(Foto Dayrí Blanco)
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Sebastian no paraba de llorar. Tiene menos de un año y solo quería comer. Su mamá, Roxeyni González no tenía nada para tranquilizarlo y estaba desesperada. Lo había perdido todo unas horas atrás por la ferocidad de la corriente de agua que pasó por la comunidad en la que vive. Ella y su hijo son solo parte de la estadística de más de dos mil familias afectadas por la lluvia en Puerto Cabello. Hasta ahora solo significa eso, un lugar en una lista de promesas, mientras todavía hay agua dentro de su casa, donde el bebé llora y no consigue comida.

Ella vive en Jesús Todopoderoso, un sector formado sobre la base de una invasión de terreno. Estaba en su casa mientras llovía la tarde del martes. Recuerda que eran las 4:00 p.m. y sorteaba las goteras de su techo. Eso no es algo que le preocupa, ya es habitual. De pronto escuchó que tocaban con fuerza la puerta y la voz de su sobrina de ocho años: “Tía sal rápido, se está saliendo la canal”. Ella abrió para asomarse y automáticamente el agua entró con fuerza. No tuvo otra opción que salir con Sebastian en brazos. No tuvo tiempo de recoger nada ni poner algo a salvo.

En medio de la oscuridad pudo reconocer parte de su ropa y la de su hijo siendo arrastrada por el agua. En ese momento supuso lo peor. “Imaginé que se me habían dañado algunos corotos”. Al bajar la intensidad de la inundación, ya con la claridad del día, entró a su casa y vio todo perdido. “Ahora no tengo cama, ventilador, nevera ni cocina. No sé qué hacer”, dijo entre lágrimas. Sebastian seguía llorando.

 

Ella no es la única en la comunidad que vive esa situación. Son 365 familias las que trataban de rescatar lo que podían de sus casas en Jesús Todo Poderoso. La principal preocupación de todos era la comida. “Necesitamos que nos ayuden. Los niños tienen hambre y no tenemos nada para darles”, exclamó angustiada María Peñalosa, quien aseguró que durante lo que va de año no se le ha hecho mantenimiento y limpieza a la canal de la zona.

La corriente por la que Roxeyni vio pasar su ropa era tan fuerte que casi arrastra a varias personas. Jenifer Ramírez recuerda cómo tuvo que rescatar a algunos de sus vecinos. “A dos ancianos los salvé de caer en la canal con una sábana, y a una muchacha la agarré por el cabello”. Pero ella tiene dudas razonables respecto a la cifra oficial de un desaparecido. “Hay niños de esta comunidad que no sabemos dónde están. En medio de la oscuridad dejamos de verlos y sus padres están como locos buscándolos”. Hasta ahora solo se confirmó el fallecimiento de Ángel Machado, de 72 años, en Pozo Negro, parroquia Democracia.

 

En Los Cocos, cada vez que llueve con fuerza es normal que las calles de aneguen. Pero nunca se había metido el agua a las casas. Esta vez fue diferente. Carlos Pinto relató que el problema fue la falta de limpieza de la canal del lugar. “Hace mucho tiempo que no se hacen los trabajos ahí”. A las 11:00 p.m. el agua ya ocupaba un metro y medio de altura dentro de su vivienda. En ese momento se dio cuenta que no tenía nada que hacer, ya lo había perdido todo.

 

Maritza Romero aún se muestra nerviosa. A ella tuvieron que sacarla de su casa por la desesperación que tuvo al ver lo que estaba pasando. “Todo estaba lleno de agua, no sabía que hacer, y ahora menos porque no tengo nada”. Cerca del mediodía del miércoles aún en la pared de su porche estaba la marca de hasta dónde había llegado el agua. Ella la veía y lloraba. No podía creerlo.

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En Puerto Cabello las historias de inundaciones cuando llueve con fuerza no son nuevas. Pero esta vez fue distinto. En dos horas todo cambió para más de dos mil familias. La explicación de Rafael Lacava, en su condición de candidato oficialista a la gobernación, indica que fue un fenómeno natural nunca antes vivido. “Aquí ha llovido por muchas más horas y no había ocurrido una emergencia como esta”, dijo al tener la vocería del reporte de la situación, por encima del gobernador del estado, Gustavo Pulido, y el alcalde del municipio, Juan Carlos Betancourt, quienes lo acompañaron al dar el balance.

De acuerdo a su exposición, que dio con las acotaciones del presidente del Instituto Municipal para la Protección Ambiental, José Parada, a quien consultaba con la mirada para precisar cualquier dato, desde las 10:00 a.m. del martes llovió con mucha intensidad en la cabecera de los ríos Aguas Calientes, San Esteban y Goaigoaza. “Fue un fenómeno pluvial sumamente importante en el nacimiento de los ríos que están en la frontera entre Aragua y Carabobo. Hubo una captación de agua como no se recuerda en los últimos 30 años, una cosa impresionante”.

Otras mil 200 familias quedaron incomunicadas en Goaigoaza por el colapso del puente sobre el río Miquija. Ahí, habitantes de las comunidades Villa Astrid, Miquija, Las Carpas y Parapeto, solo pueden salir caminando con el riesgo de pasar sobre el puente que está severamente comprometido. Tampoco cuentan con servicio de electricidad ni agua desde las 5:00 p.m. del martes. Mientras que la autopista Valencia-Puerto Cabello continúa en riesgo como consecuencia de los constantes deslizamientos y derrumbes que mantienen el paso bloqueado. Ahí, funcionarios de la Guardia y la Policía Nacional Bolivariana se encargan de habilitar el paso en contraflujo en el otro sentido.

En Puerto Cabello el drama es evidente. Se siente en el llanto de Sebastian y la desesperación de su mamá al no tener nada que darle de comer, en las caras de los pobladores que usualmente tienen una sonrisa al saludar que ahora se transformó solo en quejas y desesperanza que siguen siendo parte de las estadísticas. Ahora son parte de unos vecinos de más de 55 sectores afectados por las inundaciones, solo eso.

 

@DayriBlanco07

 




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