"No tenemos", esa fue la primera frase que escuchó Keyber Irigoyen luego de hacer su búsqueda de la vacuna toxoide. Tenía fe en que la encontraría porque en su viaje de La Guaira a Valencia una médico que iba en su autobus le aseguró que eso se encontraba en todos los Centros de Diagnóstico Integral.
Aquello le generó cierta extrañesa puesto que la media en los centro de salud pública es el desabastecimiento, pero decidió confiar. La mujer llevaba en su franela el símbolo de Carabobo te Quiero, eso le dio aún más confianza.
La primera vez que escuchó de la necesidad de la vacuna fue en los preparativos para el viaje. Fue algo rápido, nada realmente programado en el tiempo, sino más bien una invitación que salió en menos de 12 horas.
"¿Tienes la toxoide?", le preguntó una médico, a lo que respondió que no y ante esta negativa le advirtieron que debía tener cuidado, principalmente porque como periodista tendría que meterse entre los escombros en donde rescatistas de todo tipo llevan horas, días e incluso semanas.
El toxoide es, en esencia, una toxina bacteriana que ha sido sometida a un proceso de "domesticación". Mediante el uso de calor o agentes químicos, como el formol, los científicos logran despojar a la toxina de su capacidad de enfermar (su toxicidad), pero manteniendo intacta su estructura molecular.
Es decir, el toxoide conserva su "apariencia" ante el sistema inmune, pero pierde su letalidad.
El entrenamiento del sistema inmune
Cuando un toxoide se administra en forma de vacuna, el cuerpo lo reconoce como un invasor, pero al no ser tóxico, el organismo no desarrolla la enfermedad. Este encuentro es, en realidad, un entrenamiento estratégico:
Las vacunas basadas en toxoides son indispensables hoy en día y suelen formar parte de esquemas de inmunización combinados. Es común encontrar toxoide tetánico y diftérico en preparaciones como la DTaP o la Tdap, que protegen contra múltiples enfermedades con una sola aplicación.
Irigoyen no recuerda la última vez que le colocaron el refuerzo, por lo que para evitar cualquier incidente indeseado quiso buscar una vacuna. Al vivir en San Diego acudió al ambulatorio ubicado en el pueblo de la localidad.
Él iba confiado pero lo primero que le dijeron no fue solamente que no tenían, sino que debía ir a un CDI en Campo Carabobo, porque ahí muy probablemente encontraría.
La respuesta fue como una cachetada. El CDI que la enfermera le recomendó queda a 42 kilómetros del ambulatorio de San Diego, así lo evidencia la plataforma Google Maps.
A diferencia de lo que muchos pudieron haber hecho, el fue a la farmacia más cercana del ambulatorio y compró la vacuna. "Fueron $13", lo que siguió fue ir al Hospitalito de San Diego para que se la colocaran. Ahora dice sentirse más seguro ante un futuro viaje.
Un recorrido que no debería existir
En teoría, conseguir un toxoide antitetánico debería ser uno de los procedimientos más sencillos dentro de la red pública. La vacuna forma parte de los biológicos esenciales utilizados diariamente en servicios de emergencia para atender personas que sufren heridas con riesgo de contaminación.
En la práctica, la realidad es distinta. Pacientes consultados relatan recorridos por distintos municipios intentando encontrar una dosis disponible. Algunos visitan hasta cuatro o cinco centros asistenciales durante una misma mañana.
La incertidumbre obliga a tomar decisiones rápidas. Hay quienes acuden inmediatamente a clínicas privadas. Otros simplemente regresan a sus casas esperando que aparezca una nueva distribución.
Cuando el tiempo juega en contra
La urgencia no responde únicamente al dolor provocado por una herida, en el caso de sufrirla. El problema es biológico. El tétanos es una enfermedad causada por la bacteria Clostridium tetani, presente de forma natural en el suelo, el polvo y materiales contaminados.
Cuando sus esporas ingresan al organismo a través de una lesión pueden liberar una toxina que afecta el sistema nervioso, provocando espasmos musculares intensos, rigidez progresiva y dificultades respiratorias que, sin tratamiento oportuno, pueden causar la muerte.
Por esa razón, la aplicación del toxoide forma parte de los protocolos médicos internacionales para personas con heridas de riesgo cuyo esquema de vacunación no está completo o requiere refuerzo. Cada hora cuenta. Mientras más rápido se administre la vacuna, mayores son las posibilidades de prevenir el desarrollo de la enfermedad.
El desabastecimiento también tiene consecuencias invisibles
La ausencia del biológico produce un efecto que pocas veces aparece en las estadísticas. Genera ansiedad. Así lo explicó Tatiana Bermúdez, una mujer que cambió su identidad porque no quiere verse comprometida de manera pública. Ella salió a la 1:45 pm de su casa a llevar a una amiga a una diligencia. Mientras tanto recorrió cuatro CDI entre Valencia y Naguanagua. En todos le dijeron que no había.
La primera parada la hizo en el CDI La Begoña. Ahí Bermúdez reporta que lo primero que le llamó la atención era que el edificio principal del CDI estaba presintado, así que tuvo que ir a un edificio contiguo.
Preguntó por la vacuna y una enfermera se le acercó y le dijo que en ese CDI no tenían la toxoide. "Me dijo que ellos no contaban con departamento de inmunización y por ende me tocaba buscar".
La trabajadora le preguntó las razones para colocárselas a lo que respondió que iría pronto a La Guaira y quería contar con el refuerzo. Además de no recordar la última vez que se la puso. Tiene 63 años y no quiere arriesgarse a una enfermedad por ningún motivo.
Antes de retirarse, a Bermúdez le dijeron que esperara. "Para que no estés dando tanta vuelta deja que te llame porque seguramente no sabes a donde tienes que ir".
La enfermera sacó su teléfono y llamó a un primer número. No atendió. El segundo, si lo hizo y desde el parlante si escuchó las ubicaciones. "Hospital Carabobo", "un centro subiendo hacia Colinas de Paramacay" y un CDI en La Cidra".
Sin embargo el primer problema apareció en lo que colgaron la llamada. Por un lado estos centros solo colocan la vacuna en el turno de la mañana. Ante la pregunta de Bermúdez, la enfermera solo respondió que en ningún CDI funciona el turno de la tarde o es muy raro que lo habiliten.
"Es ilógico, como si la salud solo entiende de turnos". Bermúdez se volvió a indignar porque le aclararon que debía vacunarse a partir del lunes, porque los fines de semana tampoco vacunan.
Sin embargo agradeció la información y se fue al CDI La Trigaleña. Ahí al llegar se topó con una recepción vacía y un centro deteriorado y oscuro. "Parecía como de película de terror". Aunque recorrió todo el centro no encontró a nadie, sino hasta que abrió la puerta de doble ala de hospitalización. Ahí encontró a una enfermera y a un paciente en la cama del fondo.
La pregunta fue la misma y la respuesta igual, pero con un añadido que redimensiona el problema. No solo no tenían, sino que las mismas hace poco más de una semana habían sido retiradas por estar vencidas. "Nosotros no podemos poner un material vencido, no te puedo decir cuántas eran y en teoría pronto deberían traer las nuevas".
Antes de irse la enfermera le recomdó irse al CDI La Manguita. "Seguramente ahí encontrarás". Ella le hizo caso, pero ya tenía las esperanzas mermadas y en este caso la respuesta también se repitió. "No tenemos, y no te sabría decir desde hace cuánto no tenemos, tampoco te podría decir cuándo llegan".
Así como Irigoyen, Bermúdez pasó por dos reconocidas cadenas de farmacia de la ciudad. En ninguna tenían a la venta toxoide y en la primera de ellas le dijeron que era muy raro que una farmacia vendiera eso. Sin embargo, Irigoyen si tuvo suerte de comprarla
Más que una vacuna
La falta del toxoide refleja una cadena de dificultades que afecta el abastecimiento de insumos esenciales en distintos niveles del sistema sanitario. Cada vacuna ausente representa un eslabón roto dentro de un programa preventivo que debería funcionar de forma continua. No se trata únicamente de atender emergencias.
Recientes denuncias lideradas por Carlos Trapani, coordinador general de Cecodap, pusieron en evidencia una circular oficial que formaliza la gestión de la escasez de biológicos en el país. El planteó serios interrogantes sobre la protección inmunológica de los niños y adolescentes.
La polémica se centra en una circular emitida el pasado 29 de mayo por el Viceministerio de Redes de Salud Colectiva. Bajo el argumento de la "optimización del uso de vacunas disponibles", el despacho oficial, liderado por la viceministra Magda Mara Magris, instruye medidas restrictivas sobre el suministro de vacunas esenciales: BCG, pentavalente, toxoide tetánico-diftérico y SRP (sarampión, rubéola y parotiditis).
La directriz es clara y preocupante para los especialistas: En el caso de la SRP: Se limita la aplicación exclusivamente a primeras dosis, postergando indefinidamente el esquema de refuerzo. Sobre la Pentavalente: Se aplica un esquema similar, priorizando dosis iniciales ante la limitada existencia de biológicos. En cuanto a la BCG:, se reduce el número de centros de atención, obligando a una concentración de pacientes para mitigar el desperdicio.
El riesgo de la vulnerabilidad prolongada
Para Carlos Trapani, la narrativa de la "eficiencia" es un eufemismo que oculta una realidad alarmante. “Esta circular no trata sobre optimización, trata sobre cómo administrar la escasez de vacunas”.
El punto medular de la preocupación radica en el factor tiempo. Si bien los expertos reconocen que diferir una dosis no anula per se la eficacia del biológico, el retraso sistemático en los calendarios de vacunación prolonga los periodos de vulnerabilidad de los infantes. Al no completar los esquemas (especialmente en enfermedades de alta incidencia), disminuye la inmunidad colectiva necesaria para prevenir brotes.
Trapani subraya que enfermedades como la difteria, el sarampión o la tos ferina no solo son prevenibles, sino que, de no ser controladas, pueden derivar en complicaciones severas, secuelas de discapacidad o consecuencias fatales.
La advertencia de Cecodap es contundente: la solución a la crisis no puede ser la normalización de la escasez. Mientras el sistema de salud intenta maniobrar con los recursos actuales, el costo de estas decisiones podría pagarse en el futuro con la salud de los sectores más vulnerables de la población venezolana.
La interrogante que queda abierta para las autoridades sanitarias es cómo recuperar las coberturas necesarias para evitar que un retraso administrativo se transforme en una crisis epidemiológica irreversible.









