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Desde una visión  circular, en la familia como en cualquier sistema, lo que le pase a una de las partes  afecta el resto. Cuando un familiar emigra  el impacto emocional es para el que se va y para los que quedan.

Para los padres la sensación de nido vacío se adelantó al tiempo deseado, dolor, tristeza, rabia, sensación de pérdida.  Y para el que se va la incertidumbre del cambio, las polaridades verbalizadas: “Estoy feliz porque me voy, pero dejo mi corazón” Lo que trae consigo inseguridad al asumir el reto, acompañado de  nostalgia, añoranza y tristeza.

La invitación como terapeuta familiar, ha sido construir nuevas formas de vincularse en la distancia.

Qué resta:

Evadir hablar de lo que se siente y disfrazarse de lo que no se siente: “Me tengo que hacer el duro que mi mamá no se preocupe” “Jamás le diré a mi hijo que lo extraño”.

  • Descalificar la decisión de irse y la de quedarse: “Es que no entiendo cómo es que se le ocurrió esa idea loca de irse tan lejos” “Quién te mando a irte, ahora  asume tu barranco” “Mi mamá debería hacer lo mismo que yo, emigrar”.
  • Irrespetar las jerarquías familiares.
  • Intentar reemplazar el lugar del familiar que se fue con el de otro.
  • Reforzar debilidades y peor, si están teñidas de pensamientos catastróficos: “Es que no va a poder sin mí” “y esta última aplica para padres, madres e hijos “Es que mi papá  no va  saber resolver si yo no estoy con él”. “Yo te lo dije hija, es que tú eres terriblemente tímida y   débil, no podrás nunca con eso”.
  • Generar vínculos tan estrechos que no permitan el espacio de cada una de las partes: “Es que nosotros hablamos por video-llamada casi todo el día”
  • Culpar al otro del sentir que se genera a partir de la separación.

Qué suma:

  • Comunicar lo que cada uno de los integrantes de la familia siente, y más si es una manifestación de afecto.
  • Fomentar la escucha  sin juicio. Juzgar genera distanciamiento y hace todos se rearmen en una postura defensiva. A veces solo necesitamos acompañarnos desde la escucha.
  • Respetar las jerarquías. Los padres seguirán padres así seamos adultos.
  • Hacer consciente que en la familia cada persona tiene su lugar. Si un hijo(a) se fue no se le puede reemplazar con otra persona.
  • Reforzar en el verbo los recursos que cada integrante tiene para lo que está viviendo. Cuáles son los talentos que tiene tu hijo, tu pareja, tu hermano? ¿Qué es lo que más admiras de tu familia?
  • Fomentar el respeto por la diferencia. Tomar decisiones diferentes a las que han tomado la mayoría en la familia a veces genera conflicto, dejando de ver que esos cambios pueden traer nuevas oportunidades, dinámicas más nobles, alivio, aprendizajes.
  • Respetar la individualidad de cada uno
  • Asumir el estado emocional propio con responsabilidad y si no lo quieres hacer sin ayuda, para eso estamos los terapeutas.



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