Libres de cuerpos y almas

Ignacio es un joven venezolano como muchos otros. Estudia, hace deportes y se divierte. En lo que se distingue es que a él le gusta escribir poesía. Y lo hace en prosa, más que en versos. Es lo que algunos llaman un prosista. 

Él ha venido relatando en su estilo muchas situaciones que se viven en esta Venezuela, tan querida y herida a la vez, por las puntas afiladas del odio sembrado desde los albores del nuevo milenio. 

Hace tiempo un amigo de la familia, hombre de edad avanzada, le recomendó que dejara de escribir, que su vida podía correr peligro por expresar sus sentimientos y pareceres. Fue precisamente después de la última gran elección presidencial, cuando millones votaron con fe y entusiasmo rompiendo diques de abstención, con inmensa participación popular, que luego de los anuncios oficiales se transformó en protesta e intensa movilización que fue reprimida con gas, plomo, violencia y cárcel.   

El solo encogió los hombros.  —Pero ¿cómo hago para no ser lo que soy? —preguntó. —Un hombre de espíritu rebelde y libre por naturaleza, como fueron mi padre y abuelo, en otros tiempos y diferentes circunstancias, pero en la misma búsqueda de la realización de la libertad.

Ignacio es un joven crítico, que arriesgó el pellejo como otros de su generación. Sin embargo, el siente que su contribución en esta hora será con sus letras, aunque le digan unos bien intencionados, y otros no tanto, que no escriba más.

Que triste es para un escritor aceptar que es peligroso escribir, más en un país donde algunos aceptan lo que no fue verdad, ni será nunca.  El no poder relatar abiertamente lo que sucedió en esa última gran elección. En la esplendorosa jornada donde millones expresaron su voluntad y que ha producido dolores de parto en una Venezuela que desea alumbrar una nueva realidad. 

Mientras analistas irrumpen con gélidos análisis de una realidad totalmente demostrada, otros esperan su liberación en las nuevas mazmorras que esclavizan las conciencias. Presos unos de cuerpos y almas, otros privados de la posibilidad de expresar su pensamiento crítico.  

Ignacio ha tomado su decisión: Que se escuche nuevamente el grito de libertad, para quienes están injustamente tras las rejas y para quienes quieren expresar como él, en su dulce poesía, la esperanza y la alegría de que llega un nuevo día de justica, convivencia y paz. No aceptar el acomodo, la sinfonía sin armonía, el verso sin rima. Porque solo la verdad traerá la paz y eso lo saben los escarlatas, los púrpuras, los olivas, celestes y dorados. 

En susurros sonoros se escucha de nuevo la rebelión valiente de los corazones rebeldes. Suenan como piedras en ríos crecidos los justos reclamos. La verdad quiere luz, y es que nunca perteneció a la oscuridad.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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Libres de cuerpos y almas

Lucio Herrera
Lucio Herrera Gubaira
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