Fotos: Rafael Freites
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José Ángel Rodríguez | @josearods   y   Carlos Ortiz | @carlosortiz4_

Tres veces a la semana el pequeño Cristian convirtió a las piscinas del Complejo  de la Isabelica en su santuario de vida. Cada brazada se transformó en una gota de bienestar para su cuerpo, los desmayos que sufrió de forma constante se volvieron parte del pasado, producto del fortalecimiento físico que logró gracias a cada metro recorrido en el agua. Dos años después, su madre Eliezmar Cordero relató el drama que vivió tras el cierre de la instalación. El abandono y el deterioro progresivo la consumieron ante la mirada de las autoridades.

Cristian fue diagnosticado a los siete años con síncope vasovagal, la circunstancia más común de desvanecimiento en el ser humano. No podía estar expuesto por largos períodos al sol ni permanecer de pie sin ser víctima del malestar, por lo que los médicos le recomendaron a Cordero inscribir al niño en clases de natación para mejorar su condición física.

En los seis meses que mi hijo estuvo en las prácticas no se volvió a desmayar, e incluso dejó de ser necesario que tomara medicamentos” dijo la periodista de profesión en referencia al Propanolol, una sustancia utilizada para diversas afecciones cardíacas, la cual funciona también como relajante de los vasos sanguíneos.

Cordero recordó cómo para aquel tiempo los profesores y colaboradores hacían un esfuerzo en mantener la higiene de las piscinas por la dificultad de obtener el químico característico para su limpieza, a la vez que las instalaciones en general ya se encontraban visiblemente afectadas y la maleza a sus alrededores era alarmante.

Victorias en competencias, salud renovada y la sensación de disfrutar a plenitud la niñez al mismo ritmo que sus amigos dibujaron una sonrisa en el rostro de Cristian, la misma que sufrió una amenaza con el cese de actividades en el espacio de La Isabelica en marzo de 2015, debido a la imposibilidad de costear el mantenimiento de las distintas aéreas.

Un mes después, los desmayos de Cristian reaparecieron y con ellos la zozobra de Eliezmar en la incansable búsqueda del bienestar de su hijo. El Propanolol volvió a ser indispensable.

Pasantías por una escuela de natación privada durante unos seis meses, interrumpida por la misma razón: falta de químicos; y otra en el Misael Delgado, que no pudo proseguir por el tiempo de recorrido desde Santa Inés –donde viven Cristian y Eliezmar- hasta la avenida Bolívar, con un aproximado de 60 minutos en comparación a los 15 que les llevaba llegar a La Isabelica en transporte público, son parte de los intentos por continuar la actividad que, aparte de ser sinónimo de salud, se convirtió en pasión para el niño.

Como mamá de un niño en esta situación siempre vivo a la expectativa, no es fácil convivir con la idea de que en cualquier momento puedo recibir una llamada” admitió Cordero, cuyo deseo principal es el reacondicionamiento del lugar donde Cristian aprendió a nadar apenas al tercer día que asistió.

La solución encontrada por esta madre venezolana para evitar nuevos episodios de desvanecimiento del pequeño, cercano a cumplir los 10 años de edad, es limitar cada vez más su exposición al sol, además de conversar su condición con las maestras de la Escuela Básica “Santa Inés” para mantenerlas al tanto de sus cuidados. “Es muy triste que el Complejo de piscinas deje de funcionar, porque más allá de ser una infraestructura deportiva permite la posibilidad de mejorar la calidad de vida”  se lamentó la joven con acento andino, quien no oculta la nostalgia al recordar la felicidad de Cristian con cada medalla conquistada.

EL PRESENTE

Deplorable es el adjetivo que puede describir el estado actual del Complejo de Piscinas de la Isabelica. El recinto deportivo, que fue construido bajo la gestión del alcalde Francisco “Paco” Cabrera, en la parroquia Rafael Urdaneta de Valencia, consta de tres piscinas.

Para miles de atletas y selecciones del estado, el complejo servía como el hogar para la práctica  de múltiples deportes acuáticos. Francisco “Tiburón” Sánchez y Albert Subirats fueron solo algunos de los que se formaron en el lugar que se muestra abandonado.

Algunas piscinas que hoy lucen vacías y sucias eran usadas para la recuperación de distintos deportistas lesionados, bajo el cuido de fisioterapeutas. Además de las aguas fuera de mantenimiento, el espacio también posee cercas dañadas, barandas oxidadas, trampolines descuidados, gradas inconclusas y áreas verdes totalmente destrozadas.

En un recorrido externo hecho por el equipo de El Carabobeño se logró evidenciar que el lugar sirve como refugio de indigentes y malhechores. Además se consiguieron armamentos de juguete en zonas cercanas a las gradas, al igual que cartones y productos de uso diario.

Hace poco más de un año un joven falleció ahogado en una de las albercas, tras ingresar sin autorización con un grupo de amigos. Al Grupo de Rescate Valencia les fue complicado encontrar el cadáver por el color del agua.

Los últimos trabajos de mantenimiento datan del año 2013, cuando el gobernador Francisco Ameliach, a través del Instituto de Vivienda y Equipamiento de Barrios del estado Carabobo (IVEC), puso en  marcha la rehabilitación de las piletas y sus alrededores.

Así lo denuncian

El Carabobeño solicitó acceso al complejo para comprobar las denuncias sobre el estado actual. La petición fue negada por el vigilante de turno por temor a poner en riesgo su trabajo, además, no quiso ofrecer ninguna información. El equipo pudo, sin embargo, encontrar una entrada por la parte trasera del lugar para constatar la situación real.

Varios vecinos expresaron su descontento por las condiciones del recinto, que no ha podido ser disfrutado por muchos niños de la Isabelica que quieren desarrollarse en disciplinas como la natación.

“El complejo, en lugar de ser aprovechado para fines estrictamente deportivos, se ha convertido en una guarida de malhechores, diariamente consumen sustancias estupefacientes allí dentro. Es algo que se ve a plena luz del día y nos hace víctimas de los antisociales” señalaron los habitantes.

Los residentes también comentaron que ya va más de un año desde la última visita de Fundadeporte al lugar.  Mientras esto no ocurra, Cristian no podrá retomar su entrenamiento habitual, ese que lo alejó de los desvanecimientos

 




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