Gestión anacrónica: ¿un caso de fraude o vanguardia?

Si el examen de admisión sigue premiando la memoria sobre la capacidad de integración tecnológica, se seguirá formando profesionales para un mundo que ya no existe

"La inteligencia artificial no reemplazará a los profesionales, pero los profesionales que usan la inteligencia artificial reemplazarán a los que no la usan”
Autor Anónimo

Lo anacrónico es aquello que no corresponde o resulta impropio de la época en la que se sitúa. Se refiere a elementos, ideas o actitudes fuera de su tiempo cronológico, lo que a menudo se percibe como anticuado o incoherente.

Para encarar lo que puede acontecer y las consecuencias de caer en anacronismo, se aborda analíticamente el problema en su extensión y profundidad, enfocando el conflicto entre la tradición académica y la vanguardia tecnológica, sabiendo que esta revisión y su conclusión es aplicable a todos los quehaceres del humano. 

El vértigo de la realidad tecnológica

La comparación con los pilotos militares de caza no es trivial. Un piloto moderno no vuela el avión en el sentido romántico del término; gestiona un sistema de armas y navegación donde la inteligencia artificial (IA) procesa miles de datos por segundo, proyectando información crítica en el visor de su casco. En ese contexto, el uso de tecnología no se considera trampa, sino una "capacidad de resolución aumentada: asistida" necesaria para la supervivencia y el éxito de la misión.

Actualmente, ¿se evalúa la memoria o la capacidad resolutiva?

El castigo impuesto por una universidad latinoamericana a varios participantes en el examen de admisión a un postgrado que usaron equipos portátiles para enfrentar lo indagado (llegándose a la sanción de no poder optar nuevamente en los próximos años) refleja una resistencia al cambio que confunde el "medio" con el "fin". ¿Actuaron los profesores bajo un marco legal vigente? Supongámoslo como cierto y desde esa perspectiva su decisión fue "correcta". Pero, desde una perspectiva ética, moral y profesionalmente prospectiva, cabe preguntarse si el examen mismo es el que está en falta.

Pero el asunto tiene otro caso: en un país sureño, el Ministerio de Salud tomó medidas drásticas tras la comprobación del uso de lentes inteligentes por parte de 268 aspirantes a entrar en residencias programadas de postgrado con puntajes sospechosos (superiores a 86 o 90 puntos): deben rendir la evaluación nuevamente de forma escrita y presentó una denuncia formal ante la justicia por defraudación a la administración pública.

La sanción de varios años parece más una condena a la audacia tecnológica que una medida correctiva. Al equiparar un dispositivo wearable con un apunte escondido, la academia ignora que la IA no es un sustituto del pensamiento, sino un exocerebro que asiste, que apoya.

La ética del presente frente a la inercia del pasado

La verdadera falta ética quizá no esté en los alumnos, sino en un sistema de gobernanza educativa que no ha sabido armonizar el avance tecnológico con los marcos de evaluación.

La resistencia al cambio suele disfrazarse de rigor académico. Si la transformación digital es un modelo de armonización que busca no dejar a alguien atrás, la universidad debería estar enseñando a usar la IA de manera ética y transparente en lugar de simplemente prohibirla.

Hacia un nuevo contrato pedagógico y andragógico

Todo el sistema educativo, incluyendo la academia universitaria, debe evolucionar de la "evaluación de la retención" a la "evaluación del criterio". Un examen de admisión para postgrado debería poner a prueba cómo el aspirante utiliza la información disponible para resolver casos complejos, incluyendo el uso de herramientas digitales. El objetivo no es formar enciclopedias ambulantes, sino gestores capaces de navegar la complejidad del dato para beneficio de la humanidad: el personaje que justifica la existencia de las organizaciones humanas vinculadas con la provisión de servicios relacionados con la calidad de vida.

Como bien ha señalado uno de los mayores visionarios de la ciencia contemporánea: “la tecnología no viene a desplazar al humano, sino a devolverle su humanidad al liberar de las tareas mecánicas del procesamiento de datos”.

Conclusión

Si los profesores de tal universidad suramericana actuaron ajustados a un reglamento, es posible que hoy esté anacrónico. Al sentenciar a estos jóvenes al ostracismo profesional por un tiempo, han enviado un mensaje de miedo hacia la innovación. La tecnología exige profesionales que dominen la interfaz humano-máquina. Si el examen de admisión sigue premiando la memoria sobre la capacidad de integración tecnológica, se seguirá formando profesionales para un mundo que ya no existe.

Es momento de entender que la excelencia profesional en el siglo XXI no reside en lo que la persona guarda en su cabeza, sino en lo que es capaz de hacer con todas las herramientas que la inteligencia humana, a través de la tecnología, ha puesto a su disposición.

La verdadera transgresión no fue usar lentes inteligentes ni otros dispositivos portátiles; la verdadera transgresión es seguir evaluando al presente con los ojos anacrónicos (conceptos del pasado), siendo conveniente tener presente que toca proseguir hacia el futuro.

Estos ejemplos muestran cuán fácil resulta hoy caer en anacronismo en cualquier gestión: la resistencia al cambio es el fenómeno implicado.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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Chichí Páez
Chichí Páez
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