El sancocho de Patanemo como mecanismo para salir de la crisis e impulsar el turismo

Para que Patanemo tenga herramientas para salir adelante, Mamá Zory propuso que el sancocho fuera 100% hecho en Patanemo, o lo que es lo mismo,, "meter el paisaje en la olla"
Fotografía: Armando Díaz.

Patanemo lleva varios años deseando que los tiempos mejoren. Esto es una referencia ante el recrudecimiento de la crisis. Los trabajadores de la zona, sin embargo, encontraron en sus raíces una forma de levantarse y que el país ponga los ojos en ellos.

Esa respuesta la encontró Zoraida Barrios, una chef conocida popularmente en la región como Mamá Zory. Ella, consciente de la realidad de comerciantes y productores de Carabobo, ideó el Festival del Sancocho.

Son seis ediciones de esta fiesta gastronómica que se realiza en Patanemo y es parte de un plan mayor. Barrios explicó a El Carabobeño desde la icónica playa porteña que de momento ambiciona diez ediciones, porque es en diez años que una tradición se permea en la sociedad. "Le haces un seguimiento, luego de ese tiempo el sancocho se queda ahí. Se vuelve una marca que echa raíces y es imposible modificarla. Es la herencia que queremos dejarle a esta gente".

Fotografía: Armando Díaz.

Ella habla de los oriundos de Patanemo que han dedicado su vida a atender turistas de todas partes del país.

Pero, el meollo del asunto no recae en preparar cualquier sancocho. Para que Patanemo tenga herramientas para salir adelante, Mamá Zory propuso que el sancocho fuera 100% hecho en Patanemo. Esto en palabras textuales de la chef es "meter el paisaje en la olla".

La propuesta consiste en que todos los quiosqueros interesados en competir deben preparar su sancocho pero con productos de Patanemo. "Eso es lo que crea las características específicas del platillo y le proporciona identidad, queremos que eso sea registrado".

Fotografía: Armando Díaz.

Mama Zory actúa como una mujer visionaria y para realizar el evento se ha aliado con empresas poderosas y caritativas. Lo hace porque es consciente de que muchos de los prestadores de servicio no tienen dinero para cubrir elementos básicos que en países desarrollados pueden ser cubiertos sin problema. Un ejemplo de esto es la pintura de los establecimientos. "Aquí hablamos de una comunidad con muchas necesidades".

Con este apoyo también ha logrado que a varios quioscos les instalen internet, pero siguen faltando cosas. Aunque Barrios no especifica, ella hace hincapié en que hay ciertas fuerzas que deben unirse y que si no apoyan todo se complica. Una de las grandes necesidades es un transporte turístico, para que la gente pueda ir a comer sancocho y, además, disfrutar de todas las bellezas que ofrece la bahía.

Fotografía: Armando Díaz.

Patanemo no se encuentra en una zona propiamente de fácil acceso. Sin vehículo se queda a merced de transportes públicos con horarios muy marcados o mototaxistas que lleguen hasta el sitio.

Sobre el festival, este año hubo 18 participantes, lo que demuestra que en cada edición el interés crece. En parte por un apego a la tradición y en otro porque la idea de reimpulsar Patanemo ha calado. Hay publicidad de por medio y periodistas en la zona que ayudan a redimensionar la tradición.

Para causar mayor impacto se convoca a un jurado compuesto por chef y personalidades influyentes del país, quienes evaluaron elementos como textura, sabor, densidad, originalidad y olor.

Fotografía: Armando Díaz.

Pero, lo que ocurre alrededor del sanchocho es también una muestra de identidad. "La gente se pega a este jurado y el local es tan noble que va con un vasito y le da de probar a todos. Ahí es donde ves que esto es una fiesta culinaria en la que todos participan".

De ahí que el periodista y experto en turismo Eduardo Monzón, quien ostentó el cargo de presidente del jurado, opine que eventos como este son poderosos y transversales. Por un lado, por la visibilidad que aporta; y por otro porque la comunidad se vuelve protagonista. "Ellos son el rostro de esta tierra y así muestran sus capacidades que a la vez cuentan una historia, la historia de su vida".

Las recetas que terminan transformadas en platillos humeantes son en buena parte el legado de familias que llevan en la zona generaciones. Es este elemento ancestral el que lleva a Monzón a recalcar que en Patanemo se da una gastronomía 0 kilómetros. Esto hace referencia a que lo que se cocina cuenta con productos exclusivos del lugar. De hecho, esa es una de las reglas, porque en palabras del periodista "Posiciona a la marca turística de Patanemo".

Fotografía: Armando Díaz.

Eso es precisamente el ADN de Patanemo, dice Zoraida Barrios. Que el sancocho se haga con verduras oriundas de la zona como la yuca, el ñame y el ocumo y no con jojoto que viene de los valles altos de Carabobo. "Tenemos una despensa de mar y otra en el bosque. Ahí hay crianza porcina, de ave y de res. Entonces confluye todo".

Esta idea la entendió bien Michelle Mendoza. Ella es la dueña del quiosco La Bokaina y no solo es la campeona de la edición de 2026, sino la bicampeona. Lo curioso es que ella no tiene sus orígenes ni en Patanemo, ni en Carabobo, pero su sancoho es el mejor de la zona.

Aunque es una extranjera, la cultura de Patanemo la abrazó 20 años atrás cuando su cuñado la llevó a conocer la bahía. "En esa época yo solo conocía La Guaira y Morrocoy, pero la vida me cambió cuando llegué aquí".

Era cliente asidua del mismo quiosco que hoy regenta. Cuando el antiguo dueño vendió, ella vio una oportunidad y así echó raíces.

Fotografía: Armando Díaz.

Ahora no solo está sembrada en Patanemo sino que ha entendido lo que representa una tradición culinaria con su sancocho de carite. "Si funcionó la primera vez, pensé que había que repetir y se logró".

Ella no puede creer que ganó, los ojos se le enrojecen y casi suelta unas lágrimas. Se conmueve porque para ella Patanemo es su vida y esa playa la compara con las olas que suben y bajan. "Estamos rescatando una tradición que se ha perdido. En parte por la poca afluencia y porque no hay ventas suficientes ni de sancocho, ni de foforeras, ni de sopas".

La iniciativa para la campeona representa un llamado de unión. Más allá de vencedores, los 18 concursantes entienden que sobre los trofeos el premio real es que el país vea que su sancocho es un emblema de turismo rico y tentador para conocer e invertir.

Fotografía: Armando Díaz.

Mendoza arrojó en su caldero toda la tradición. "Es un sancocho de carite macerado. Eso viene con cebollín ajoporro, ajo, mucho ají y eso se macera 24 horas. Previamente se hierve la cabeza del carite y después que se saca ese fumé del carite se le coloca el resto del pez y las verduras de patanemo, como ñame, ocumo y yuca. Cuando se sirve se toma una rueda de carite macerada, que se asa con muy poco aceite, se trocea de forma que no tenga las espinas y se sirve".

A la ganadora le duele que la crisis en Patanemo se haya vuelto una realidad constante y extremadamente palpable. Está clara en que el gran problema de Patanemo sigue siendo la educación. Ella cree que es necesario tratar este elemento para que la zona crezca y despegue más allá de un destino de playa.

No obstante, los números preocupan y por eso festivales como el del sancocho cobran sentido. La crisis sobrevive a las temporadas, una realidad que ya era visible incluso a finales de 2024. De hecho, en el quiosco Mi Bahía ven el nacimiento de la crisis desde 2014. Desde ahí los dividendos se han venido abajo.

Fotografía: Armando Díaz.

Los precios, en su mayoría, van desde los 15 dólares en adelante. Un plato básico parte de ese precio y rinde para dos personas. Los dueños de negocio admiten que antes la gente gastaba más dinero e invertía sin problemas en el turismo. Solo para poner en perspectiva, varios quiosqueros aseguraron que en un fin de semana en 2014 se vendían unos 40 platos como mínimo, pero ahora como mucho llegan a 10.

Es por estas cifras que los de Patanemo y personas como Mamá Zory ponen tanta fe en el Festival del Sancocho. Quizás sea una llave para abrir la puerta que lleve a ese tiempo de bonanza soñado y que, como dice Michelle Mendoza, "podamos disfrutar de esa buena ola".

Este sancocho busca generar sentido de pertenencia y que Patanemo quede grabado en el sabor de cada platillo, creando una propuesta turística de valor

Fotografía: Armando Díaz.

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Fotografía: Armando Díaz.
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