El discurso oficial dice que Nicolás Maduro viajó a China esta semana, en una gira relámpago de 4 días, a firmar 28 acuerdos con el régimen de Xi Jinping y buscar un préstamo por 5 mil millones de dólares que lo ayude a resolver, momentáneamente, el flujo de caja de la revolución. Pero, extrañamente, el gobierno chino no ha hablado de dinero, ni de préstamo, ni de nada que se le parezca. Los chinos han sido extremadamente parcos al referirse al tema.

Quienes quieran creer en la propaganda barata del régimen están en todo su derecho de hacerlo. Soy de quienes creen que la gira de Maduro a China sólo tenía un claro propósito: transmitir a EEUU y al mundo, la ficción de que los chinos apoyan la revolución socialista y bolivariana de Venezuela, y que están dispuestos a hacer todo cuanto sea necesario para defender al régimen comunista venezolano ante la posibilidad de una intervención militar extranjera.

Basta con revisar todos y cada uno de los 28 acuerdos anunciados por Maduro en China. Ninguno de esos documentos habla de un préstamo de 5 mil millones de dólares. Son documentos que no comprometen a China en nada. Son simples saludos a la bandera. Pura utilería barata para disimular el verdadero motivo del viaje: crear la ficción de que los chinos defenderán a Maduro y a su dictadura de un eventual ataque militar norteamericano.

La puesta en escena de Nicolás Maduro en China se limitó estrictamente a lo necesario: una foto aquí, otra foto allá, un acuerdo aquí, un memorando allá, y nada más. Los chinos no solamente no hablaron de préstamo, sino que ni siquiera dijeron cuándo podría producirse un nuevo desembolso de dinero. Y eso es así, por la sencilla razón de que la gira no era para un propósito financiero, sino más bien para un fin político. No es casual, que la gira de Maduro a China se haya producido pocas horas antes de la llegada a Colombia del Secretario General de la OEA, Luis Almagro, y unas horas después de la conversación telefónica que sostuvieron el vicepresidente de EEUU, Mike Pence, y el presidente de Colombia, Iván Duque.

Nuestra hipótesis es que Maduro fue a China porque se siente acorralado. La presión internacional está surtiendo efecto. La dictadura hace aguas. Los informes elaborados por el G2 cubano y los servicios de inteligencia de Rusia señalan que la posibilidad de una intervención militar liderada por EEUU en Venezuela es de un 99,9%. La crisis migratoria provocada por la dictadura, que lanzó a 2.3 millones de venezolanos hacia las naciones vecinas, ha creado una tragedia continental sin precedentes que ha hecho reaccionar a la comunidad internacional. De todos los rincones del mundo están llegando reclamos para que los gobiernos democráticos hagan algo y pronto. Eso ha hecho que la opción militar planteada por Donald Trump, en agosto de 2017, esté tomando fuerza. Ya nadie habla de elecciones. Nadie habla de diálogo.Todo el mundo habla de una solución militar en Venezuela.

El gobierno de Estados Unidos fue el primero en plantear abiertamente una solución militar para Venezuela. Eso ocurrió el 11 de agosto de 2017, cuando el presidente de Estados Unidos Donald Trump, dijo: “Tenemos muchas opciones para Venezuela, incluida una posible opción militar si es necesario (…) No voy a descartar una opción militar (…). Una opción militar es algo que, ciertamente, podemos perseguir (…) Tenemos tropas en todo el mundo, en lugares que están muy lejos. Venezuela no está muy lejos. Y la gente está sufriendo y está muriendo”.

La agencia de Noticias Associated Press, difundió un reportaje a mediados de 2018, confirmando los planes militares de Estados Unidos para Venezuela: El pasado agosto (2017), durante una reunión en la Oficina Oval, el presidente Donald Trump hizo una pregunta que sobresaltó a sus asesores. “Dado que la situación en Venezuela amenaza la seguridad regional, ¿por qué Estados Unidos no puede invadir el país sudamericano?”, preguntó.

El 22 de agosto de 2018, la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Sarah Sanders, retomó el tema de Venezuela en la agenda de Estados Unidos y dijo que el gobierno de Donald Trump maneja todas “las opciones sobre la mesa” en cuanto al caso de Venezuela.

“Estamos apoyando a los venezolanos y estamos manteniendo todas las opciones sobre la mesa”, dijo en rueda de prensa ante la pregunta de qué piensa hacer el gobierno estadounidense ante la crisis en Venezuela.

Hace apenas dos semanas atrás, el senador republicano de origen cubano, Marco Rubio, dijo que “por meses y por años había defendido una opción no militar y pacífica en Venezuela, pero ahora las circunstancias han cambiado”.

Y para no quedarse atrás, ayer viernes, 14 de septiembre de 2018, Luis Almagro, secretario general de la OEA, aprovechó una visita realizada a la frontera colombo-venezolana, para declarar desde el puente internacional Simón Bolívar, que “En cuanto a la intervención militar para derrocar a Nicolás Maduro, no debemos descartar ninguna opción (…) Este régimen lo que está perpetrando son crímenes de lesa humanidad, violación de derechos humanos, y el sufrimiento de la gente en el éxodo inducido que está impulsando hace que la acciones diplomáticas estén en primer lugar, pero no debemos descartar ninguna acción”.

Así las cosas, las cartas parecen estar echadas, pero la decisión final, sobre una intervención militar norteamericana en Venezuela depende, fundamentalmente, de Donald Trump. Los gobiernos democráticos de América Latina quizá no intervengan directamente en el conflicto. Pero tampoco harán nada para evitarlo. Y aunque Trump tenga muchas ganas de acabar con la dictadura de Nicolás Maduro y los problemas que ésta ha provocado en el continente, tal decisión no se adoptará sin que el actual presidente de EEUU evalúe, como todo buen empresario, el estado de ganancias y pérdidas que una decisión como esa pueda producir.

En mi libro ¿Invadirá EEUU a Venezuela? que acaba de publicarse en EEUU, señalamos que hay tres cosas que pueden precipitar la decisión de Trump con relación a una intervención militar en Venezuela. La primera: el juicio contra su ex jefe de campaña Paul Manafort, un veterano republicano que estuvo en prisión preventiva desde junio de 2018, y quien ha sido acusado de tener  vínculos con la trama rusa. Manafort acaba de declararse culpable, y ha firmado un acuerdo con la Fiscalía, que lo acusa de no pagar impuestos por los más de 17 millones de euros que cobró por asesorar a políticos prorrusos en Ucrania. El testimonio de Manafort puede causar serios problemas a Trump.

La segunda: el abogado de Donald Trump, Michael Cohense declaró culpable ante un juez federal de Nueva York de varios delitos, entre ellos el de violar la normativa sobre la financiación de campañas electorales. Cohen admitió haber pagado con dineros de la campaña de Trump a dos mujeres para que no ventilaran sus relaciones sexuales con el entonces candidato a la Casa Blanca. Cohen admitió ante el Fiscal que los pagos se hicieron a la actriz porno Stormy Daniels —quien recibió 130.000 dólares— y a la modelo de PlayboyKaren McDougal —a quien entregaron un cheque por 150.000 dólares—. El problema es que los pagos se hicieron con dinero de la campaña y eso es un delito federal.

La tercera: el 6 de noviembre de 2018, hay elecciones en EEUU. Ese día, se escogerán 435 asientos en la Cámara de Representantes. En la actualidad, el Partido Republicano aventaja con 238 representantes al Partido Demócrata que cuenta con 192 curules. Las encuestas difundidas hasta el mes de agosto de 2018, proyectan un triunfo para los demócratas, lo cual les daría el control de esa cámara con 172 curules, frente a 166 de los republicanos. También se escogerá a 35 senadores, un poco más de una tercera parte del Senado. En la actualidad, el Partido Republicano domina esta cámara con 52 cargos, mientras que el Partido Demócrata cuenta con 48 puestos. Las encuestas publicadas hasta el mes de agosto de 2018, sostienen que la relación en esta cámara quedaría con 47 senadores para el Partido Republicano y 34 senadores para el partido Demócrata.

Analistas y expertos sostienen que el futuro de Donald Trump dependerá de lo que ocurra el 6 de noviembre con las elecciones del Congreso. Si los demócratas logran tener el control de la Cámara de Representantes podrían iniciar un juicio político (impeachment) contra Donald Trump por el caso de la injerencia de Rusia en las elecciones presidenciales de 2016 y también por la violación de leyes federales en el uso de los dineros de su campaña electoral.

Trump no lo ha dicho, pero todo el mundo sabe que el actual Presidente de Estados Unidos tiene montado su aparato de campaña para aspirar un segundo período de 4 años en la Casa Blanca. Esa aspiración podría verse truncada si el Congreso decide iniciar un impeachment o si el fiscal Robert Mueller decide llevarlo a juicio. Todo hace pensar que tanto la fiscalía como los demócratas — y algunos republicanos que están dentro del gobierno, uno de los cuales ha estado filtrando información a The New York Times —- tienen mucho interés en que la era Trump llegue a su fin este mismo año.

En medio de tanta turbulencia, el caso de Venezuela, y la dictadura de Nicolás Maduro, pueden jugar un papel estelar en la lista de opciones de Donald Trump. El actual presidente de EEUU va a necesitar algo mucho más poderoso que un huracán o un tornado para distraer a la opinión pública y al Congreso de su país después de las elecciones del 6 de noviembre de 2018. Acabar con una de las dictaduras más despreciables del mundo y devolver la democracia a un país destrozado por los comunistas no es una mala idea.

Una operación militar en territorio extranjero es un buen motivo para evadir un juicio político. Todos los presidentes de EEUU, desde la II Guerra Mundial, con excepción de Jimmy Carter y Gerald Ford, han ordenado invasiones de países extranjeros. En 1998, Bill Clinton ordenó ejecutar la Operación Alcance Infinito, un ataque con misiles crucero contra los campos de entrenamiento de milicianos de Al Qaeda en Afganistán. También se lanzaron misiles contra una fábrica farmacéutica en Sudán. El motivo fueron los ataques cometidos en Tanzania y Kenia contra las embajadas de EE.UU. pero muchos creen que el ataque obedeció al juicio político ordenado por el Congreso por el escándalo de Mónica Lewinsky.

¿Se prepara EEUU para invadir a Venezuela?. Para encontrar la respuesta a esa interrogante, sólo hay que observar estos datos: Mike Pence visitó Colombia en agosto de 2017. Rex Tillerson estuvo en Colombia en febrero de 2018. Nikki Halley, embajadora de EEUU en la ONU, estuvo en Colombia en agosto de 2018. James Mattis, secretario de defensa de EEUU estuvo en Colombia en agosto de 2018. Luis Almagro, secretario general de la OEA estuvo ayer viernes 14 de septiembre en Cúcuta. Un buque hospital de EEUU llegará a Colombia a finales de septiembre. Y Donald Trump ha anunciado una visita a Colombia el próximo 2 de diciembre. ¿Visitas de cortesía? O ¿explorando el terreno y afinando detalles?




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