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Si uno ve y oye sus cadenas, y yo lo hago con bastante frecuencia no por masoquista sino para obtener material para escribir mi paraninfo, no logra entender quién lo asesora, quién le suministra los datos, dónde se informa. A veces pienso que, como muchos creen, hay íntimos que están interesados en hacerlo pasar por estúpido o despistado. Otras veces creo que es que solo ve el canal 8, Venezolana de Televisión, el canal de todos los venezolanos, donde se pinta un país mucho más allá del de las maravillas o del mar de la felicidad. Algunos mal pensados sin embargo aseguran que es que él nació así. Que sigue creyendo en pajaritos preñados, sobre todo de aquel pajarito que se le apareció después que el teniente coronel felón, partió en su viaje sin retorno. Qué piensa que el tal muro ese de Berlín todavía está en pie, que la URSS existe y que la revolución cultural de Mao sigue vigente. Es que no puede ser de otra para que un sujeto, un tipo, que desempeña tan alto cargo, es decir primer magistrado de un país diga, proponga y haga tan disparatadas cosas. Además de hacer el ridículo ante sus copartidarios, sus amigos, sus enemigos, el mundo entero, la Colonia Tovar y parte de Paraguaná.

Claro que ello no fuese importante o relevante si no estuviese en juego la salud de la república. Y es que si su padre putativo le entregó un país bien comprometido, en condiciones precarias, en una sala de emergencia, sus actuaciones u omisiones, lo metieron en una UCI, terapia intensiva y con pronósticos reservados. Para algunos que está en coma inducido. Y no vale la pena referirnos a los indicadores macroeconómicos, a los microeconómicos, a la inflación, la escasez, la inseguridad, la corrupción, el narcotráfico gubernamental y uniformado, la ruptura de la institucionalidad y estado de derecho, la violación flagrante a la constitución, que a estas alturas ya son lugares comunes. Es la calle Nicolás, es la gente común y corriente vale, que no tiene ni qué ni cómo adquirir, (o será adquerir?), los bienes necesarios para subsistir, y no se diga chico de las medicinas. La gente camarada a quienes le han matado, secuestrado, violado, herido, desaparecido a un familiar, amigo o conocido. O las atrocidades y ajusticiamientos de las OLP compinche. O la cantidad de presos políticos, privados de libertad por el solo hecho de serlo. El atropello a periodistas. Los disparates diplomáticos en los que ha incurrido su gobierno. Su falta de sindéresis al tratar asuntos de Estado. Su lenguaje soez, escatológico, las mentadas de madre a los opositores. Sus bailes, bien chimbos por cierto, con la primera combatiente en cadena nacional, cada vez que hay una desgracia o cuando el pueblo está pasando una situación difícil. Usted parece que se cree gracioso, que se la está comiendo, pero mire está muy, pero muy lejos de ello. Está poniendo la torta pero una torta hecha de excremento. Piense, así le cuesta trabajo, recapacite, ponga los pies sobre la tierra. Si realmente nació aquí y quiere este terruño, renuncie. No le haga más daño a Venezuela. Hasta el difunto y Diosdado se lo agradecerán.   

 

 




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