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Ya se había planteado. Dejó hace mucho de ser la instancia de interpretación de nuestra Constitución. La Sala Constitucional le asestó un golpe mortal, la dejaron desangrarquienes debían cuidarla.

Ha sido en los últimos tiempos el instrumento del régimen para mantenerse en el poder. Electos en forma expresa, sin observancia de las normas y procedimientos establecidos, estos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia se han se han erigido en los agentes principales de la disolución de la Republica. Han tenido en sus manos la muerte de un sueño, el pacto social recogido en la Constitución de 1999;manipulando permanentementesu interpretación con innumerables sentencias que siempre han favorecido al poder, dando la espalda a los ciudadanos cuando acuden en procura de la protección de un derecho constitucional, como ha sido que se ampare el derecho a la vida, el derecho a la salud, el derecho a disponer de bienes y servicios de calidad, el derecho a elegir, el derecho a recibir agua potable. En fin, cada vez que los accionantes pretenden reivindicar la efectiva vigencia de una garantía establecida en nuestra carta magna y cuya responsabilidad corresponde al estado venezolano, surge inmediatamente como defensores de oficio del régimen este grupo de jueces con evidentes, notorios y comprobados antecedentes de militancia partidista oficialista.

Quienes amamos al Derecho comoinstrumento de la justicia y la paz no podemos permanecer indiferente ante este fallo, no por el dispositivo, sino porque es una verdadera falla de nuestra historia, que quedará y será señalada. Porque deben saber que no se olvidará y esta acción criminal contra la República tendrá graves consecuencias. No es la violación de una norma, no es la omisión en la protección de los ciudadanos;es la muerte del estado democrático y social de justicia y de derecho en que se constituyó Venezuela en 1999.

Eso es lo que queda de la ilusión de una Constitución que fue aprobada por millones y utilizada de bandera por quienes llegaron al poder, pero que hoy lo han acumulado tanto que la violan permanentemente y su objetivo no es otro que mantenerse allí a costa de lo que sea. Se hicieronadictos a sus mieles y no conciben vivir sin ellas, aun cuando perdieron el afecto de un pueblo, que hoy sufrido, los rechaza mayoritariamente. Venezuela no olvidara estos tiempos, ni sus rostros, ni sus nombres.

En la extraña noche oscura de verano, nublada por una inesperada lluvia de  marzo, se dió el artero golpe. Sin mucha meditación. Corrieron relatores en los pasillos llevando papeles esamadrugada. Algunos se escondieron en sus despachos, otros salieron escoltados por el silencio. Las axilasmanchadas por la transpiración, esa que no es producida por el calor sino por la ansiedad. No importónada, ni lo aprendido de Montesquieu sobre la separación de poderes, ni los fundamentos del estado de justicia y de derecho, ni las bases de la República. Esta vez sin boinas, ni tanquetasirrumpiendo, sin disparos ni caídos, como las sombras  al morir la noche agonizaba la Constitución.

Si, otra vez después de una larga y oscura noche, Venezuela amaneció de golpe.

 




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