Revisando archivos en mi computadora, busqué algo en internet y me encontré con una nota de alguien recordando a Renny Ottolina en el aniversario de su muerte, el 16 de marzo. Eso me inspiró a dedicarle un artículo al animador que más he admirado en mi vida. No sé quién lo recordará, pero yo siempre lo hago. Desde pequeña lo admiré. Ignoro si habrá sido por hipnosis familiar o porque era, sencillamente, el mejor animador que tuvo la televisión venezolana.
En mi casa no nos perdíamos El Show de Renny. Y es que, en los años sesenta, podía haber gustos muy diferentes entre las personas que habitaban una casa —donde normalmente había un solo televisor—, pero siempre coincidíamos en uno: El Show de Renny.
Y claro, si había anécdotas con el personaje, había que “echarlas”. Mi abuela Tata —Carmen Teresa Codecido de Feo, mamá de mi mamá—en todo momento contaba que, cuando vivía en Valencia, era muy amiga de Ana Mercedes Pinto, la mamá de Renny, y que, cuando mi mamá nació, fue con Renny, de casi dos años, a conocerla. Según mi abuela, Ana Mercedes era una mujer muy fina y educada; tocaba piano y se había casado con Francisco Ottolina, un italiano muy elegante y simpático. Carlos, el tío de Renny, según mi abuela, fue el amor de su cuñada Carolina Feo, pero era un amor imposible (no sé si porque Carlos era casado). El hecho es que Carolina se negó a amar a nadie más y se encerró en su cuarto hasta que envejeció.
Renaldo José Ottolina Pinto —Renaldo, no Reinaldo como creen algunos— nació en Valencia el 11 de diciembre de 1928. Estando muy pequeño, su madre murió y su abuela paterna, María Cleofe, y su tío Carlos se encargaron del niño. Aproximadamente cuatro años más tarde, se lo llevaron con ellos a vivir a Caracas.Mi mamá, ya una señorita, lo conoció en una fiesta. Mi madre —siempre lo digo, pero no está de más repetirlo— también se había mudado con su familia a Caracas porque en Valencia no había universidad. Cuenta que, aunque lo convencional dice que, cuando llega alguien que no conoce a los demás, se limita a dar la mano con la conocida frase “mucho gusto”, el día que conoció a Renny, este buscó el momento y, cuando todos lo miraban, dijo: “Hola, Renny para todos”, sin darle la mano a nadie.
Mi mamá siempre mencionaba que esa manera de presentarse le encantó; se veía que Renny era un ser diferente.
Cuando fui creciendo, todos los mediodías, El Show de Renny, era imperdible. Siempre traía personajes famosos, y gracias a él muchos de nuestros artistas surgieron, como Mirla y Cherry Navarro.
Su familia era muy conocida. René Lozada, su esposa, muy linda, le dio cuatro hijos: Rina, Rhona, Rony y Rena. De Rony no supimos nunca; creo que murió al nacer. Por mi madre supe que hubo una canción que compusieron cuya letra decía: “Renny, René, Rina y Rhona y ahora Rony que por fin llegó”.
Mi prima Natalia Marcano, caraqueña, estudiaba en el mismo colegio de las Ottolina, con Rina, e incluso hizo la Primera Comunión con ambas hermanitas. Yo me disfruté esa comunión casi más que la mía, nada más porque Renny estaba ahí, en la iglesia, con sus hijas. Y era tan fanática de Renny, que mis padres me compraron un juego de mesa llamado “El Show de Renny” y que solía jugar con mis vecinas.
Los mensajes de Renny no los podemos olvidar, ni los videos televisivos, cuyas recomendaciones nos dejaron lecciones que han perdurado. Como aquel en el que se veía un ganado caminando y la voz en off de Renny que dice: “Para que el ganado no pase ciertos límites, es necesario ponerle una cerca” —y se ve el ganado detrás de la cerca de alambre de púas—, y sigue Renny: “porque si se le pusiera una raya blanca continua, que significa que no se debe pasar sobre ella” —y el ganado le pasa por encima a unas rayas pintadas en el suelo, iguales que las que se dibujan en las calles y que todos sabemos qué indican—, y seguía Renny: “… el ganado no lo comprendería y la cruzaría”. Finalmente, se ven los carros en la autopista y Renny diciendo: “Sienta que la única cerca válida para usted sea la de su propia inteligencia”. Fueron videos que el venezolano de esa época no olvidó.
Otra de sus ideas era cambiar el nombre de nuestra moneda. Afirmaba que “Bolívar” era el padre de la patria y que, en el momento en que, por alguna razón, la moneda dejara de valer lo que en aquella época valía, la gente iba a hablar mal del bolívar y sería una manera de denigrar del padre de la patria. Y tuvo razón: ¿cuántas veces no hemos oído decir “el bolívar no vale nada”?
Su amistad con Toco Gómez fue de primera fila. Marisela Berti comentaba que siempre se les veía juntos y Toco nunca entendió cómo se salvó del accidente que mató a Renny, porque él lo iba a acompañar. De hecho, Carmen Victoria Pérez cada vez que podía le recordaba que era mucho lo que tenía que dar, porque Dios lo había salvado ese día impidiéndole ir con Renny.
Gonzalo Veloz Mancera, el industrial de la radio que trajo la televisión a Venezuela, veía en Renny a un hijo más. Su hijo menor, “Chile” Veloz, destacado locutor venezolano, me contaba que Renny, cada vez que traía a algún artista de fama internacional, lo llamaba con la excusa de que les tomara fotos, pero era para que los conociera. Hoy Chile tiene una colección fotográfica incomparable.
Recordemos que, entre los años sesenta y setenta, Renny trajo a The Jackson 5 con un Michael Jackson todavía niño, al inglés Tom Jones, la estrella italiana Mina, Stevie Wonder en su mejor momento, Nat King Cole, Miriam Makeba con su Pata-pata, Charles Aznavour, Paul Anka y Ray Charles, sin olvidarnos de Sandro, Leonardo Favio y Raphael, entre muchos otros.
6 no puedo dejar de mencionar que, en 2011, en Buenos Aires, en casa de nuestro querido Carlos López Puccio, de Les Luthiers, el inolvidable Daniel Rabinovich nos comentó que quien los lanzó a la fama, quien confió en ellos y los presentó por primera vez en Latinoamérica, fue Renny Ottolina. Por eso Les Luthiers amaba tanto nuestro país.El primer secuestro ocurrido en este país, que yo recuerde, fue el de las hijas de Renny. Creo que lo sufrimos todos.
Después de su separación de René, Marisela Berti fue su pareja por un largo tiempo. Ella lo decía con orgullo, alegando que fue de las mejores épocas de su vida. Estaban juntos cuando Rhona tuvo el accidente y recordaba que Renny pasaba noches en vela al lado de su hija hospitalizada. También estuvo con él cuando su tío Carlos Ottolina, que fue como su padre, murió.
Estábamos muy cerca de la Semana Santa cuando nos llegó la infausta noticia de la muerte de Renny. Para mi familia, la Semana Santa siempre ha sido temporada de reflexión, luto y oración. Renny Ottolina falleció el 16 de marzo de 1978, unos días antes de la Semana Santa, por lo cual, al menos yo, sentía una tristeza mayor a la acostumbrada. Jamás acepté que lo hubieran matado. Hace unos días se cumplieron cuarenta y ocho años de ese fatídico día. Y pienso que tal vez, si hubiera llegado a la presidencia…




