A menudo viene a mi memoria el día en que me encontré por primera vez con el mundo de Khalil Gibran. Transcurría el mes de marzo de 2013 y asistía al curso de fotografía que se impartía en el Centro Cultural de El Carabobeño, el principal periódico de la ciudad de Valencia.
Ese día el profesor nos entregó una hoja con un texto, y nos dijo: imagínense que ese escrito va a ser publicado, y le solicitan a ustedes, como fotógrafos, propuestas para ilustrarlo.
El profesor continuó dando más detalles sobre la tarea, pero ya no le estaba prestando la debida atención; me encontraba embebido en la lectura de lo que me había tocado, un poema de Gibran: ”El loco”. La historia comienza cuando el protagonista, tras despertar de un sueño profundo, descubre que le han robado sus siete máscaras (las apariencias) y el sol besa su rostro desnudo. Nos muestra que a menudo lo que llamamos "cordura" es simplemente vivir de las apariencias, y que la verdadera sabiduría suele ser confundida con la locura por aquellos que aún viven “del qué dirán”.
Quedé tan entusiasmado con su poesía que al día siguiente salí “como un loco” a una librería. Allí compré el libro El profeta, que —luego me enteré— era uno de los libros más vendidos y traducidos de la historia. Gibran es considerado como el tercer poeta más leído de todos los tiempos, solo después de Shakespeare y Lao-Tse. Esa semana aprendí más de la poesía de Gibran que del arte de la fotografía.
En el curso me habían dicho que una imagen dice más que mil palabras; sin embargo, luego de leer a Gibran, siento que uno solo de sus poemas dice más que mil fotografías. Su poesía es muy distinta a la que conocía hasta ese momento. Sus textos no necesitan la rima de una copla; es pura prosa poética que fluye como un salmo bíblico.
Sus relatos, llenos de vivencias imaginarias, nos dan una lección de vida sin necesidad de una sola rima. Además, son breves y sencillos, sin palabras rebuscadas; se pueden leer en segundos, pero nos dejan reflexionando por horas. Sus temas principales son el amor, el dolor, la libertad y la belleza. Uno de sus poemas más emblemáticos es el que se refiere a los hijos, que en sus versos dice:
“Tus hijos no son tus hijos.
Son hijos e hijas del anhelo de la Vida por sí misma.
Vienen a través de ti, pero no de ti.
Y aunque estén contigo, no te pertenecen".
En la introducción del libro El Profeta, conseguí una reseña sobre su vida. Khalil Gibran (1883-1931) nació en el Líbano, la otrora llamada "Suiza de Oriente". Su madre, Kamila, decidió en 1895 emigrar con sus tres hijos a los Estados Unidos en busca de un futuro mejor. En ese país Khalil desarrolló su carrera como escritor, pintor y filósofo.
Su nombre de pila se escribía Khalil, pero cuando entró a la escuela en Boston, por error lo registraron como Kahlil. Aunque él intentó corregirlo al principio, terminó aceptando la grafía estadounidense para su carrera literaria en inglés, manteniendo la forma original solo para sus escritos en árabe.
Pocos años después de llegar a América, ocurrió una tragedia familiar: en un periodo de tan solo un año (1902-1903), perdió a su hermana Sultana, a su hermano mayor Bhutros y a su madre debido a enfermedades. Estas pérdidas lo marcaron profundamente.
Por breve tiempo regresó a Beirut para estudiar literatura árabe y más tarde viajó a París para estudiar arte. Gibran tuvo una relación fascinante con Mary Haskell, una directora de escuela diez años mayor que él. Ella fue su mecenas, editora y confidente. Aunque nunca se casaron, intercambiaron cartas durante décadas; ella fue quien lo impulsó a que escribiera en inglés y no solo en árabe, lo que le permitió lograr algo que muy pocos autores consiguen: la universalidad. Fue mucho más que un poeta: fue un puente espiritual e intelectual entre el Oriente y el Occidente.
Pasó sus últimos años en Nueva York, donde falleció a los 48 años. Siempre soñó con ser enterrado en su tierra natal. Antes de morir, compró un antiguo monasterio excavado en la roca en Líbano (Mar Sarkis). Hoy en día, ese lugar es el Museo Gibran.
La obra de Gibran adquiere mayor relevancia en el mundo actual, donde religiones e ideologías se usan para levantar muros. Qué valioso sería ese puente espiritual y filosófico que representa el pensamiento de Khalil Gibran para alcanzar ese "diálogo entre civilizaciones" que nos conduzca a la convivencia en paz y armonía.




