Las organizaciones internacionales FAO, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), elaboraron un documento conjunto donde concluyen que el hambre continúa disminuyendo lentamente en América Latina y el Caribe. Sin embargo, alerta que el mundo sigue lejos de cumplir el Objetivo de Desarrollo Sostenible de Hambre Cero para 2030.
El Nacional publica el documento en el que se señala que en el caso venezolano, la principal mejora se observa en la prevalencia de la subalimentación. Según las estimaciones del organismo, la proporción de personas que padecen hambre pasó de 7,8% entre 2004 y 2006 a 5,3% en el período 2023-2025. En términos absolutos, esto representa una reducción de aproximadamente 2,1 millones de personas subalimentadas a 1,5 millones.
La FAO señala además que Venezuela fue incluida entre los 78 países priorizados para la actualización de las hojas de balance de alimentos hasta 2024. Esta revisión técnica permitió mejorar las estimaciones sobre disponibilidad alimentaria y calcular nuevamente los indicadores de hambre.
FAO reporta menos hambre en Venezuela
Aunque estos datos reflejan una evolución favorable respecto a dos décadas atrás, el organismo insiste en que la subalimentación constituye apenas uno de los componentes de la seguridad alimentaria. La nutrición adecuada depende también del acceso económico a alimentos saludables, de su diversidad y de la capacidad de los sistemas alimentarios para garantizar dietas equilibradas.
Pese a la reducción observada, Venezuela mantiene una prevalencia de subalimentación superior a la de buena parte de América del Sur. Mientras el país registra una tasa estimada de 5,3%, el promedio sudamericano se ubica en 3,5% y el de América Latina y el Caribe en 4,8%.
La diferencia resulta más evidente al comparar las cifras con algunos países vecinos. Brasil y Guyana presentan niveles inferiores a 2,5%, mientras Colombia registra 4,1%. Perú, por su parte, reporta una prevalencia ligeramente superior, de 5,7%.
No obstante, la situación venezolana dista considerablemente de la observada en el Caribe, donde la prevalencia de la subalimentación alcanza 16,6%, la más alta de todas las subregiones analizadas por la FAO.
Estos resultados muestran que, aunque Venezuela ha logrado disminuir el hambre respecto a años anteriores, todavía enfrenta un panorama más complejo que el promedio de Suramérica.
Los datos también evidencian que la recuperación del acceso a los alimentos no necesariamente implica una mejora equivalente en la calidad de la alimentación. El propio informe insiste en que la seguridad alimentaria debe analizarse desde una perspectiva más amplia que incluya la nutrición y la capacidad de las familias para acceder a dietas saludables.
La ausencia de datos limita una evaluación completa
Uno de los aspectos que más llama la atención del informe es que Venezuela continúa siendo uno de los pocos países de América Latina para los cuales no existen estimaciones oficiales en varios indicadores fundamentales sobre seguridad alimentaria.
La publicación no presenta cifras para el país sobre la Escala de Experiencia de Inseguridad Alimentaria (FIES), utilizada internacionalmente para medir la proporción de personas que enfrentan inseguridad alimentaria moderada o grave a partir de sus propias experiencias.
Tampoco dispone de información sobre el costo diario de una dieta saludable ni sobre el porcentaje de la población que no puede permitirse adquirirla, indicadores considerados esenciales para comprender el acceso real a una alimentación adecuada.
Mientras países como Colombia reportan una prevalencia de inseguridad alimentaria moderada o grave de 28% y Perú de 33,6%, Venezuela permanece sin estimaciones oficiales en esta categoría.
La misma limitación ocurre con el costo de una dieta saludable. El informe recuerda que América Latina y el Caribe sigue siendo la región donde una alimentación saludable resulta más costosa del mundo, con un promedio de 4,91 dólares diarios medidos en paridad de poder adquisitivo (PPA). Sin embargo, Venezuela, junto con la Guyana Francesa, son los únicos territorios suramericanos sin información disponible para este indicador.
La FAO explica que estas brechas pueden responder a distintos factores, entre ellos la falta de encuestas actualizadas, limitaciones técnicas, dificultades de financiamiento para los sistemas estadísticos y los procesos de validación institucional que requieren las estimaciones antes de su publicación.
El organismo advierte que la ausencia de información limita la formulación de políticas públicas, ya que dificulta identificar con precisión cuáles grupos de población enfrentan mayores riesgos y en qué territorios se concentran las principales necesidades alimentarias.
La reducción del hambre no elimina otras formas de malnutrición
La FAO recuerda que el hambre representa solo una de las manifestaciones de la inseguridad alimentaria. Paralelamente pueden coexistir otras formas de malnutrición, como la anemia, el sobrepeso, la obesidad o las deficiencias de micronutrientes.
En Venezuela, precisamente, varios de estos indicadores muestran una evolución menos favorable que la observada en la prevalencia del hambre. El informe refleja un deterioro nutricional que afecta principalmente a mujeres y niños, considerados por el organismo como los grupos con mayor vulnerabilidad frente a todas las formas de malnutrición.
En el caso de las mujeres en edad reproductiva, el documento señala un incremento sostenido de la anemia, uno de los indicadores que más preocupa a escala mundial y que también registra un comportamiento desfavorable en Venezuela.
La prevalencia de anemia entre mujeres de 15 a 49 años pasó de 19,1% en 2012 a 25,2% en 2023. Esto equivale a aproximadamente 1,7 millones de mujeres afectadas y sitúa al país por encima del promedio de América Latina y el Caribe, que se ubica en 19,9%.
La diferencia también resulta evidente frente a algunos países de la región. Chile registra una prevalencia de 15,7%, mientras Guatemala reporta 10,5%, cifras considerablemente inferiores a las estimadas para Venezuela.
Lea la información completa en El Nacional









