. Con ese espíritu indomable de los margariteños, al lado de su joven y nuevo líder, podemos decir que, a pesar de todas las adversidades, ¡sí hay futuro, en la isla de las perlas!

aecarrib@gmail.com

@EcarriB

 




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