Familiares de presos políticos enfrentan lluvia y desvelos frente a la Embajada de EE.UU. en espera de respuestas

La concentración reúne a parientes de detenidos que vinculan con expedientes como el caso Gedeón, el atentado con drones de 2018 y la Operación Relámpago del Catatumbo
Presos políticos

Las fotografías de esposos, hijos y hermanos de los presos políticos descansan directamente sobre el césped, sostenidas por pequeñas piedras para evitar que el viento las arrastre. Algunas muestran uniformes militares; otras, retratos familiares tomados antes de las detenciones.

Desde hace días, familiares de presos políticos permanecen en vigilia a las afueras de la Embajada de Estados Unidos en Caracas con una petición: que la delegación diplomática sirva de intermediaria para impulsar la revisión y eventual liberación de sus allegados.

Familiares de presos políticos enfrentan lluvia y desvelos

La protesta reúne a familiares de personas procesadas en expedientes relacionados con el caso Gedeón 2020, las investigaciones derivadas del atentado con drones de 2018 y la denominada Operación Relámpago del Catatumbo, entre otros.

Todos coinciden en un mismo reclamo: aseguran que sus parientes son inocentes, denuncian irregularidades durante los procesos judiciales y afirman haber agotado las instancias nacionales sin obtener respuestas.

“No queremos más anuncios ni promesas; queremos que alguien escuche nuestros casos”, expresaron los manifestantes que permanecen día y noche en el lugar.

Presos políticos en Venezuela
Familiares de presos políticos permanecen a las afueras de la Embajada de EE UU en Caracas. Foto: El Nacional

Una concentración que nació tras anuncios de liberaciones

Los manifestantes explicaron que decidieron trasladar su protesta a las inmediaciones de la sede diplomática después de meses de vigilias frente a centros de detención y tras expectativas generadas por anuncios públicos sobre posibles liberaciones de presos políticos, que, afirman, no se concretaron para sus familiares.

Aseguran que han acudido a la Defensoría del Pueblo, la Fiscalía, tribunales y otros organismos del Estado para solicitar revisiones de expedientes o medidas humanitarias, pero no han obtenido resultados.

Añadieron que entregaron en la sede diplomática documentos relacionados con esas gestiones.

Carta a la defensoriaDescarga

En el campamento se conocen historias de madres, esposas y hermanas que viajaron desde estados como Mérida, Barinas, Carabobo, Bolívar y Zulia. Algunas pasan las noches bajo la lluvia, otras se turnan para mantener presencia permanente mientras continúan trabajando o atendiendo a sus familias.

“No lo dejen morir ahí”

Entre las voces que encabezan la protesta de encuentra Gabriela Álvarez, esposa de Gabriel Guerra, camarógrafo detenido hace cinco años junto con el periodista Ramón Centeno.

Álvarez relata que su esposo fue trasladado por centros de reclusión y que durante cerca de un año y medio la familia desconoció su ubicación. Solo después del 3 de enero y de insistentes gestiones pudieron confirmar que seguía con vida.

En una visita reciente, dijo que él le pidió que reclamaran: "No me dejen morir ahí”.

Según el testimonio de la esposa, Guerra denunció haber sufrido torturas y malos tratos en prisión. La familia sostiene que continúa reclamando su liberación y que la protesta frente a la embajada busca abrir un canal de mediación internacional.

Acusaciones basadas en transferencias bancarias

Algo que se repite en casos mencionados en la manifestación son acusaciones relacionadas con presuntas operaciones financieras.

Isabela Rodríguez, de Barinas, asegura que su esposo, Ramón Iván Soto Ramírez, fue detenido tras ser vinculado al caso del atentado con drones contra Nicolás Maduro por una transferencia de 36 dólares efectuada desde la cuenta de su empresa. “No tiene ningún otro vínculo con esa investigación”, asegura Rodríguez, mientras sostiene que la solicitud de amnistía presentada en el caso fue rechazada.

Situación similar describe Liliana Rico respecto a su hermano Mauricio Alejandro Rico. Según explica, fue relacionado con el llamado “caso Dron fase 2” por una transferencia equivalente a 7 dólares dirigida a una persona involucrada directamente con el caso. Fue acusado de financiamiento al terrorismo y asociación para delinquir.

Durante su permanencia en prisión, asegura, desarrolló tuberculosis y pasó siete meses sin que la familia pudiera conocer su paradero. “Mi hermano no sabía quiénes eran las personas con las que supuestamente lo relacionan”.

El peso de las desapariciones y el deterioro físico

Más allá de las diferencias entre expedientes, muchos testimonios comparten un elemento común: períodos prolongados sin información sobre el lugar donde permanecían recluidos los detenidos. Los familiares también describen pérdidas importantes de peso, problemas respiratorios y afectaciones psicológicas tras los traslados por centros penitenciarios.

En el caso de Mauricio Rico, su hermana afirma que llegó a perder alrededor de 20 kilos antes de ser diagnosticado con tuberculosis.

Gabriela Álvarez sostiene que Gabriel Guerra ha sufrido fracturas y otros padecimientos durante su reclusión. Mientras que Francis Quiñones asegura que su hijo Jonathan Rafael Franco Quiñones, procesado por el caso Gedeón 2020, perdió cerca de 40 kilos mientras permanecía incomunicado tras ser trasladado desde El Helicoide al Fuerte Guaicaipuro. “Cuando lo vi prácticamente no me reconocía”.

Relámpago del Catatumbo: familias que cuestionan la investigación

La protesta también incluye a allegados de detenidos por la denominada Operación Relámpago del Catatumbo.

Marielis López, esposa del contralmirante Eduardo Hernández Araujo, afirma que el caso agrupa a decenas de civiles y militares, que en su opinión fueron involucrados sin pruebas.

“Los culpables están libres y los inocentes están tras las rejas”, sostiene.

Meyer Matos, del Estado Zulia, asegura que su esposo, el pescador Ángel Manzano, enfrenta cargos que le impiden acceder a beneficios contemplados en solicitudes de amnistía y denuncia retrasos en el proceso judicial.

Familiares de presos políticos caso Relámpago de Catatumbo
María Pineda hija del preso político Ángel Manzano. Foto: El Nacional

Adriana Ratti afirma que su familiar, el teniente de fragata Joan Ratti, fue citado inicialmente para una entrevista, y quedó privado de libertad.

“Desde el primer momento les violentaron el debido proceso”, asegura.

Familiares de presos políticos
Familiares de presos políticos, caso Relámpago del Catatumbo. Foto: El Nacional

Seis años del caso Gedeón

Para Francis Quiñones, la lucha comenzó en mayo de 2020, cuando su hijo Jonathan Rafael Franco Quiñones fue detenido en relación con el caso Operación Gedeón.

Relata que durante más de cinco años permaneció en El Helicoide y que luego fue trasladado junto con otros procesados al Fuerte Guaicaipuro, donde las familias denunciaron haber perdido contacto con ellos durante meses.

Según su versión, cuando finalmente pudo visitarlo presentaba deterioro físico y mental considerables.

“Lo estaban matando lentamente”, señala.

Hoy asegura que las visitas periódicas han permitido observar mejoría en su estado de salud, aunque insiste en que el objetivo sigue siendo su liberación.

Una exigencia compartida

Las historias reunidas frente a la Embajada de Estados Unidos tienen orígenes distintos y responden a investigaciones judiciales diferentes, pero confluyen en una misma escena: madres, esposas y hermanas que duermen en carpas, organizan colectas para costear alimentos y viajes, y esperan que atiendan sus solicitudes.

Familiares de presos políticos permanecen a las afueras de la Embajada de EE UU
Hermanas de preso político Mauricio Rico. Foto: El Nacional

Mientras sostienen fotografías de sus familiares, insisten en que su presencia no busca confrontación, sino atención internacional.

“Queremos que alguien revise estos casos y nos ayude a traerlos de vuelta a casa”, repiten los manifestantes, convencidos de que mantener la protesta visible es una de las pocas herramientas que les quedan.

Quienes deseen colaborar con las personas que permanecen en el lugar pueden acercarse y aportar alimentos no perecederos, agua potable, artículos de higiene personal y otros productos básicos que contribuyan a sostener la permanencia de las familias durante la protesta

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