Hay un desgaste físico y emocional acumulado en el personal de enfermería de Carabobo. Décadas de trabajo y la promesa de una vejez digna parecen diluirse al mismo ritmo que la economía y las condiciones laborales dentro del sistema público de salud. Por ello, este 27 de mayo, enfermeros provenientes de los 14 municipios del estado volvieron a protestar en Valencia para exigir condiciones dignas.
Pero hablar de condiciones dignas dentro de la realidad sanitaria de Carabobo se ha convertido en un concepto mucho más amplio que un simple aumento salarial. También implica contar con instalaciones adecuadas, insumos, áreas de descanso funcionales y hospitales y ambulatorios capaces de responder a las necesidades de los pacientes incluso en las zonas más apartadas de la entidad.
Durante 38 años de servicio Silvio Antonio Rodríguez nunca había sentido que su trabajo eran tan despreciado como lo es en la actualidad. Lleva largo tiempo activo en el Hospital Universitario Dr. Ángel Larralde, pero también ha sido enfermero en el Miguel Malpica de Guacara o en el de San Joaquín.
Considera que con todo lo vivido se han vuelto guerreros, porque a su juicio echar para adelante con el sueldo actual es de guerreros. Admite que están pasando hambre y por eso sale a protestar porque no quiere que las familias de los enfermeros vivan en un futuro similar.
Rodríguez no es solo licenciado en enfermería, es doctor, postdoctor con títulación en el extranjero y con cinco maestrías. Sin embargo en el escalafón es enfermero III. “He pedido ascensos y me dicen que eso no se le da a nadie y que el que no quiera trabajar que se vaya”.
Rodríguez cuestionó además las condiciones internas dentro del sistema de salud y señaló presuntas irregularidades en el manejo del personal. Lleno de valor denuncia que recursos humanos existen compadrazgos. "No tengo miedo de decirlo. Estamos haciendo de tripas corazón porque queremos sacar adelante al hospital y al cuerpo de enfermeros, pero necesitamos un trato digno y humano”.
El deterioro salarial y la sobrecarga laboral son dos de las principales preocupaciones expuestas durante la protesta. Los trabajadores aseguran que la escasez de personal obliga a que una sola enfermera atienda hasta 45 pacientes por turno. Así le ocurre a Daniela Alvarado quien siente que el gremio vive pisoteado en todos los aspectos por el gobierno. Su petición es que puedan darle calidad de vida a su familia, pero sus ilusiones se destruyen cuando ve que su salario no rinde ni para un cartón de huevos.
La enfermera explicó que la falta de personal afecta directamente la calidad de atención que reciben los pacientes. La realidad es que en la mayoría de los hospitales carabobeños impera un mandato de cantidad por encima de calidad pero Alvarado no se da abasto en su turno de trabajo y calcula que para las magnitudes que se atienden el número de enfermeras debería ser de al menos 20, cada una cubriendo a cuatro pacientes.
“Aquí en emergencia somos apenas unos pocos colocando tratamientos y vias a decenas de personas. Esa no es la únic atención que damos. Un paciente necesita ser escuchado y atendido con tiempo”.
Alvarado aseguró que las jornadas terminan siendo física y emocionalmente agotadoras y a sus 52 años su cuerpo lo reciente porque llegar a casa es una nueva jornada, pero esta vez como madre. SIn contar que los cortes eléctricos son una nueva realidad que la atormentan, mientras la realidad de escoger entre comer proteínas o carbohidrato la destruye de a poco.
El eje occidental en crisis
Estas realidades son la voz de muchos y Grecia Malpica habla por el Hospital Distrital de Bejuma. Ella denunció las condiciones de infraestructura y la paralización de servicios dentro del centro asistencial, pero los espacios para las enfermeras le preocupan, y mucho. Ella lo dice sin tapujos. “Las áreas de descanso son deprimentes. Los baños están dañados y las áreas donde se pernocta no cuentan con los servicios necesarios. Le pedimos al gobernador que se avoque a la realidad del hospital de Bejuma”, señaló.
Malpica aseguró que servicios como cirugía y pediatría llevan tiempo paralizados, situación que mantiene colapsada la emergencia. Entonces, eso da pie al hacinamiento porque hay exceso de pacientes y escasez de enfermeras. A ella le gustaría que así como tantos pacientes critican su labor en la protesta los mismos pacientes las apoyaran. "Necesitamos que entiendan que trabajamos sin dotaciones, con salarios indignos y horarios extenuantes”.
La enfermera relató además las dificultades personales que enfrentan muchos trabajadores del sector salud para acceder incluso a exámenes médicos o medicamentos.
“Somos madres, padres y también vivimos esta crisis. Cuando necesitas una resonancia, una ecografía o medicamentos tienes que batallar. Uno ve morir niños por falta de recursos y eso duele profundamente. Seguimos trabajando por vocación y porque sabemos que la salud es lo último que se puede perder”.
Al hacer esta denuncia Malpica hace un parado para no soltar lágrimas y su rostro se enrojece.
Pero el dolor permanente que viven las enfermeras es denso y profundo al punto que desde Insalud no hay consideraciones cuando algún trabajador vive una dolencia o enfermedad crónica como le ocurrió a María Briceño del ambulatorio Pérez Carreño de Montalbán.
Dice sentirse burlada porque en el Seguro Social de Naguanagua hay enfermeras con discapacidades que no pueden seguir laborando y necesitan ser declaradas como incapacitadas, pero la respuesta que Briceño recibió fue tajante. "O te reintegras o renuncias".
Briceño padece un edema macular y retinopatía que afecta severamente su visión. Ella trabaja en el turno nocturno y como solución la querían pasar al área administrativa en la mañana. “Yo no quiero convertirme en un estorbo, ni cometer un error que después termine perjudicándome. Con la salud del personal no se juega”.
La respuesta fue la misma lo que enfurece a Briceño porque ella sabe que ante una mala praxis Insalud no velará por ella en Tocuyito, en referencia a el penal.
Otras enfermeras soltaron su rabia en la marcha como Bertha Ramírez porque lo que ven en el sector es una falta de gerencia, y lo dice con propiedad. Ella gerenció el Hospital Distrital de Bejuma, pero también gerenció todo el eje occidental de Carabobo. "Lo digo con toda la propiedad. No se necesita arremeter contra el personal". Se lo dice a otra colega que ha orquestado ataques y le recuerda que a pesar del daño cuando las situaciones se reviertan ella como gremio la defenderá.
Una de las áreas que más le preocupa a nivel de salud es el Ambulatorio de Canoabo en la localidad del mismo nombre. Ahí hay tres turnos, pero en ninguno hay médicos activos, solo enfermeras que hacen las funciones de todos los ausentes. Cubren todos los riesgos.
El escenario de esas trabajadores da miedo dice Bertha Ramírez porque algo tan sencillo como ambulancias no existe. Muchas viajan desde Valencia y pueden tardar unos 45 minutos en llegar un tiempo de oro que se pierde si hay una emergencia. En casos así las ambulancias son camionetas, carros particulares y hasta motos costeadas por familiares de afectados y si llega alguna Ramírez dice que están en malas condiciones. "Hasta el GPS lo tienen malo y terminan en Puerto Cabello".
Si ya esto es grave, la falta de insumos es mucho peor. En casos de infarto no hay nada que hacer. Ramírez sabe bien que los primeros 30 minutos de un ataque al corazón son vitales para la supervivencia del paciente, pero están de manos atadas.
Con irreverencia le dice al gobernador, Rafael Lacava que en sus viajes de turismo a los valles altos de Carabobo vaya para el Hospital de Bejuma. Este, tiene cinco años con su estructura dañada. "El servicio de Pediatría, se combina con el de Maternidad y Cirugía y además el área de los niños es un nido de palomas todos en la misma zona. Eso no es calidad y las cirugías están con las neumonías y las traumatologías porque hay un solo piso, porque no se sabe con la otra ala y así han pasado cinco años".
Las infecciones nosocomiales han subido dice con molestia mientras denuncia que un paciente posoperatorio dura tres días en recuperación cuando lo máximos son cuatro horas porque corre riesgo de contaminarse. Lo que la lleva a preguntarse en dónde está epidemiología y sus cifras correspondientes. "Qué las saquen para que sepamos que la mayoría de los pies amputados fueron por un cruce de infecciones, porque quirófano no fue bien esterilizado".
Estas denuncias llevaron a muchas colegas de Ramírez a ser despedidas por ser rebeldes al sistema, "Una persona de unos 60 años le querían poner una malla abdominal con anestesia local. ¿Ustedes se imaginan eso? La gente firma porque no saben lo que eso significa y denunciar eso hizo que botaran a una colega. No les importa que esa paciente se muriera luego de un infarto por el dolor".
Mientras tanto en la Unidad de Neonatología solo quedan tres incubadoras de dudosa calidad y expuestas a contaminación por aguas negras que se devuelven. "Esto no puede ser. No estudiamos para esto. No para que nos callen la boca. Miranda tiene mucha estructura pero le falta el talento humano. Eso no se compra, se hace con años de experiencias. Yo quisiera decir que me voy a vivir mis años dorados y que el legado será una nueva generación, pero no lo hay. Son personas que no saben la anatomía, no conocen el torrente sanguíneo. ¡Como cipotes harán eso pobrecitos los niños y los pacientes!"









