Sergei Skripal. Foto The Sunday Times
La policía británica buscaba este martes en la pequeña ciudad de Salisbury la sustancia usada para envenenar al exespía ruso Sergei Skripal y a su hija, que seguían graves y cuyo caso recuerda al asesinato de Andrei Litvinenko.

El exespía fue hallado el domingo prácticamente inconsciente junto a una mujer de 33 años -su hija Yulia, según varios medios británicos- sentados en un banco próximo a un centro comercial de Salisbury, la ciudad del sur de Inglaterra en la que vivía.

Ambos “no tenían heridad visibles y fueron trasladados al Hospital del Distrito de Salisbury. Están siendo tratados por exposición a una sustancia desconocida”, dijo este martes la policía del condado de Wiltshire, precisando que uno de los miembros de los servicios de urgencias que les atendió está también hospitalizado en observación.

La policía tenía acordonados un restaurante italiano y un pub próximos al centro comercial.

Una testigo, Freya Church, explicó a la BBC que los dos parecían haber tomado “algo muy fuerte”.

“Ella estaba apoyada en él. Parecía que se había desmayado. Él hacía unos movimientos extraños con la mano, mirando al cielo”.

– El Kremlin no sabe nada –

El Kremlin dijo “no disponer de ninguna información” sobre este caso, según el portavoz Dimitri Peskov.

“Ustedes saben porqué estaba en Occidente, a raíz de qué acciones y decisiones, no voy a volver sobre ello. Y ahora observamos que se ha producido una situación trágica. Pero no disponemos de información sobre las razones”, explicó Peskov.

Litvinenko, otro espía ruso que se convirtió en enemigo del Kremlin, murió en 2006 al cabo de una agonía atroz al ser envenenado por agentes rusos que colocaron polonio en su té en Londres, en lo que fue tildado de primer caso de terrorismo nuclear.

Su viuda Marina Litvinenko explicó a la prensa británica que tuvo una sensación familiar cuando vio las imágenes de los investigadores con sus monos amarillos y escafandras buscando la sustancia que envenenó a Skripal, de 66 años.

El diputado Tom Tugendhat, presidente del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de los Comunes dijo que, “aunque es muy pronto”, el asunto “tiene todos los distintivos de un atentado ruso”.

Skripal, un coronel ruso que pasó información a los servicios secretos británicos, fue descubierto y encarcelado en Rusia, pero finalmente entró en un canje de espías en el aeropuerto de Viena en 2010 y vivía en el Reino Unido desde entonces.

El episodio alteró la vida de Salisbury, una pequeña ciudad de 45.000 habitantes conocida por su esplendida catedral medieval.

“Es la intrusión de algo horrible en la vida de una ciudad tranquila”, se lamentó el reverendo local Kelvin Inglis, de 56 años.

– Kasparov: “¿por qué Putin no iba a volver a hacerlo?” –

El precedente Litvinenko -la investigación concluyó que el presidente Vladimir Putin estuvo posiblemente al corriente- y las sospechas que rodean a las muertes en el Reino Unido de otros enemigos del Kremlin, como la del multimillonario ruso Alexander Perepilichnyy, llevaron a establecer comparaciones.

Mark Rowley, comandante de la policía antiterrorista británica, dijo a la radio BBC que “es claramente un caso muy inusual”.

El comandante pidió cautela. “Creo que todos tenemos que recordar que los exiliados rusos no son inmortales, todos se mueren y puede existir la tendencia a las teorías de la conspiración”.

“Pero al mismo tiempo hemos de ser conscientes de las amenazas de Estado, como se puso de manifiesto en el caso de Litvinenko”, avisó.

“Todavía no se ha confirmado si fue asesinado, pero tras la patética respuesta británica al asesinato de Litvinenko con polonio en Londres, ¿por qué Putin no iba a volver a hacerlo?”, se preguntó el ajedrecista ruso Garry Kasparov, fiero crítico del presidente ruso.

La respuesta de Londres se limitó entonces a imponer sanciones a los dos sospechosos del asesinato de Litvinenko, que nunca fueron juzgados y volvieron a Rusia, y no hubo represalias a niveles más altos, pese a que la investigación señaló a Putin.

Andrei Lugovoi, uno de los dos sospechosos de aquel asesinato, que es ahora diputado ruso, acusó al Reino Unido de “sufrir fobias” en declaraciones a Interfax.




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