(Foto: EFE)

Lejos de solventar el problema de fondo, el nuevo esquema de precios de la gasolina implementado por el régimen madurista solo fortalece al mercado negro y a los “altísimos” niveles de corrupción que existen en torno a la venta y distribución de combustible en Venezuela, consideró el economista y profesor universitario Carlos Ñáñez.

Fue el sábado 30 de mayo cuando Nicolás Maduro anunció las dos modalidades para la venta de gasolina que entraron en vigencia este 1° de junio: la primera se trata de un precio subsidiado de cinco mil bolívares por litro, con un límite mensual de 120 litros para los carros y 60 litros para las motos. La segunda usa como referencia los precios internacionales, quedando el litro en $0,50, sin restricciones.

El precio dolarizado de $0,50, equivalente a 100 mil bolívares aproximadamente, está mil 900 puntos porcentuales por encima del valor subsidiado. Ante este diferencial abismal, Ñáñez calificó como absurdo que se pretenda que los agentes económicos y quienes estén a cargo de las estaciones de servicio no se motiven a generar mecanismos de venta paralelos.

El anuncio por parte del madurismo ocurre en medio de la pandemia de COVID-19, con la mayoría de los sectores económicos paralizados. “Mientras el mundo hace acciones de acompañamiento para las personas que están siendo afectadas por el proceso de aislamiento, en Venezuela se apela a un incremento bestial de los precios de la gasolina”.

Este ajuste se da, además, luego de casi tres meses de profunda escasez de combustible como consecuencia de la paralización de las seis refinerías del país por falta de inversión y personal capacitado. Según datos del catedrático, la producción local de gasolina cayó de 200 millones de barriles de combustible en 2013 a cero, durante los últimos tres años.

Como respuesta a la situación, Maduro decidió importar un millón 500 mil barriles de combustible desde Irán.  Esto “supuso una erogación para la República de alrededor de 45 millones de dólares, lo suficiente para reparar al menos una de las seis refinerías y producir 150 millones de barriles de gasolina a los fines de resolver la escasez”.

Casi un billón por cierto de incremento

Antes de este reciente incremento, el valor del combustible se había ajustado por última vez en 2016. Desde entonces y hasta este lunes, el litro de gasolina de 91 octanos costaba 0,00001 bolívares y el de 95 octanos, 0,00006 bolívares. Era un producto prácticamente gratuito cuyo precio Maduro intentó cambiar en 2018 con el programa que llamó “Recuperación, fortalecimiento y estabilización de la situación económica del país”. Pero no logró concretar la medida ese año, ni en 2019.

Sin embargo, el panorama cambió tras la llegada del cargamento iraní. Por decreto del régimen madurista el precio de la gasolina de 91 octanos, que es la única disponible en las estaciones de servicio,  pasó de 0,00001 a cinco mil bolívares bajo el subsidio, lo que representa un incremento 49 mil millones de puntos porcentuales. En el caso del precio dolarizado, el aumento representa casi un billón por ciento.

El bolsillo del venezolano resulta golpeado incluso con el subsidio, ya que para abastecer un tanque promedio de 40 litros se necesitan  200 mil bolívares,  mientras que el sueldo mínimo permanece en 400 mil bolívares. “Quiere decir que una persona que gane salario mínimo tiene que erogar el 50% de su bonificación salarial para colocarle gasolina a un vehículo. Es absurdo”, aseguró Ñáñez.

En cuanto al establecimiento del esquema de precios internacionales, puntualizó que se trata de un modelo inviable, ya que Venezuela no es un país oficialmente dolarizado y sus ciudadanos continúan percibiendo salarios de hambre en bolívares, que aun sumándoles el bono de alimentación a duras penas llegan a cuatro dólares mensuales.

Más control social

Aunque hasta la fecha no está del todo claro cómo será la administración del esquema de subsidio de la gasolina durante los primeros 90 días de adecuación y restablecimiento de la distribución, Maduro adelantó que luego de ese período solo podrán acceder al combustible subsidiado quienes tengan el carnet de la patria, lo que para el economista representa un mecanismo de control y exclusión social.

El cupo de 120 litros por mes, con el subsidio, equivale a Bs. 600 mil (tres dólares); pero a precio dolarizado el monto asciende a Bs. 12 millones (60 dólares). “El costo por no tener el carnet de la patria son 57 dólares en un país donde el ingreso promedio es de cuatro dólares”.

 




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