El 22 de febrero cumple Rómulo Betancourt 110 años de haber nacido en el pueblito de Guatire del Estado Miranda y, parodiando a Gallegos, podemos afirmar que su pensamiento, su voluntad,  su vida toda estuvo puesta al servicio de un ideal colectivo. Por eso Betancourt aún vive en el corazón de la inmensa mayoría de los venezolanos, que no nos conformamos, no nos entregamos y no renunciamos al ideal colectivo de la democracia y la libertad.

Libertad y democracia hoy en grave peligro de sucumbir, pero que una vez más prevalecerá el pensamiento democrático de Betancourt; y lo hará, porque sencillamente no hay ningún otro sistema político que produzca libertad, convivencia civilizada y bienestar. Hay que recordar a Sir Winston Churchill, quien  decía que  la democracia es el peor sistema de gobierno, diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás.

En estos momentos Venezuela está atravesando una profunda crisis económica y social, pero todo deriva de la situación política, porque el causante de este deterioro es un gobierno que se resiste a cambiar la política ruinosa que nos ha traído este desastre y, en consecuencia, tenemos que cambiarlo, porque una minoría no tiene el derecho de imponerle una vía hacia el abismo a toda una sociedad. El gobierno de Maduro comete un disparate que, de continuarlo, le va a llevar a su defenestración. Eso de convocar un plebiscito, para reelegirse sin oposición, es la imitación al calco de lo que hizo Pérez Jiménez en 1957. Aquella fue la chispa que incendió esa pradera y acabó con su gobierno. Oigamos relatar a Betancourt lo que ocurría en 1957 para que se vea la similitud:

“El plebiscito se celebró el 15 de diciembre de 1957 en un ambiente de apatía agresiva o de desdén ciudadano. Los que fueron a votar lo hicieron para no perder sus cargos públicos y obligados los demás por una policía amenazante. El dócil Consejo Electoral afirmó que Pérez Jiménez había sido reelecto por 2. 738.972 votos azulea afirmativos y que solo hubo 384.972 tarjetas rojas negativas. Nadie en Venezuela ni en el exterior creyó en la legalidad de ese proceso o en la diafanidad de esas cifras manipuladas por el ministro del interior Laureano Vallenilla Planchart”.

El gobierno se autoproclamó triunfador, creyó que se había salido con la suya y que Pérez Jiménez había quedado reelecto por otro período constitucional. Ese diciembre rodó el champagne por los salones, pasillos y escaleras de Miraflores; y al mes siguiente, había caído estrepitosamente y desalojaba el poder entre gallos y medianoche. Aún en la memoria histórica colectiva queda registrado el famoso vuelo de “la vaca sagrada” surcando el cielo de Caracas, el 23 de enero de 1958, llevando al dictador y su gente a un exilio dorado, pero eterno.

Por eso quienes aconsejan al Presidente Maduro continuar con esa malhadada convocatoria a elecciones presidenciales, ahora extendida a una mega elección sin opositores, a imitación del escarnio plebiscitario perezjimenista, le hacen un daño que puede ser irreversible. Si queda un átomo de sensatez en el alto gobierno, deberían suspender ese proceso, abrir un diálogo serio con la oposición democrática y convocar elecciones cuando corresponde, que es al final de su mandato constitucional. No tienten los ilimitados recursos de un pueblo desesperado por el hambre y la miseria.

Ah, pero la oposición democrática también debe oír a Betancourt y sus enseñanzas, de cara a un enfrentamiento con una tiranía: “El despotismo caerá en el curso de días, de semanas o de meses. Pero caerá. La sentencia está escrita en el muro. Las manifestaciones deben realizarse en torno al reclamo de garantías básicas: restablecimiento de las libertades públicas, entre ellas las de prensa y asociación política y sindical; libertad de los presos políticos, regreso de los exiliados. Deben ser precedidos de carteles  con la consigna: (en mayúscula lo que sigue en el original) ESTA ES UNA MANIFESTACIÓN CÍVICA Y PACÍFICA. (…) Considero difícil controlar a las masas exasperadas, pero los dirigentes son para dirigir. Debemos dar muestras de una impresionante capacidad para orientar al pueblo en estos momentos, no hacia la retaliación explosiva, sino hacia el reclamo de las grandes aspiraciones colectivas…”.

Así lo haremos, porque en AD sabemos que Betancourt sí vive, en la conciencia de las mayorías nacionales anhelantes de un cambio pacífico, democrático y electoral, a menos que el gobierno se empeñe en lo contrario.

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