La idolatría del poder 

El poder debe estar al servicio del bien común, y no el bien común al servicio del poder. En el primer caso, el poder puede ser benéfico para la generalidad. En el segundo, sólo se favorecen los mandoneros del poder a costa de la destrucción política, económica y social. A costa de la destrucción del bien común.
Cuando el poder se convierte en un dios, más allá de las  ideologías, entonces  se le adora con la máxima expresión de la miseria humana. Cualquier medio se valida con tal de que contribuya a la continuidad del poder.
Es el poder como ídolo exclusivo y excluyente. Es la imposibilidad de que surja algo positivo de semejante aberración. En el mundo, el poder como idolatría no es la norma, pero mucho menos la excepción.
La adoración del poder por el poder mismo es uno de los peores males que azotan a la humanidad. Y vaya que si abundan éstos. Lo más ruinoso es la personificación del poder en un supuesto líder que, tarde o temprano, tendrá consecuencias devastadoras.
La idolatría del poder se controla o evita con una democracia pluralista, vigorosa en instituciones independientes y guiada por valores trascendentes. Eso es lo que deseamos y por lo que no nos cansaremos de luchar.

 

¿Quieres recibir nuestros titulares diarios, matutinos y vespertinos?
Únete a nuestro canal de Telegram
https://t.me/titularesec

O a nuestro grupo de whatsapp
https://chat.whatsapp.com/E55qyLa9mGw2hNNrN32r1b
Con gusto te los enviaremos

Únete a nuestros canales en Telegram y Whatsapp. También puedes hacer de El Carabobeño tu fuente en Google Noticias.

Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

Newsletters

Recibe lo mejor de El Carabobeño en forma de boletines informativos y de análisis en tu correo electrónico.

La idolatría del poder 

Fernando Egaña
Fernando Egaña
[code_snippet id=10 php format]