El año 1991, Nelson Mandela visito Venezuela y estuvo un par de días en Valencia, donde recibió el doctorado Honoris Causa de nuestra Alma Mater, la Universidad de Carabobo. Como era natural, fue igualmente reconocido por el Gobierno de Carabobo con su más importante condecoración y fue huésped del gobernador, junto con su esposa Winnie:
Mandela fue alojado, como correspondía, en una suite del Hotel Intercontinental. El gobernador Henrique Salas Romer, le ofreció allí un almuerzo y tuvo la gentileza de invitarme, junto con Asdrúbal González, Secretario de Cultura y Jacobo Salas Romer, su hermano. De manera que fue un almuerzo íntimo e inolvidable.

En un momento antes del almuerzo, Mandela observaba por una de las ventanas, los aledaños del hotel que está enclavado en una muy verde localidad de la ciudad. Enfrente hay un campo deportivo y a los lejos, se observaban unos niños practicando béisbol. Me le acerque y de inmediato me pidió que le explicara brevemente, como se jugaba aquel deporte, que sin duda alguna está emparentado, con el cricket que los británicos llevaron desde Inglaterra hasta su Suráfrica natal.

Menuda tarea. Ya es difícil explicar en español, como se juega al béisbol. Hacerlo en el idioma más hablado del mundo que es el inglés mal hablado (así lo dice García Márquez) fue una tarea titánica.

Le advertí que se necesitan años para entender bien el juego, pero sobre todo para comprender sus reglas, la manera como se anotan las jugadas y sobre todo la estrategia. Político portentoso como era, me hizo detener en la estrategia. Le expliqué, y escucho interesado, que a diferencia del fútbol y el basket que son deportes dinámicos con la pelota siempre en movimiento, el béisbol permite pausas y dialogo, entre los jugadores y el manager, para ajustar las jugadas. También le interesó mucho la analogía del béisbol con el ajedrez.

No obstante, su sorpresa e interés aumentaron cuando le explique que en este deporte se permitía “robar” una base que no te había correspondido en la jugada con la que te embasaste. Para un venezolano que sabe jugar truco, un juego de cartas donde se pueda hacer trampas “legalmente”, es, obviamente, mucho más fácil entenderlo que para un surafricano que hereda las flemáticas tradiciones deportivas de la Gran Bretaña. Aun así, trate de explicarle en qué consistía. Le divirtió mucho al punto que al despedirse me dijo: “Me encanto lo de robar bases”

Es sobre el robo de base donde queremos detenernos. Luis Aparicio, nuestro Hall de la Fama, e insigne maestro de este arte peloteril, decía con muchísima propiedad: “la base no se le roba al cátcher, la base se le roba al pitcher”. En efecto, esta jugada es básicamente de sorpresa. Es una incidencia que el cátcher está viendo de frente, de manera que a él no es fácil sorprenderlo. El pitcher es quien da la espalda al corredor. Si éste es hábil, se puede situar en la “zona ciega” del lanzador, puede estudiar sus movimientos y pegar el brinco inicial que es el más importante. El cátcher puede tener buen brazo, y eso es una desventaja para el corredor; pero cuando tira a la base, ya el 80% de la jugada esta consumada.

En Venezuela, un país de jugadores de truco y de grandes robadores de base, no es fácil entender como nos ha sido complicado “cogerle el tiempo al pitcher”. La oposición ha pasado mucho tiempo pendiente del cátcher y no del pitcher. Sus posiciones se han hecho extremadamente previsibles y por ello, cada vez más, perdemos opciones para jugar por el banderín de la Liga. Pareciera que nos conformamos con participar en la ronda eliminatoria y la inercia termina gobernándonos. Muchos jugadores se sienten bien en su “zona de confort”, bateando el average promedio de .250 y esperando la próxima temporada con la esperanza puesta de quedar en el roster.

En muchas notas anteriores, hemos hablado de la importancia de las emociones en la política y como tocar la tecla adecuada con políticas, imágenes, iniciativas, puede obrar el prodigio de volver a movilizar las conciencias.

Hoy día, lograr esto es capital para la oposición. Es necesario volver a lograr las fotos de la unidad; es necesario volver a poner en la agenda propuesta políticas que nos devuelvan la iniciativa y el entusiasmo. No es verdad que, porque la gente esté en modo supervivencia, deje de luchar. De hecho, las grandes convulsiones sociales que han logrado trasformaciones de calado, suelen lograrse en medio de penosas condiciones sociales y políticas.

Entonces, hay que dejar de ser tan previsibles y tan apostadores a que las cosas se arreglen solas. Maduro (lo hemos anotado muchas veces) es una ínfima minoría en el país. Su poder depende solo de la fuerza (que no es poco) pero se beneficia de su capacidad de dividirnos y de negociarnos al detal.

Hoy, estamos en un momento privilegiado de sorprenderlo. De regresar a un planteamiento audazmente unitario.

Es del domino público que nuestros aliados internacionales, propician una nueva ronda de negociaciones. Vamos a aprender de los errores de antes y agudicemos la inteligencia, saliendo de allí y, entre nosotros, con un acuerdo que no se esperen; que nos permita sorprenderlos; que los deje con la bola en la mano y a nosotros con un corredor más cercano al home, con la carrera del triunfo.

No es tan difícil, como para robar la base, solo hace falta decisión, jugar caribe, un manager con confianza en su corredor y un buen brinco cuando el pitcher inicie el “windup”.

Nota Bene: Al concluir estas líneas, Juan Guaido ha comparecido ante los medios y ha abierto el camino para una jugada audaz. ¡Acompañémosle!




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