Cuando los hijos se van del país o del estado los adultos mayores, por lo general, quedan en situación de vulnerabilidad. Más allá del envío de dinero, es poco lo que pueden hacer para ayudarlos. Este es el caso de Doris Rodríguez, una anciana de 79 años residente en la urbanización La Caracara, en el municipio San Diego, donde asegura ser víctima de olores tóxicos que afectan su vista, garganta y le producen malestar en todo el cuerpo.
Es un reclamo que mantiene desde hace tres años contra los vecinos con quienes comparte pared. Los olores comenzaron hace cuatro años y un año después ella empezó a sentir que su cuerpo se estaba afectando. Desde entonces ha recorrido las sedes de la Policía Nacional Bolivariana y de Carabobo, en San Diego; Atención al Ciudadano en la alcaldía, la fiscalía y la Defensoría del Pueblo, en Carabobo. También los jueces de paz. Nada ha pasado.
La anciana asegura que en casa de sus vecinos limpian partes de motor con productos muy fuertes, tóxicos, que se meten en su casa y la ponen a llorar y a toser. Tres años después sigue con el mismo problema, enferma y señalada de ser una "persona conflictiva".
En la calle donde vive Doris Rodríguez hay seis viviendas a cada lado, algunas vacías. Justamente, las casas de Doris y su vecino están entre dos que están desocupadas en estos momentos. Cree que por esta razón ella es la más afectada, pues sus casas pegan pared con pared.
"Cuando prenden el compresor para limpiar las piezas el olor se mete en mi casa de inmediato". Pero asegura que no siempre usan este aparato y que por lo general se percibe la emanación de sustancias tóxicas en horas de la noche y, muchas veces, de madrugada. La anciana tiene un pequeño aire de ventana que recicla el aire, por lo que su cuarto se llena de los fuertes olores que la despiertan cuando comienza a toser y se le dificulta la respiración. Dormir para ella se ha vuelto un lujo pues asegura que los trabajos los hacen entre 11:00 de la noche y 5:00 de la mañana.
En la casa de Rodríguez hay récipes, en especial de antialérgicos y antiinflamatorios, que le recetan en el CDI más cercano. Es lo que le alivia momentaneamente el ardor y las dificultades para respirar. Pero ya los médicos le advirtieron que tiene que aplicarse un tratamiento, que implica una limpieza profunda en los ojos, pero tiene un costo de 600 dólares, de los que la anciana no dispone. También están afectadas la piel que sufre erupciones, las adenoides, y su tensión arterial que se eleva sobre 220-160, según informó.
Por fortuna, además de sus hermanos del culto, al que asiste cada domingo, Rodríguez tiene buenos vecinos que están pendientes de ella. Son los que la llevan al ambulatorio cuando los tóxicos la aturden y con quienes ha entablado relaciones de amistad basadas en el apoyo mutuo.

Se irritan las mucosas y duele la cabeza
Martín Ramos es vecino de Las Caracaras y vive en la última casa de la misma acera de Doris Rodríguez. El ha percibido eventualmente olores muy fuertes, penetrantes, irritantes, que dejan un ardor en la garganta y en las fosas nasales y le generan dolor de cabeza. El 6 de octubre se quejó en el grupo del condominio. "Llevo semanas percibiendo en diferentes horas del dìa un olor penetrante, que no es el olor normal de cloacas. Es un gas tóxico que sale por los inodoros de los baños y fregaderos. Este gas me irrita las mucosas nasales y me da dolor de cabeza".
Ramos trabajó en Pdvsa Gas. Por sus conocimientos previos, aseguró que no se trata de un olor clásico de cloacas, metano o materias en descomposición. "Esto es un olor abrasivo, corrosivo, erosivo, un olor químico fuerte, que desaparece rápido pero que hace mucho daño, es muy irritante".
El vecino explicó que no aparece con las lluvias, que podrían alborotar los olores, ni en época de sequía. Es eventual, no hay un día ni una hora específica, puede ser de mañana, en la noche o en la madrugada.
Ramos, que también ha sentido la irritación en ojos y garganta, le recomendó a la señora Doris que apenas lo perciba abra las ventanas para que salga, porque dura poco tiempo pero a pesar de ello irrita mucho. "Yo puedo decir con propiedad que sí existe ese olor. A mi me echa a perder el cuerpo un rato, es un olor penetrante, se parece al amoníaco, que es fuerte y me pega mucho. Dura poco pero irrita mucho y hace doler la cabeza. Cuando aparece salgo a la calle y si tengo leche me la tomo, pero me queda la irritación y los ojos llorosos.
Ramos lo notificó en el condominio y la respueta fue que hay vecinos que preparan productos de limpieza en la urbanización. "Pero esto no es cloro, legía ni ninguno de esos olores. Esto es algo distinto". También le dijeron que extrañamente la única persona, además de Ramos, es la señora Rodríguez; le señalaron que a la urbanización ha ido la policía, la guardia, Ministerio del Ambiente y no han conseguido nada"
Los vecinos que viven en la cuadra de atrás no han sentido los olores. El Carabobeño consultó a quienes comparten paredes traseras con las casas y negaron haber sido afectados por alguna emanación.
Nosotros no olemos nada
El Carabobeño intentó conversar con el propietario de la casa, pero se informó que no se encontraba en la ciudad. En su lugar, su hijo, David Pirona, accedió a la entrevista. El vive en la casa señalada, la cual comparte con su esposa, su hija y sus padres. "Siempre dicen que huele a químico pero nosotros no olemos nada de eso. Tampoco podríamos tener tóxicos aquí porque tenemos una niña de 2 años y eso le haría daño".
Pirona aseguró que nunca han utilizado tóxicos en la casa. "Lo más fuerte es el jabón para lavar la ropa". También negó que su papá tenga un taller mecánico en la casa y afirmó que a su progenitor sus conocimientos de mecánica le permiten cambiar un caucho o la batería, pero no más
Aquí han venido policías, militares, funcionarios de la alcaldía y a todos los dejamos entrar, destacó. Ninguno ha encontrado nada."Los policías al principio dijeron que era una denuncia anónima, pero después señalaron a quien la hizo. Mi papá intentó hablar con la señora pero no se pudo".
Consultado sobre los comentarios del vecino que experimentó los olores, dijo que no tienen conocimiento de lo que se difundió en ese grupo del condominio, al que no pertenecen. "Aquí hay personas que venden productos de impieza, no se si eso les afectará pero está a dos cuadras de aquì".
Yo trabajo todo el día y llego a la casa a las 3:00 de la tarde con mi hija y con ella no se pueden tener olores fuertes, aseguró Pirona. "Aquí puede venir quien sea, no es aquí, no se si es de la parte de atrás de la urbanización o son los olores de San Diego. Nosotros tenemos trece años viviendo aquí, pero el problema del químico empezó hace como dos años. La verdad no sé por qué empezó".
Tabaco y amoníaco
El Carabobeño conversó con otros dos vecinos que prefirieron no identificarse. Uno aseguró que en una oportunidad sintió un olor fuerte que les irritó. No les afectó más pues viven lejos de las casas involucradas en el conflicto.
La otra personas aseguro que no se trata de productos tóxicos para la limpieza de repuestos, sino de otros utilizados en prácticas ritualistas. "Se fuma mucho tabaco y se hacen prácticas que involucran tóxicos como el amoníaco, que es muy irritante. Eso lo hacen a distintas horas, pero sobre todo de noche y de madrugada".
La señora Doris Rodriguez es persistente en sus reclamos. Eso le ha ganado alguna enemistad, en particular de miembros del condominio, según asegura. Afirmó que solo uno de sus integrantes trató de ayudarla. En una oportunidad una de las encargadas del condominio llevó a funcionarios de la PNB a la urbanización y uno de los funcionarios la acusó de ser una malviviente. Un representante de la Alcaldía de San Diego le recomendó que buscara apoyo de familiares o hermanos del culto para que la acogieran porque está muy sola. "Yo no me puedo ir de mi casa, es lo único que tengo".
El Carabobeño intentó conversar con algún integrante del condominio, pero se informó que una de ellas está fuera del país y la otra no estaba en su casa al momento de la visita.
Un problema vecinal
No hay evidencia de que haya una actividad comercial en esa casa, afirmó Chiquinquirá Cabrera, presidenta del Instituto Autónomo de Función, Mantenimiento y Conservación Urbana Ambiental del municipio San Diego (Funcosandi). "El año pasado recibimos, y verificamos, una denuncia proveniente de esa persona. Este año, a través de Dieguito, nos volvió a llegar la denuncia y volvimos a verificar, pero no conseguimos nada que evidencie que allí funciona un taller, porque ese es un trabajo cuyas huellas no son fáciles de ocultar".
Como institución, para poder determinar que hay una contaminación ambiental tiene que haber una exposición por largo tiempo que afecte a un grupo de personas, dijo la funcionaria. "Conversamos con vecinos de la parte de atrás y no perciben estos olores".
Cabrera reconoce, no obstante, que las investigaciones siempre son necesarias porque a veces pasa que las personas ponen una cara que no es la real.
En torno a la señora Doris Rodríguez, cree que es una persona con déficit de atención, que está sola y no tiene con quien conversar y que a lo mejor percibió un olor a cloro que la pudo perjudicar. Afirmó, sin embargo, que elevarán el caso a la dirección de Desarrollo Social para que un promotor la visite. "No vamos a abandonar el caso, pero ya como ambiente no podemos determinar que haya contaminación".
En La tercera visita a la urbanización Las Caracaras para realizar este trabajo se sintió un fuerte olor dentro de la casa de Rodríguez. Ella informó que el compresor habia sido prendido cerca de las 4:00 de la tarde y a las 5:00 cuando se realizaba la entrevista, aún se percibía. Como ella dice, duelen las fosas nasales, los ojos y la cabeza.
Doris Rodríguez pidió al fiscal General de la Nación, Tarek William Saab, que investigue su caso. Teme que los tóxicos le ocasionen daños irreversibles a su salud.









