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Las notas de prensa que reseñaron el proyecto de acuerdo aprobado por la Cámara de Diputados de Chile para exhortar a la Organización de Estados Americanos (OEA) a que active los artículos 20 y 21 de la Carta Democrática Interamericana, que suspendería a Venezuela como miembro del organismo, coinciden en subrayar el hecho de que la iniciativa contó con el apoyo de “una amplia mayoría” de los parlamentarios chilenos.

Efectivamente, 78 legisladores suscribieron el acuerdo; 18 se abstuvieron y 5 se negaron a suscribirlo. A pesar de que durante la discusión se debatió sobre la detención del diputado venezolano Gilber Caro, persecución que, tal como ha expuesto el respetado profesor de Derecho Penal, Alberto Arteaga Sánchez, no solo viola la inmunidad, sino que revela una discriminación repudiada por todos, puesto que el diputado Caro es expresidiario, a pesar, decíamos, de que se acababa de exponer esta ominosa violación de la inmunidad parlamentaria en Venezuela, hubo cinco colegas chilenos de Caro que votaron NO a la iniciativa de movilizar los instrumentos jurídicos internacionales para poner freno a la persecución política perpetrada por una dictadura militar que ha destruido la economía de este país y condenado a las masas venezolanas a espantosas penurias.

¿Esto lo ignoran los diputados chilenos? ¿Desconocen que, siempre según Alberto Arteaga, en el caso del diputado Caro se ha lesionado no solo la dignidad de un ser humano, sino la del pueblo que lo eligió; y que en su arbitraria privación de libertad hay delito de violación de convenciones sobre derechos humanos? ¿Están desinformados con respecto al hecho de que lo ocurrido con Gilber Caro es muestra palmaria de la crueldad y deshumanización de un régimen que no descansa en sus violaciones a los derechos humanos y en sus esfuerzos de opresión por todos los medios al pueblo de Venezuela?

Es imposible. No pueden estar desavisados de la tragedia que abruma a Venezuela. Y, sin embargo, hubo 18 diputados chilenos que prefirieron callar; y hubo cinco que se negaron abiertamente a sumarse al gesto de solidaridad de la mayoría. Se trata de Karol Cariola O., Daniel Núñez A., Lautaro Carmona, Hugo Gutiérrez G. y Guillermo Teillier, todos del Partido Comunista de Chile. De hecho, constituyen la bancada en pleno, con la excepción de Camilo Vallejo, quien optó por la abstención.

Es el mismo Partido Comunista de Chile que en diciembre de 2011 envió una nota de condolencia a Corea del Norte por la muerte del “compañero Kim Jong Il”, firmada por Guillermo Teillier, presidente de la organización y diputado al Congreso. Su nombre no solo está al pie de esta misiva sino entre los que firmaron contra el acuerdo para activar la Carta Democrática a Venezuela.

Entonces como ahora, el Partido Comunista de Chile se solidarizó no con los ciudadanos sino con un régimen dictatorial, que viola sistemáticamente los derechos humanos.

Para ustedes, señores del PC de Chile, los muertos de un régimen militarista de izquierda, bien muertos están. Y los niños que se desmayan o directamente mueren de hambre, a causa de las deshumanizadas políticas que han arrojado a un país entero a la inanición, bien sacrificados están si su martirio se ha hecho en nombre del proletariado. Los presos políticos, los torturados, los perseguidos, los miles de exiliados (muchos, por cierto, en Chile, país al que agradecemos profundamente su generosidad al recibirlos), bien mortificados están si sus verdugos visten de rojo. La colosal corrupción perpetrada por los jerarcas del régimen, bien hecha está si los recursos arrebatados a los obreros, campesinos y estudiantes ha ido a engordar las arcas de quienes se llaman comunistas.

Su indiferencia ante los incontables males que Hugo Chávez, Nicolás Maduro y sus chacales han volcado sobre Venezuela no deberá olvidarse ni ser atribuida a los delirios propios de su ideología. Su apoyo acrítico a los sátrapas los convierte en sus cómplices. Ustedes son también verdugos de Venezuela.

Es muy triste. Cultivan ustedes una adhesión criminal contra un país que en su momento los acogió, protegió y apoyó. Las mayorías venezolanas persisten en su anhelo de libertad. Cuenten con que siempre tendrán en ellas un refugio cuando, no lo quiera Dios, llegaran a necesitarlo.




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