Que nadie se llame a engaños: el control de cambios, una de las medidas que destruyó y pulverizó la economía nacional, fue impuesto en el año 2003 por Hugo Rafael Chávez Frías. No fue una medida adoptada por la oposición, ni mucho menos impuesta por el imperio norteamericano. Todo lo contrario: fue una decisión unilateral del comandante intergaláctico para someter al sector productivo del país, golpear a la empresa privada y castigar a quienes nos oponíamos a su dictadura militarista.

Todavía recuerdo aquella frase de Chávez: “ni un dólar para los golpistas”. El padre de la revolución utilizó el control de cambios como un mecanismo de chantaje y extorsión, para someter a empresarios, industriales, comerciantes y particulares a sus designios. Pero también lo usó como una puerta de escape para facilitar la corrupción, para obtener recursos con los cuales financiar su pseudo revolución en América Latina y el mundo.

No conforme con el control de cambios, el oficialismo aprobó, durante los años en los cuales mantuvieron el control de la Asamblea Nacional, una ley que castigaba con multas y penas de cárcel de hasta 15 años a quienes transaran divisas al margen de ese férreo control de cambios. Desde el gobierno se desató, de manera simultánea, una guerra contra las Casas de Cambio legalmente establecidas en el país y especialmente contra sus propietarios, algunos de los cuales fueron enviados a prisión, porque supuestamente se habían prestado para realizar operaciones no “autorizadas”.

El chorro de dólares que entraba al país era de tal magnitud, que la revolución repartió divisas por el mundo entero: regalaron millones y millones de dólares a grupos de izquierda de todo el continente. Financiaron campañas electorales (Kirchner en Argentina, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, Ortega en Nicaragua, etc) y, por supuesto, se robaron todo cuanto pudieron para depositarlo en bancos de España, Panamá, Suiza y Rusia.

Pero, como nada es eterno, la danza de los millones llegó a su fin. La gallina de los huevos de oro (Pdvsa) colapsó. Los precios del barril de petróleo se vinieron al piso. La producción disminuyó a mínimos históricos. Las cuentas bancarias se quedaron en cero. El déficit fiscal es enorme. La deuda externa es inmensa. Los créditos se agotaron. Y las sanciones impuestas por EEUU, que en principio se creía no iban a causar daño, han resultado ser una soga muy difícil de romper.

Todo ello ha hecho que Nicolás Maduro, el heredero de Chávez, haya decidido destrozar el legado del comandante eterno y poner en marcha un paquete de medidas económicas que, aunque se quiera disfrazar de otra cosa, tiene un tufo neoliberal inocultable: aumento de la gasolina, cambio único, aumento de los impuestos, incremento de los salarios y  subsidios a través del carné de la patria.

El paquete de medidas económicas adoptadas por Carlos Andrés Pérez en 1989 se quedó en pañales frente al paquetazo rojo de Maduro. El conjunto de medidas puede ser analizada desde diferentes puntos de vista, pero es obvio que la verdadera razón que ha obligado al ex chofer del Metro de Caracas a tomar estas decisiones económicas, algunas de ellas contradictorias entre sí, es una sola: el gobierno necesita dólares.

Demostración inequívoca de esta conclusión es que la oficialista Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela aprobó hace poco más de una semana la derogatoria de la Ley de ilícitos cambiarios y legalizó las transacciones en divisas en todo el país. Simultáneamente, el gobierno anunció la apertura de 300 casas de cambio, lo que abrió el camino para flexibilizar el estricto control de divisas que estuvo vigente desde hace 15 años.

El viernes pasado, Nicolás Maduro anunció además un nuevo valor para el dólar norteamericano: 6 millones de bolívares. La cifra sorprendió a propios y extraños en virtud de que el valor de la moneda estadounidense fijado por el Jefe de Estado era incluso mucho más alto que el valor que en ese momento mostraba el dólar paralelo. Hay una razón para que Maduro haya hecho eso: necesita atraer los dólares que cerca de 3 millones de venezolanos están enviando a sus familiares desde el exterior a través de las remesas. Para que eso sea posible, había que fijar un precio atractivo, porque nadie en su sano juicio cambiará un dólar por debajo del precio que marcaba el mercado negro.

Pocas horas después, el ministro para Economía y Finanzas, Simón Zerpa, anunció que a partir del miércoles 22 de agosto la banca venezolana podría recibir divisas de particulares. “La banca nacional pública y privada podrá recibir divisas para cambiarlas a personas naturales y jurídicas”. Zerpa dio una declaración que demuestra cuáles son las verdaderas intenciones del gobierno: Los bancos “solo podrán recibir divisas para el cambio, pero no podrán vender divisas”.

En pocas palabras: Maduro quiere que le entregues tus dólares, pero no te los va a vender. La idea es que todo el que tenga divisas norteamericanas en el exterior las traiga y las cambie en Venezuela. Pero quien quiera comprar dólares tendrá que buscarlos en otra parte porque el gobierno no se los venderá.

“Estamos creando un esquema que dará condiciones necesarias para que todos los sectores puedan introducir las distintas divisas en nuestra economía. Ahora las divisas que se transan en el país son de las personas naturales y jurídicas”, manifestó Zerpa. El ministro de Economía, aclaró, para que no haya dudas, que las instituciones bancarias “no podrán vender divisas”.

“Toda la banca nacional, pública o privada, puede recibir divisas del menudeo para cambiarlas a bolívares soberanos a personas naturales, nacionales o extranjeras”, dijo en rueda de prensa el ministro de Comunicación e Información, Jorge Rodríguez.

Pero unas pocas horas después, Andrés Eloy Méndez, presidente de la Comisión de Economía de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), dijo de manera clara y contundente que “el Estado no figurará como proveedor en las nuevas subastas del Sistema de Divisas de Tipo de Cambio Complementario Flotante de Mercado (Dicom), dado que sus nuevos términos los determinará el mercado privado”.

A buen entendedor, pocas palabras: habrá subasta dos o tres veces por semana, pero los dólares que se subastarán no serán los del gobierno, sino los que hayan vendido los particulares, es decir, los ciudadanos de a pie que reciban divisas desde el exterior, vía remesas, y los vendan a las Casas de Cambio o a los bancos públicos o privados. O sea: el gobierno responsable de que tu hijo (o tu hija) se haya ido del país a trabajar en el exterior, ahora quiere que los dólares que te manda tu familia se los vendas a él. ¿Qué tal?

En entrevista concedida al programa Al Aire, transmitido por Venezolana de Televisión (VTV), Andrés Eloy Méndez, señaló que “el cambio único fluctuante de divisas, que comenzará a regir a partir de esta semana, se marcará entre la oferta y la demanda entre sectores privados”.

Para que nadie diga que no se lo dijeron, Méndez sostuvo que “el problema era que el único rol del Estado era ser proveedor de dólares, ahora los proveedores serán los privados. El papel del Estado será ver el origen, el uso y el destino de las divisas”.

Así las cosas, el paquetazo rojo de Maduro ha quedado al descubierto: el ex chofer del Metro de Caracas no se ha vuelto neoliberal, no ha traicionado sus principios comunistas y revolucionarios y, por el contrario, sigue estando convencido de que su revolución es el camino hacia el mar de la felicidad. Pero, como en los actuales momentos no hay dinero, no hay divisas, no hay dólares, ni rupias, ni euros, ni pesos con qué mantener a flote este arroz con tamarindo que llaman pomposamente socialismo del siglo XXI, pues toca dar una voltereta táctica y estratégica para buscar esos churupos de dónde sea.

Maduro lo que quiere son dólares. Su gobierno tiene compromisos muy duros que cumplir en materia de deuda externa, antes de que se termine el año 2018. Venezuela debe pagar desde agosto y hasta finales de este año un total de $5.386.440.033 de dólares por concepto de deuda externa.

El gobierno de Maduro anunció en noviembre de 2017 su intención de iniciar una negociación para reestructurar la deuda del país, después que en años anteriores pagó sus compromisos de deuda puntualmente. Pero desde comienzos de 2018, el gobierno ha sufrido para poder hacer frente a sus compromisos financieros. Inversionistas consultados por Reuters dijeron temer que el Gobierno de Venezuela incumpla  el pago de unos 1.100 millones de dólares en intereses y capital por el vencimiento de dos de sus bonos, manteniendo la tónica de los primeros siete meses de este 2018.

Maduro ha intentado afanosamente conseguir dinero fresco a través de China y Rusia. Pero los gobiernos aliados de esos dos países parecen no estar dispuestos a entregar más recursos a la revolución. Al mismo tiempo, los bancos extranjeros le han cerrado el crédito al país tras acumular atrasos por 4 mil 500 millones de dólares en el pago de la deuda externa y por el impacto de las sanciones de Estados Unidos.

El 8 de agosto de este año, vencieron los intereses por los Cupones Venz31 por $250.950.000; el 15 de agosto, vencieron los intereses por los Cupones Venz18 (13,625%) por $71.722.749. Ese mismo día también venció la fecha de ese título por el cual se deberá pagar $1.052.811.000. El 17 de agosto vencieron los intereses por los Cupones del Pdvsa22 por $191.2150.000 y el 23 de agosto vencen los Cupones del Ven22 por 191.250.000 dólares. Maduro está en Default.

Ahora ya lo sabes: Maduro necesita tus dólares. Sin tus divisas la revolución no podrá sobrevivir. Cada vez que cambies o vendas uno de tus dólares en las Casas de Cambio o en los bancos de Venezuela, sin querer queriendo, como decía el Chapulín, le estarás dando oxígeno a la revolución socialista que ha hundido a nuestro país en la miseria, el hambre y la destrucción. Sin tus dólares (y sin tus bolívares) la revolución estará condenada a muerte.




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