Mozart en Valencia: Cuando la luz de la cultura encandila

Se trata del proyecto Royal Ballet and Opera Live en Cines, una iniciativa diseñada para llevar las artes escénicas de élite a las grandes masas

Hace dos semanas, un amigo me obsequió las entradas para ver la ópera La flauta mágica, de Wolfgang Amadeus Mozart, en la sala Premium del Sambil de Valencia. Muchos se preguntarán, y con razón: ¡¿Ópera en Valencia?!

Era una película, no una presentación en vivo. Se trata del proyecto Royal Ballet and Opera Live en Cines, una iniciativa diseñada para llevar las artes escénicas de élite a las grandes masas. No es una simple cámara fija al fondo de la sala; son filmaciones de obras representadas en el Covent Garden de Londres, utilizando decenas de cámaras de última generación, para luego transmitir la función en alta definición a miles de salas de cine alrededor del mundo. Al no ser fácil viajar a Londres o Nueva York y pagar el elevado costo de una entrada al teatro, esta alternativa ofrece una "butaca de primera fila" a un costo mucho menor.

Ya había estado en un teatro de ópera cuando fui a ver El barbero de Sevilla hace bastante tiempo. Allí recuerdo haber visto a muchas damas con binoculares tratando de captar los detalles del escenario. Si bien ir al teatro tiene la magia inigualable de la presencia física, el cine ofrece una experiencia que ni la mejor ubicación en vivo puede igualar: las cámaras nos suben al escenario, nos sitúan entre los artistas y nos muestran perspectivas desde diferentes ángulos. Así, se pueden apreciar claramente los gestos dramáticos de los intérpretes y los majestuosos vestuarios sin necesidad de binóculos.

La flauta mágica se estrenó en 1791, dirigida por el mismísimo Mozart un par de meses antes de fallecer. El libretista fue Emanuel Schikaneder, un actor y director teatral que fue entrañable amigo del compositor; una relación sumamente fructífera a nivel creativo y personal. Ambos pertenecían a la francmasonería y, debido a esa conexión espiritual e intelectual, la ópera está profundamente impregnada de simbología masónica.

Apenas se inició la función, me llamó la atención que estuviese cantada en alemán. Tenía el concepto errado de que las óperas siempre se cantaban en italiano, basado, quizás, en que la mayoría de las piezas más difundidas provienen de Italia, la cuna de este género. Ahora entiendo que existe una regla dorada: las óperas deben ser cantadas en el idioma original en el que fue escrito el libreto; en este caso, el alemán.

Los personajes principales de la obra son Sarastro, el Sumo Sacerdote del Templo de la Sabiduría; la Reina de la Noche, madre de Pamina; Tamino, el joven príncipe; Pamina, su enamorada; y Papageno, el pajarero que representa al hombre común. Una decena más de artistas completa el extraordinario elenco.

El corazón de la obra es el juego entre las fuerzas de la luz y la oscuridad. Al inicio, la Reina de la Noche aparece como la víctima desvalida y Sarastro como el secuestrador malvado. La genialidad de La flauta mágica radica en que, a mitad de la ópera, se redefine qué es el bien y qué es el mal. Es allí cuando se aclara que Sarastro representa la luz del día, el intelecto y la justicia, mientras que la Reina de la Noche encarna la oscuridad y el engaño.

Al iniciar el segundo acto, sentí el impulso de grabar la escena con mi celular. La ocurrencia fue muy afortunada, porque logré captar la interpretación de una de las arias más famosas de la historia, sin tener idea, en ese momento, de que formaba parte de esta obra. ¡La escena es electrizante! Se trata de "La venganza del infierno" (Der Hölle Rache), una de las piezas más célebres y difíciles de la música lírica. El honor de su interpretación solo se le puede encomendar a una soprano de coloratura (o soprano lírica-ligera), cuyas voces son capaces de alcanzar notas tan agudas que están fuera del alcance de la inmensa mayoría de las sopranos ordinarias.

La lucha entre el bien y el mal es una temática muy recurrente, incluso en el cine actual. Películas como Star Wars y Harry Potter son buenos ejemplos contemporáneos de ese combate entre la luz y las tinieblas. Me pareció percibir ese mismo contraste cuando noté que, en la sala donde disfrutamos de esta genial ópera, solo éramos seis espectadores; en cambio, en las salas adyacentes la concurrencia era masiva. Pareciera que, a veces, la luz de la cultura encandila.
Espero que la empresa distribuidora, a pesar de lo que podría parecer un tropiezo económico en taquilla, no deje de proyectar los extraordinarios envíos del Royal Ballet and Opera Live en Cines. Valencia agradece y necesita estas ventanas al arte universal

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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Mozart en Valencia: Cuando la luz de la cultura encandila

Leonel Alvarez
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