Las elecciones primarias de la oposición vienen en camino. El 22 de octubre de 2023 se llevarán a cabo las votacionespara elegir al candidato unitario que enfrentará al régimen en las presidenciales de 2024, según anunció la Comisión Nacional de Primarias (CNP) el pasado 15 de febrero. Un proyecto importante y significativo por su tamaño y complejidad, pero apenas un paso más para llegar a la meta definitiva –la única que cuenta-que debe ser la recuperación de la democracia, el desarrollo y la civilidad.
Las primarias no son ni deben ser un operativo. No tienen una fecha de comienzo(por ejemplo, cuando se anuncia el cronograma) y un final en el que la gente acude a las mesas, vota por su candidato, se regresa para su casa, espera los resultados y ya;si ganó el mío celebro, y si ganó el contrario me resigno y qué le vamos a hacer. No; esta vez debería ser distinto.
Las elecciones opositoras son parte de un proceso que apenascomienza con la selección de un candidato a presidente: a partir de ese momento, se da el banderazo de largada a una carrera que terminará el año que viene con un presidente electo, y si ese presidente resulta ser de la oposición, solo será el inicio de un nuevo gobierno que la tendrá cuesta arriba, primero para gobernar yluego para enderezar los entuertos de 25 años de chavismo.
O sea, la CNP no es un ente independiente y autónomo, en el sentido amplio de la palabra, sino que es y debe ser parte de una organización y una misión mucho más grandes y ambiciosas. Es decir, el trabajo de la comisión no se termina con las primarias; debe continuar aportando experiencias y conocimientos a la candidatura opositora que resulte ganadora y dando apoyo a la campaña electoral, en lugar de retirarse a sus cuarteles y el que venga atrás que arree. De la misma manera, las decisiones que tome la CNP no estarán exclusivamente relacionadas con llevar adelante el proceso electoral, por la sencilla razón de que esas decisiones pueden influir en lo que suceda con las presidenciales y más adelante.
Por ejemplo, si la CNP acepta el apoyo del Consejo Nacional Electoral para actualizar el padrón electoral o para administrar los centros de votación o para usar las máquinas de votación,se afectará la estrategia que decida el candidato opositor: se habrá aceptado desde el comienzo que el CNE es confiable y no requiere cambios y se le estará poniendo un precedente a los que vienen detrás a competir en los comicios para elegir al presidente de la nación. Si no se diseña un mecanismo para que voten los venezolanos residenciados en el exterior, se le estará pasando el mensaje al chavismo de que la oposición está de acuerdo en que la diáspora no participe el año que viene.
No es nada fácil diseñar una visión, una misión y unas estrategias de largo plazo para un sector político tan dividido y diverso como la oposición venezolana. Pero no queda de otra. Si las primarias, las presidenciales y un eventual gobierno se manejan como operativos estancos en donde cada parte lo que hace es pasarle el testigo a la siguiente, la falta de continuidad y de propósitos entre los actores del proceso daría como resultado lo que hemos visto en Venezuela tantas veces: como los pies no hablan con las manos y los ojos no están mirando hacia el camino, el corredorse salede la pista y pierde por no show.
Los fundadores de la democracia venezolana, la que duró 40 años, tenían diferencias de fondo, ideológicas, estratégicas y hasta culturales. Pero aun así fueron capaces de llegar a aquel recordado –por necesario- Pacto de Punto Fijo en el que acordaban y se comprometían a seguir unas líneas maestras para defender el régimen de libertades que pudimos disfrutar por 4 décadas. A los opositores de ahora les toca firmar su propio pacto –en condiciones más difíciles que las de 1958, la verdad sea dicha- y obligarse desde hoy hasta el largo plazo a poner por delante el bienestar del país ¿Serán capaces de hacerlo?




