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Luis Alejandro
Borrero | lborrero@el-carabobeno.com

 

La caja azul es llamativa. Resalta entre los demás juguetes
de la vidriera. En la cubierta aparece la foto de un niño caucásico sonriente,
con poco más de un año: juega montado en el camioncito que está dentro del
cartón. Expectante, una señora mayor se acerca y pide a uno de los trabajadores
un favor.

— Hijo, ¿en cuánto
sale este camioncito?

— 45 mil, señora, responde el joven trabajador de una
juguetería en un centro comercial de Naguanagua. El comercio está repleto de
juguetes.

La señora se voltea rápidamente y se dirige a dos mujeres
más que le acompañan. “¿Viste?, te pelaste por cinco mil”, le dice a una.  El precio le parece una exageración: 466% por
encima del nuevo salario mínimo, recién decretado por el presidente Maduro. Para
comprar uno se necesitan más de cuatro meses y medio de trabajo. 

En otra juguetería la situación es caótica. Emma, cuyo
verdadero nombre ha sido protegido, espera detrás del mostrador que algún
cliente le haga preguntas. Es una mujer mayor, con lentes, cabello corto y tez
morena. Muy amable, pero consternada.

— Aquí el jefe nos dice que esperará a después de diciembre.
Si no pasa nada, cierra, dice Emma.

— ¿Qué tan mal están?

— Tanto que con dos meses de trabajo seguido no nos alcanza
para pagar un mes de mercancía pedida

— ¿Y cómo hacen, con
qué pagan alquiler?

— Con los ahorros del negocio, la ganancia es muy poca.

El inventario selectivo se extinguió. En la juguetería que
Emma atiende, los pedidos se hacen por combo a los proveedores. Significa que
así no le guste un artículo porque se vende poco, debe incluirlo en la
requisición para optar por otros que sí se venden. “Es frustrante”.

A una cuadra del negocio de Emma está una premonición
tormentosa. Es el local de lo que alguna vez fue la juguetería de la franquicia
Hobby 2000. En agosto remataron toda la mercancía y cerraron. Solo queda una
etiqueta en la puerta de vidrio, secundada por rejas, candados y estantes
vacíos al fondo.

 

Suerte china

La primera juguetería en el centro comercial tiene los
estantes repletos. Valentina Quintero, su encargada, explicó que es gracias a
que tienen un convenio directo con la importadora Kreisel, que trae los
artículos desde China. “Tienen dólares preferenciales y compramos la mercancía
por contenedores”.

— ¿Será por los
convenios China-Venezuela?

— Imagino que sí. Gracias a eso nuestros precios son mucho
más accesibles y tenemos mercancía, toda regulada.

Accesible significa que, por ejemplo, una muñeca cuesta 13
mil 500 bolívares, explica Quintero. En otros comercios, el mismo modelo y
marca puede tener un precio de 28 mil bolívares. En las ferias escolares
también ha llegado la crisis. La afluencia de compradores no es la misma. Allí
los juegos de mesa son la opción más barata: alrededor de los tres mil
bolívares.

El Carabobeño intentó contactar a la presidenta de la Cámara
Venezolana de Juguetes, Deporte y Recreación (Cavefaj), Elizabeth Rama. Un
trabajador de su despacho informó que estaba reunida con funcionarios de la
Superintendencia de Derechos Socioeconómicos (Sundde).




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