La situación económica de Venezuela entra en una fase de mayor fragilidad tras los terremotos del pasado 24 de junio, que hasta el momento dejan un saldo oficial de 4.118 fallecidos. Antes del desastre, la dinámica nacional ya estaba marcada por una alta volatilidad en la liquidez, la inflación y el tipo de cambio, pero la emergencia ha forzado un cambio en las prioridades de gasto de los ciudadanos y del Estado, profundizando desequilibrios macroeconómicos preexistentes.
«El terremoto va a trastocar un poco el Producto Interno Bruto (PIB) y seguramente las actividades secundarias. Esto oscurece un poco más el panorama», apuntó el economista y experto petrolero Rafael Quiroz. En conversación con El Pitazo, el especialista explicó que, aunque la infraestructura medular de la industria no sufrió daños directos, el evento afecta el ambiente de inversión y las actividades conexas, sembrando incertidumbre para el capital internacional que ahora podría tomarse el segundo semestre para «meditar mejor» su permanencia en el país evaluando la seguridad jurídica y la estabilidad política.
Más allá de la respuesta humanitaria inmediata, que prioriza salvar vidas y atender a los sobrevivientes, el desafío de la reconstrucción plantea un dilema fiscal para un Estado con recursos limitados. Según el exministro de Finanzas y profesor de la Universidad del Zulia (LUZ) Rodrigo Cabezas, el Ejecutivo ha reorientado su enfoque hacia un «gasto social de emergencia» que ha conllevado al abandono de la disciplina fiscal, lo que genera una presión adicional sobre el mercado cambiario al financiarse con emisión monetaria.
Este escenario ocurre mientras el país enfrenta un costo de reconstrucción por los terremotos que podría alcanzar hasta el 10 % de su Producto Interno Bruto (PIB), una carga que expertos advierten es insostenible sin un programa económico estructural y fuentes claras de financiamiento internacional.
Industria petrolera
En este contexto de fragilidad extrema, el desempeño de la industria petrolera se vuelve aún más determinante para la estabilidad nacional, aunque ahora enfrenta una nueva etapa de riesgo. Si bien los informes iniciales sugieren que la producción no fue afectada, a juicio de Quiroz, el evento sísmico ha introducido una «dupleta de incertidumbre» que amenaza con frenar el crecimiento registrado en el primer semestre del año. Esta nueva realidad obliga a una revisión profunda del principal motor de ingresos del país, en un momento en que el capital internacional comienza a reevaluar la seguridad jurídica y la estabilidad para futuras inversiones.
La industria petrolera cerró el primer semestre con una tendencia al crecimiento calificada por Rafael Quiroz como «muy moderada». El economista detalló que la producción total se ubicó en 942.000 barriles diarios, distribuidos en 262.000 barriles en Occidente, 111.000 en Oriente y 569.000 en la Faja Petrolífera del Orinoco. Por su parte, el sistema de refinerías registró una producción de crudos y productos intermedios de 260.000 barriles diarios al cierre del periodo.
En cuanto a las exportaciones de junio, el país registró 1.170.000 barriles diarios, una cifra que Quiroz aclaró que no debe confundirse con la producción neta. «Ahí no hay contradicción; lo que pasa es que el mes de junio la exportación fue 760.000 barriles diarios de los 942.000 barriles que se pudieron producir», explicó el experto, quien señaló que a esa cifra se sumaron 410.000 barriles diarios por el drenaje de inventarios y la reexportación de diluyentes.
Respecto a la inversión extranjera, Quiroz destacó que Chevron no ha inyectado capital nuevo en lo que va de año, más allá de las inversiones obligatorias para mantener la operatividad. La empresa estadounidense tiene su producción estancada en 243.000 barriles diarios, financiándose únicamente con el flujo de caja generado por sus propias ventas. El experto advirtió que el sismo agrega un «condimento» de inestabilidad que hace que las transnacionales sientan menos atractivo para invertir debido a factores como la seguridad jurídica y la situación política interna.
A nivel global, el panorama para el crudo también se ve afectado por factores geopolíticos que mantienen el precio del Brent entre los 73 y 75 dólares por barril. Rafael Quiroz mencionó que los ataques aéreos en la península de Crimea y refinerías rusas han forzado a Rusia a importar gasolina de la India, mientras que la crisis en el Estrecho de Ormuz, por donde circulan 20 millones de barriles, comienza a normalizarse. Estas variables, sumadas al drenaje de reservas estratégicas en EE. UU. y China, mantienen una puja constante sobre los precios internacionales.
Para el cierre del año, las proyecciones de crecimiento en la industria petrolera se mantienen con cautela. El experto Rafael Quiroz estima que la producción podría oscilar entre 1.200.000 y 1.300.000 barriles diarios, lo que define como un crecimiento «muy moderado».
Sector cambiario y monetario tras los terremotos
El mercado cambiario ha reaccionado con una volatilidad sin precedentes tras la emergencia del 24 de junio por los terremotos. Al cierre de este 9 de julio la tasa del dólar publicada por el Banco Central de Venezuela (BCV) alcanzó los 709,69 bolívares, mientras que el tipo de cambio no oficial escaló a los 820 bolívares. Con esta cotización, el salario mínimo de 130 bolívares se hundió a apenas 0,18 dólares, lo que representa una pérdida casi total del poder adquisitivo.
El economista y profesor del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) Aaron Olmos señaló que el BCV ha aplicado saltos discrecionales de hasta 14 bolívares en un solo día para intentar cerrar la brecha con el paralelo. «La estrategia que están asumiendo tiene un efecto pernicioso porque lo que estás haciendo es depreciar la moneda a gran velocidad», señaló el profesor del IESA. Destaca que el tipo de cambio oficial ha variado 720 % en términos interanuales hasta mayo.
Por su parte, el exministro de Finanzas Rodrigo Cabezas calificó el esquema del BCV como «insostenible». Denunció que en los últimos seis meses se han «quemado» 7.700 millones de dólares de las reservas internacionales que no han logrado estabilizar los precios ni la moneda. La liquidez monetaria, según sus datos, pasó de 939.000 millones de bolívares en enero a 2.106 millones al cierre de junio, un incremento del 128 % que Cabezas define como «creación de dinero de la nada».
Remesas de dólares
Recientemente, el economista Asdrúbal Oliveros informó sobre la llegada de remesas de dólares en efectivo tras un acuerdo entre las autoridades venezolanas y la Reserva Federal de EE. UU., luego del levantamiento de sanciones al BCV. Oliveros estima que la asignación total de divisas para julio se mantendrá en unos 1.800 millones de dólares mensuales, similar a junio, pero ahora con la inclusión de billetes físicos. Esta medida busca dar profundidad al mercado interno y facilitar pagos en efectivo, lo que podría aliviar momentáneamente la presión sobre la brecha cambiaria para personas que no poseen cuentas en el extranjero.
En ese contexto, Aaron Olmos estima que el dólar podría superar los 1.000 bolívares al cierre del año, mientras que Rodrigo Cabezas advierte que, de mantenerse el ritmo de devaluación del 2 % diario, el tipo de cambio podría alcanzar ese monto al cierre de julio, y cerrar el año con un precio «hiperinflacionario» cercano a los 15.000 bolívares.
«No se dan cuenta que están golpeando fuertemente el poder adquisitivo de los trabajadores. El poder adquisitivo de los bolívares se redujo en 43 % en 30 días, es un golpe muy fuerte. Es incomprensible lo que hacen, porque el ajuste del dólar es administrativo, no lo está haciendo el mercado», apuntó Cabezas.
Sector industrial y manufactura: presión sobre costos
A pesar de la magnitud de los sismos, el 80 % de la industria manufacturera privada logró mantener sus operaciones de forma parcial. según reportó Conindustria. Sin embargo, los indicadores del Sistema de Información Estadística de este ente (SIEC) al 30 de junio muestran que el sector opera bajo una asfixiante presión de costos.
El índice de precios al productor de la manufactura se situó en 20.832,30 puntos, lo que representa una variación acumulada del 637,50 %. Esta escalada en los costos de insumos y producción se ve agravada por un entorno financiero restrictivo, donde el encaje legal del 73 % limita la capacidad de préstamo de la banca a solo el 27 % de sus depósitos, impidiendo el financiamiento necesario para la producción nacional. El sector también ha mencionado la importante carga fiscal que los afecta.
Rodrigo Cabezas advirtió que el modelo económico actual sigue estimulando la importación sobre la producción nacional, la cual carece de crédito suficiente debido al encaje legal. El exministro señaló que la producción de bienes tangibles se ve impactada por la devaluación constante y la existencia de múltiples tasas de cambio, lo que dificulta equilibrar los costos de producción y mantener el valor de la moneda.
Infraestructura y reconstrucción: el reto de los 24.000 millones
Las estimaciones preliminares del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) indican que los terremotos causaron daños físicos directos por 6.700 millones de dólares, equivalentes al 6 % del PIB venezolano. Sin embargo, el informe aclara que esta cifra no incluye daños a infraestructura mayor, disrupción económica ni costos de reconstrucción a largo plazo, los cuales suelen calcularse entre 1,5 y 3 veces los daños directos. Esto elevaría la cifra total a un rango de entre 10.000 y 20.000 millones de dólares.
La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) calculó los daños totales tras los terremotos en cerca de 24.000 millones de dólares en infraestructura y 13.000 millones en servicios básicos y vialidad. «El impacto de los recientes terremotos añade una presión muy grande a la frágil situación macroeconómica», advirtió el profesor universitario Rodrigo Cabezas, quien señaló que se deben alternar los proyectos de gasto público y el uso de divisas. Mencionó que el daño crítico en el Aeropuerto de Maiquetía y la vialidad de La Guaira y Caracas ya impacta el transporte de mercancías y encareciendo los precios finales.
En medio de la emergencia, una de las prioridades es atender la crisis habitacional de cerca de 20.000 venezolanos que perdieron sus hogares. En ese sentido, Cabezas calculó que construir 100 edificios de cuatro pisos con tecnología sismorresistente requeriría de una inversión de 1.800 millones de dólares. Asdrúbal Oliveros coincidió en que sólo la reconstrucción de viviendas amerita entre 1.500 y 2.000 millones de dólares, una cifra masiva si se compara con la cartera de créditos de toda la banca nacional, que alcanza aproximadamente los 4.034 millones de dólares para todos los sectores del país.
Para financiar estos proyectos, Oliveros mencionó el papel de la banca pública y la posible ayuda de fondos internacionales como la CAF. Sin embargo, recalcó que la capacidad de préstamo de toda la banca nacional es insuficiente para cubrir las necesidades totales de reconstrucción de vivienda e infraestructura.
Para iniciar el proceso de reconstrucción, Delcy Rodríguez, encargada de la administración de Venezuela, anunció conversaciones con Estados Unidos y Brasil, así como con el FMI y el Banco Mundial, además de solicitar apoyo al PNUD para impulsar programas de viviendas. En ese sentido, anunció un fondo inicial de 200 millones de dólares de la apertura de una cuenta en la CAF para donaciones internacionales.
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