A octubre de 2022, 7,3 millones de venezolanos estaban viviendo fuera de su país, según cifras tomadas de R4V, una plataforma codirigida por la agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR, y la Organización Internacional para las Migraciones. Siendo conservadores, en los últimos 8 meses deben haber salido de Venezuela unas 200 mil personas más (se estima que 1400 venezolanos emigran cada día), para llegar a una cifra acumulada al día de hoy de 7 millones y medio de paisanos, o el 25% de los 30 millones de habitantes que alguna vez poblaron el territorio. Una diáspora enorme, desproporcionada; un sitio de destino que se convirtió en origen. Un lugar al que llegaban los extranjeros para encontrar cobijo y oportunidades sufrió una metamorfosis y es ahora el desierto agresivo de donde la gente escapa para buscarse la vida.
De los 7,5 millones de emigrantes, hay unos 3 millones que tienen en sus manos la posibilidad de ejercer una pequeña acción, donde quiera que estén, para mandarle a la sargentada chavista un mensaje de rechazo. Son los 3 millones de paisanos que están registrados en el CNE y por lo tanto pueden inscribirse y votar en las elecciones primarias opositoras previstas para el próximo 22 de octubre. Está claro que con ese voto no va a caer el gobierno ni tampoco se va a elegir al próximo presidente que traerá de regreso la República y la democracia. Todos esos deseos están en el aire y no hay ninguna certidumbre de que puedan cumplirse porque el régimen, enemigo jurado de ceder el poder y opuesto a las primarias, tiene muchos recursos en la bolsa y muy pocos escrúpulos para usarlos. Pero esta vez hay que hacerle swing a la bola, por varias razones, aún cuando uno no sea fanático de votar cuando el chavismo anda por ahí.
Las elecciones primarias son propias, sin máquinas ni captahuellas, y hay que aprovechar esa circunstancia para contestarle a quien quiera escuchar –incluso si solo es a uno mismo- que la dictadura no es omnipotente; que aquí yo voto porque me da la gana y que en este caso, en este caso particular, es muy probable que mi opinión se vaya a contar, así como se contó en la consulta abierta de 2017 junto con las de otros 800 mil paisanos emigrantes.
Hace un par de días un alacrán anunció la inhabilitación política de María Corina Machado; una maniobra que estaba cantada desde hacía tiempo, y que se volvía inaplazable en vista de la cantidad de seguidores que se estaban anotando con la candidata. Dos semanas atrás “renunció” el directorio del CNE y ya los rojos están en la tarea de escoger uno nuevo, que será más chavista y menos confiable (valga la redundancia) para echárselo a las presidenciales de 2024. Y habrá muchas más zancadillas y trácalas, porque esto es apenas el comienzo y ya conocemos a los personajes.
Como la intención del régimen al tratar de excluir a Machado es irle quitando a la gente las ganas de votar, hay que hacer exactamente lo contrario y aumentar la bulla que producen los votos,como un grito de rebeldía contra la arbitrariedad y la burla, mientras se pueda y mientras exista la posibilidad de hacerse oír (sin olvidar que el ilegítimo es el régimen, no MCM). El 7 de junio comenzó el registro de votantes en el extranjero en la aplicación electrónica de la Comisión Nacional de Primarias y terminará el próximo 7 de julio. Al 27 de junio, apenas 52 mil votantes se habían inscrito en las 80 ciudades habilitadas en 31 países. El 1,7% de los 3 millones. Muy poco. Hay que hacer más ruido. Y a medida que aumenten las marramucias del régimen para impedir las votaciones, con más convicción hay que llevarle la contraria.
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